Juan Carlos Viloria-El Correo

  • A los hijos y nietos de exiliados ya no les ha alcanzado la polarización de la España actual

La llamada ‘ley de nietos’ que otorga el derecho a la nacionalidad española a los descendientes de exiliados, por razones políticas o ideológicas, derivada de la Ley de Memoria Histórica, ha acabado en un enfrentamiento político-jurídico que parece reproducir, 87 años después el final de la guerra civil, los bloques políticos del conflicto. Unos sospechan que se ha convertido en un instrumento para perpetrar un fraude electoral inflando el censo y otros que las derechas quieren privar a los nuevos españoles del derecho al sufragio. Es desolador.

Después de la reconciliación, la Constitución del 78, la amnistía, la democracia, España, despierta sus antiguos demonios de la polarización. No se sabe que fallará el Tribunal Supremo, pero sea cual sea la resolución sobre el derecho a voto de los nacionalizados en base a la llamada «presunción de exilio», lo de los nietos se convertirá en ‘casus belli’ para próximas las elecciones generales e incluso con los resultados en la mano, argumento de descalificación y deslegitimación de unos contra otros. Lo cierto es que, voten los que voten, desde el exterior siempre se podrá argumentar que lo harán sin que les afecte directamente el problema de la vivienda en España, asunto clave que tendrá mucho peso a la hora de ir a las urnas entre los que estamos censados en el territorio nacional. Ni les preocupa la precariedad de los autónomos o de los fijos discontinuos. Sabrán de oídas de los casos de Ábalos y Koldo y les sonará a chino lo de la «danza de las chirimoyas» del hermano inhabilitado de Pedro Sánchez. A Álvaro García Ortiz, puede que lo relacionen un delantero del Getafe, en lugar del Fiscal General condenado y, la amnistía a los sediciosos ‘indepes’, que el candidato socialista de 2023 prometió en campaña no aprobar, quedará con un recuerdo borroso de la historia. El derecho a la eutanasia no les aflige y la falta de Presupuestos Generales o la invasión de Ceuta y el abandono de los saharauis a su suerte tampoco. Es un derecho inalienable el de votar asociado a la nacionalidad, pero eso no evita pensar que no están informados de lo de Mazón en la Dana o el ático de Ayuso en Madrid. De Vox habrán oído hablar pero sus ideas sobre inmigración, Europa, ideología de género, probablemente no les habrán llegado más que confundidas con el trumpismo.

Pero lo determinante es que los expatriados han estado fuera del efecto tóxico de la propaganda política. En su gran mayoría los votantes de CERA no ven la 1 de TVE con Cintora, ni la Mesa de Antena 3 con Cristina Pardo; Intxaurrondo, Iker Jiménez y otros. Los que piensen que por ser hijo de exiliados votarán inevitablemente a la izquierda ignoran que fuera de España no se ha producido la polarización en bloques, ni el muro de Sánchez que divide al país por encima de todo. Así que sus votos responderán a otras motivaciones más razonables.