Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Mark Carney triunfa en Estrasburgo como dique mundial antitrumpista
El Parlamento Europeo recibió ayer al primer ministro canadiense como a una estrella, pero no del rock sino de algo aún más mítico y demodé: la democracia liberal. Las ovaciones para Mark Carney fueron tremendas y entre los eurodiputados hubo muchos que pelearon el selfi y el saludo. Terry Reintke, lideresa alemana de los Verdes, incluso abrazó a Carney vistiendo para la ocasión un jersey de la selección de hockey de Canadá. Cierto que, cuando el primer ministro canadiense iba a comenzar su discurso en la Eurocámara, un gracioso gritó «¡USA, USA!». Si se me dejase a mí reformar la UE, los ujieres impresionantes y multilingües de Bruselas atacarían a los parlamentarios bocazas como atacaba Cato al inspector Clouseau. Además de para preservar el decoro, la medida serviría para reforzar lazos con China por el lado del kung-fu y con el Reino Unido por el lado de Peter Sellers.
Pero no se distraigan, estábamos con Mark Carney, que se rió educadamente ante el grito proyanqui y dio uno de esos discursos excepcionalmente escritos que a nosotros nos suenan sobre todo por las películas. El de Carney comenzó relacionando el roble de Goethe en Weimar con las semillas que un soldado canadiense envió a casa desde el campo de batalla de Vimy, en Francia, y que dieron lugar a un bosque de robles europeos en Ontario. «Esta es la esencia de la asociación entre Canadá y Europa. Semillas, valores, ideas, comercio, personas y progreso llevados de un lado a otro a través del Atlántico durante siglos». A partir de ahí, Carney celebró y aceptó la propuesta de reforzar los lazos con la UE, pero se diría que evitó referirse demasiado a la categoría de «miembro asociado» con la que Ursula von der Leyen había sorprendido al mundo la víspera. Trump -que llama «gobernadores» a los primeros ministros canadienses y quiere convertir al país vecino en su Estado número cincuenta y uno- ha avisado de que puede interpretar la asociación entre Canadá y Europa como un «acto hostil». Paradójicamente, son esa clase de amenazas lo que convirtió a Carney en primer ministro. Su visión y su firmeza tranquila le han convertido después en algo así como la esperanza mundial contra el trumpismo. Ante la presión pendenciera de Estados Unidos, su apuesta es clara y arriesgada: en un nuevo mundo dominado por grandes potencias impredecibles, las potencias medias tienen que unirse para garantizar su soberanía. Ayer en Estrasburgo se puso un poco lírico y habló de unirse para ser un faro. A continuación, describió lo que viene: una tormenta feroz.
Madrid
Alojamiento ocasional
La subasta del ático de Chamberí comprado inexplicablemente por la Comunidad de Madrid ha quedado desierta. Es una mala noticia para los bosques de la región. Lo digo porque la Comunidad aseguró que vendía el ático porque se iba a utilizar el dinero para reconstruir los terrenos afectados por los incendios de julio. Vender cosas para pagar imprevistos es, si no me equivoco, una prueba de que la economía se está gestionando bien. Otra opción es que lo de los bosques sea lo que parece: una excusa insultante. En tal caso, enlazaría con la explicación que se dio inicialmente a la compra de ático. La propia Isabel Díaz Ayuso dijo que iba a utilizarse como oficinas mientras se realizaban obras en la Real Casa de Correos. Deben de andar justísimos de dependencias oficiales en Madrid. Ni un hueco libre. Cierto que el ático ni siquiera dispone de las licencias necesarias para poder ser utilizado como oficina. Y desde luego maravilla la posibilidad de que un edificio residencial albergue un tráfico constante de políticos y funcionarios subiendo y bajando del último piso. A favor del ático, hay que decir que dispone de lo imprescindible en cualquier lugar de trabajo: una amplísima terraza. Ayer la Comunidad de Madrid reconoció que el inmueble iba a usarse en realidad para «alojamiento ocasional de autoridades de la Comunidad». En Madrid, las autoridades no deben de tener casa en Madrid. Ocasionalmente. Isabel Díaz Ayuso visitó personalmente el ático, no se sabe si con cinta métrica y un muestrario de telas, pero bajo ningún concepto pensó en vivir en él.