Fernando Navarro-El Español
  • La comparación ha sido devastadora para Sánchez, que se dedicó a sembrar la división mientras Vivas defendía a Ceuta y a España.

Juanjo de la Iglesia presentaba Curso de ética periodística, una de las secciones del programa de televisión Caiga quien caiga. Tomaba un titular desaforado, exagerado o tendencioso de la prensa y proponía una redacción alternativa más neutral.

El otro día, RTVE titulaba Cinco varones atacan a tres inmigrantes marroquíes. En realidad los atacantes también eran inmigrantes marroquíes, pero estos sólo pueden desempeñar el papel de víctimas y no el de agresores, reservado para el hombre blanco occidental. L

Los cursos de ética periodística son hoy más necesarios que nunca, pero las cosas han cambiado. El periodismo ya no tiene la sagrada misión de fiscalizar al poder sino a la oposición, como demostró Jordi Évole en un reciente rifirrafe con Soto Ivars.

El plato fuerte de Caiga quien caiga consistía en el acoso a políticos. Los reporteros eran descarados y molestos. Un poco como Vito Quiles, aunque con más gracia (ahí estaba el torero muerto Pablo Carbonell). O tal vez los políticos acosados tenían más aguante que los actuales.

O sencillamente eran de derechas, y había barra libre.

El Gran Wyoming dirigía ese programa incisivo y mordaz. Hoy es un presentador rancio y sin gracia, que emite unos chistes deplorables. Produce melancolía compararlo con esos conductores de programas (Bill Maher, por ejemplo) capaces de combinar las entrevistas con la broma y el análisis político.

Después de los chistes, tocaba definir el marco. No hay manera de ocultar que lo de Ceuta ha salido regular, así que El Gran Wyoming propinó un par de pellizquitos a Marlaska y a Montse Mínguez. Y en seguida pasó a criticar al Partido Popular, que se intenta aprovechar de lo que no es más que una crisis migratoria y humanitaria.

En este escenario hizo entrada Pedro Sánchez.

¿Ha hecho algo mal? No. Todos los servicios de inteligencia subestimaron lo que se estaba moviendo, y cuando las masas llegaron a la frontera abrieron las puertas para evitar males mayores.

[La pregunta que Wyoming no hizo en este punto: vale, sorprendió a todos, pero ¿pero por qué se fue de vacaciones?].

En resumen, fue una crisis humanitaria que Marruecos intentó gestionar de una manera inteligente, para evitar males mayores. Y después ya ayudó decididamente

[Pregunta no formulada: ¿realmente cree que 80.000 personas se pueden pasear de ida y vuelta sin el conocimiento y la autorización de Marruecos?].

Una vez zanjado el molesto asunto de Ceuta (se ha concedido de plazo hasta fin de año para arreglarlo), Sánchez y Wyoming pasaron a la Ley de Nietos, que es obvio que les ha sentado francamente mal. El presidente lo intentó presentar como un ejemplo del recorte de derechos que inevitablemente se producirá si gana la derecha. «¿De verdad se puede quitar el derecho al voto a 400.000 españoles?», dijo.

[Pregunta sin hacer: ¿de verdad puede conceder discrecionalmente el derecho al voto la hermana de Óscar Puente?].

«Esto de no poder votar le está quitando el sueño a mucha gente». Por ejemplo, a un tío de la Patagonia que no ha pisado España ni tiene intención de hacerlo.

«No puede haber ciudadanos de primera y de segunda, insistió el presidente», y Wyoming asintió.

A continuación, pasó a meterse con la juez María Tardón: «Máximo respeto a la justicia, peeero…».

¿Le parece a usted normal que la jueza oculte un informe al Gobierno?, preguntó Sánchez al entrevistador, que no le recordó que exactamente así es como funciona la policía judicial.

«Usted me ha preguntado al principio si el Gobierno tiene que reconocer que ha hecho algo mal, y yo creo que eso es lo que tienen que hacer los jueces». Vale.

Era el momento de hablar del problema de la vivienda, y Sánchez fue tajante: la culpa es de las comunidades dirigidas por el Partido Popular y de los fondos buitre, que viene a ser lo mismo. Si no llega a ser por ellos, el parque de vivienda pública estaría en máximos históricos.

[Pregunta no hecha: pero ¿qué dice?].

Y de paso, aquí hay otras preguntas que podría haber hecho Wyoming. ¿Cree que la inseguridad que padecen los ceutíes es subjetiva?

¿Le parece normal que el Ministerio del Interior haya hecho una lista de periodistas con sus orientaciones políticas?

¿Por qué no cesa a Marlaska?

¿Por qué sigue apoyando a Zapatero?

Hace poco, Silvia Intxaurrondo sometió a una entrevista tan relajante a Óscar Puente que a este se le escapó decir «así da gusto».

Anoche, un presidente desvergonzado, ahogado en incompetencia y corrupción, y que tiene Ceuta convertida en una olla a presión, acudió a un plató para que Wyoming le diera un masaje similar. «Así da gusto», podría haber dicho, después de dejar el dinero en la mesilla de noche.

Y mientras tanto, en El Hormiguero, Pablo Motos entrevistaba a Juan José Vivas, presidente de Ceuta.Juan Jesús Vivas en El Hormiguero.

Este es el que quedó al pie del cañón mientras Sánchez marchaba a bucear a La Mareta. Y cambiar de canal producía una sensación de alivio, porque permitía pasar de la argumentación pegajosa de Sánchez a una prosa humana.

Dijo Vivas: «no es una crisis migratoria, sino una invasión en toda la regla«. Por la dimensión (80.000 personas sobre una ciudad de 80.000 habitantes), por el modo (mediante la utilización de la población como carne de cañón), y por el objetivo (desestabilizar Ceuta y poner en jaque la integridad territorial de España).

Cierto, esto se entiende bastante bien.

Y luego explicó la cronología de los hechos. En esencia, desde el Gobierno no le hicieron ni caso.

Después le dijeron que no se preocupase porque sería lo de todos los veranos.

Y luego, el día 31, le dijeron que la crisis ya estaba solucionada.

El Gobierno no ha estado a la altura. Ha habido indolencia, irresponsabilidad y una voluntad deliberada de no molestar a Marruecos. ¿Por el espionaje de Pegasus? Ni idea, dijo Vivas. Pero desde entonces, la inseguridad ha crecido, y los incidentes se han multiplicado por seis.

Esto no es una apreciación subjetiva.

La comparación era devastadora para Sánchez, que se dedicaba a señalar culpables y sembrar la división mientras Vivas defendía a Ceuta y con ella a España. Con un toque del mando a distancia el espectador pasaba de contemplar a un líder a un aventurero maligno, dedicado a desmantelar el Estado.

En una cadena estaba el político preocupado por el bien común; en la otra el que pone el bien común a su servicio.

Y Vivas continuó hablando. La frontera no debe ser controlada por Marruecos, sino por España y Europa. Y en estos cuarenta y cinco días ya deberían haber comenzado las obras de infraestructura necesarias.

Es necesario mantener unas buenas relaciones con Marruecos basadas en el respeto, no en la sumisión. Pero es imposible organizar un Mundial con Marruecos cuando acaba de hacer esto. Cuando ha hecho un ataque híbrido que se ha llevado por delante a ciento cincuenta personas. Y cuando tiene desatendida a su gente.

Así habló Vivas, y tenía razón. Si naufraga Ceuta, naufraga España, añadió. Y también tiene razón.

¿Confía usted en Pedro Sánchez para resolver el problema? No, contestó Vivas.

Y me temo que el espectador tampoco.