Editorial-El Correo

  • La autocrítica de Pradales exige soluciones reales en educación, salud o vivienda para demostrar que el autogobierno es progreso común y no un fin identitario

Imanol Pradales introdujo ayer la agitada actualidad del mundo en el pleno de Política General, la cita que repasa la evolución de la legislatura vasca y que marca las prioridades de un nuevo curso político con aire electoral. En un discurso que tuvo paradas en Ormuz, Bruselas, China o Ceuta, el lehendakari se detuvo en los problemas exteriores que sacuden a Euskadi con una visión amplia. Incluyó el cambio climático -con el anuncio de una inversión de 340 millones para climatizar escuelas, hospitales y casas-, la crisis energética, el auge de los populismos en Europa y la inquietud causada por la inteligencia artificial. Pero la clave del debate parlamentario estuvo en los problemas reales de facturación propia: el deterioro de la educación y la sanidad, tras el descalabro académico en PISA y la convocatoria de huelga en Osakidetza que amenaza la atención al paciente; y la creciente preocupación por la vivienda, la seguridad, el coste de la vida, el empleo -del que destacó su elevado «absentismo»- y un declive empresarial que ataca la industria sobre la que el País Vasco fraguó su desarrollo.

La autocrítica declarada por el jefe del Gobierno vasco sobre los retos pendientes debe ir acompañada de soluciones certeras y reales por dos motivos: por responsabilidad con el conjunto de los vascos y para demostrar que el autogobierno, esgrimido por el lehendakari como «nuestra capacidad de gobernar nuestra casa, la Casa Vasca», es el mejor instrumento para avanzar en el progreso común y no un fin identitario que provoca división.

Es cierto que mirar «de frente» al «mal resultado, sin paliativos» de PISA exige un examen «riguroso» y «actuar» con urgencia. Pero esas correcciones dependen del Gobierno vasco, en virtud de su competencia educativa. Reclamar colaboración a las familias para que los alumnos se alejen de las pantallas y dediquen más tiempo a la lectura es una petición razonable -y seguramente un compromiso ya en práctica en miles de hogares-. Pero no puede convertirse en una excusa para diluir la responsabilidad del Ejecutivo en la enseñanza ni para desatender las señales de alarma del modelo de inmersión lingüística, evitado ayer en su discurso como factor del fiasco. El autogobierno -reivindicado por Pradales para exigir los traspasos pendientes y un salto estatutario aún sin concretar- consiste en gobernar la casa de todos. Y si la educación «determina el futuro del país», como admitió el lehendakari, Euskadi no puede permitirse ni una grieta más en uno de los pilares de su bienestar.