Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Los microdatos PISA certifican la caída de los alumnos vascos favorecidos
Tras la publicación de los resultados del informe PISA, llega el análisis de los microdatos. Y la sensación se asemeja a la que trasladan en las peores ocasiones los equipos de rescate que trabajan entre las ruinas: no hay supervivientes. Quizá recuerden que una de las ideas a la que se agarraron nuestros gobernantes cuando se conocieron los resultados calamitosos fue la de equidad. Hemos oído mucho la palabra últimamente. Y sonaba noble, benigna, tranquilizadora. En una respuesta que está ya en la historia de España, la ministra de Educación le quiso ver el lado bueno a lo de que los alumnos de quince años no sepan leer por el lado de la equidad y el sentido de pertenencia al centro. En el País Vasco se antepuso al informe PISA una evaluación endógena que salió buenísima, precisamente, por el lado de la equidad. Cuando se conocieron los resultados del estudio internacional, la consejera de Educación se aferró a los datos referentes a la equidad. «El vasco es uno de los sistemas más equitativos de su entorno y se sitúa por encima de la OCDE», celebró Begoña Pedrosa. El domingo Aitor Esteban recurrió al mismo salvavidas en estas páginas: «Nadie nos va a discutir que hemos avanzado en equidad».
Y, bueno, no: se va a discutir que el avance en equidad sea bueno; o sea, que sea un avance. Aunque suene bonito y pueda ser agitado por la política como un sonajero. Un estudio elaborado por investigadores de EsadeEcPol y Save the Children a partir de los microdatos del informe PISA analiza lo ocurrido en el apartado de equidad, es decir, el acercamiento entre alumnos vulnerables y alumnos favorecidos. Y no se trata de que los resultados de los primeros hayan mejorado de un modo virtuoso -en realidad, han empeorado-, sino de que los resultados de los estudiantes favorecidos se han desplomado de un modo nunca visto. Por decirlo en términos de movilidad social, la distancia entre el sótano y el ático con terraza no se reduce porque el ascensor suba como una bala sino porque los pisos de arriba se están viniendo abajo. El fenómeno es generalizado pero se da entre nosotros de un modo singular e incontestable. Entre los alumnos mejor situados socioeconómicamente de toda España, los vascos son los que más empeoran sus resultados PISA. A esa caída no se le contrapone ninguna subida ejemplar. Lo que el resto de estudiantes consigue es seguir cayendo, pero menos. Imagino que aún queda la opción de vender la moto por el lado de la pertenencia al centro. La generación con mayor sentido de pertenencia al centro de la historia.
Ceuta
Muñecos y despistes
Pedro Sánchez calcula que estabilizar la crisis de Ceuta le llevará hasta fin de año. Juan Jesús Vivas calcula que en Ceuta no quedan 2.500 inmigrantes irregulares sino 10.000. Del primer cálculo se enteraron el lunes los espectadores de ‘El Intermedio’ y del segundo los de ‘El Hormiguero’. Fue allí, dos programas televisivos de entretenimiento donde comparecieron casi a la vez ambos presidentes. Puede que el resto de la información relevante sobre Ceuta se nos dé próximamente en ‘First Dates’ o ‘Forjado a fuego’. A cambio, es en las Cortes donde aguardan los muñecos y el humor surrealista. Ayer el ministro Albares casi entra en ignición en el Senado presumiendo ante el PP de que el Gobierno consiguió en cuarenta y ocho horas el retorno de «más irregulares que prácticamente toda la Unión Europea junta en 2025». Se refería al 90% de los inmigrantes que se volvieron solos por la misma frontera que habían atravesado como si tal cosa. Aquello sucedió en los primeros días de agosto mientras el Gobierno hacía algo novedoso en términos de eficiencia: exhibir su desconocimiento sobre una crisis que daba por solucionada. Ayer el diputado socialista ceutí Melchor León mostró los mensajes que le envió el 30 de julio a Montse Mínguez avisándole del desborde en la frontera y de la necesidad de una «actuación contundente». Preguntada por los mensajes, la portavoz de la Ejecutiva del PSOE y secretaria general del grupo parlamentario socialista, buscó en su teléfono y los encontró. «Se me han despistado, no los había visto», se excusó con gran credibilidad.