Gorka Angulo-El Correo

  • En Alemania no hay alternativa a la gran coalición ni al canciller, que tienen ahora siete meses de tregua para mejorar los indicadores económicos y la comunicación

La Alemania del «nunca más» de 1949 y 1989 parece resquebrajarse con el «ahora más que nunca» de una parte de su ciudadanía que ha decidido aprovechar las últimas elecciones para presentar una enmienda a la totalidad a las políticas de la gran coalición del Gobierno federal y un ‘no’ rotundo a la reunificación 36 años después. En lo primero no ha calado el extraordinario plan de reformas del Gabinete Merz presentado en julio, con importantes cambios en el mercado laboral, pensiones, fiscalidad y vivienda. En lo segundo prevalece una cultura del descontento a la que están abonadas dos generaciones frustradas y decididas a mantener una fractura geopolítica y emocional con el Oeste votando a opciones nostálgicas del Muro y de Hitler, como Alternativa para Alemania (AfD), Die Linke y la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) porque, 36 años después, el nuevo país que les prometieron no es el que veían clandestinamente en la televisión.

Los deprimentes resultados para democristianos (CDU) y socialdemócratas (SPD) tenemos que leerlos en clave del Este, con sus dinámicas locales, y en clave federal con tres grandes perdedores: el canciller Merz y los dos grandes partidos. El ‘land’ de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y la ciudad-Estado de Berlín han vivido dos campañas en negativo, de pulsos personales y movilización electoral contra el Gobierno federal. En Mecklemburgo ha sido un pulso cerrado entre su valerosa ministra-presidenta Manuela Schwesig (SPD) y Leif-Erik Holm de la AfD, con amarga victoria de los ultras a los que consuela quedar primeros y ver fuera del ‘landtag’ a la CDU, por primera vez en la historia de una cámara regional.

En Berlín, la histórica victoria de los poscomunistas se ha construido en dos meses superando la pugna entre CDU y AfD. Los democristianos perdieron aquí por su alcalde-gobernador -que huyó durante el apagón de enero, mintió, le pillaron- y llegaron con una crisis de credibilidad en el peor momento. Die Linke gana con una germano-turca, Elif Eralp, inspirada en el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani, que con una mezcla de populismo y demagogia ha tocado temas sensibles como vivienda, transportes o basuras que han movilizado a una ciudad con terribles problemas de sinhogarismo. No hablamos de donde la ciudad pierde su nombre: la emblemática Ku’Damm, principal bulevar berlinés, es el gran escaparate de una capital sucia y abandonada.

Friedrich Merz aseguró en 2018 y 2022 que reduciría a la AfD a la mitad, y en noviembre de 2025 anunció el plan ‘Manchas blancas’ para contener a la ultraderecha en el Este, en las zonas en las que la CDU había desaparecido o tenía una implantación mínima. En los últimos comicios, la AfD ha doblado sus resultados y la CDU ha perdido el poder o ha desaparecido en el Este. Ese balance parece la excusa perfecta para que una oposición interna de 30 diputados del Bundestag haya comenzado a hacerle la cama a Merz. Desde el verano se habla de cambio de canciller con una cuestión de confianza o una automoción de censura que sustituiría al primer ministro, pero dejaría o agravaría los mismos problemas que afronta el Ejecutivo.

La propuesta de cambio que más suena es la solución bávara, con los nombres del ministro-presidente de Baviera, Markus Söder, y del titular del Interior, Alexander Dobrindt, los dos de la Unión Social Cristiana (CSU), la filial bávara de la CDU, siempre más conservadora y derechista, quizá sea vista por algunos como el mejor antídoto contra la AfD. Mala memoria con la CSU. En 1980, Helmut Kohl permitió presentarse en su lugar a la cancillería al ultraconservador Franz-Josef Strauss. El resultado electoral fue para olvidar. En 2002, el también ministro-presidente de Baviera Edmund Stoiber fue candidato a canciller por la Unión, pero perdió en el tiempo de descuento. La culpa la tuvieron 8.864 votos y 3 escaños, y la ausencia de Stoiber por vacaciones mientras el Elba desbordado anegaba dos Estados orientales. Dudo mucho que la arrogancia bávara resumida en el«Mia san mia» (nosotros somos nosotros) sea útil en la antigua RDA.

Friedrich Merz y su partido, columna del sistema democrático, no pueden sucumbir ante los ultras que solo quieren sustituirles o devorarles. No hay alternativa a la gran coalición ni a Merz y el canciller tiene una tregua de siete meses, hasta las próximas elecciones en 2027 en cinco ‘länder’, para que los indicadores económicos mejoren y crezcan sus niveles de popularidad. El objetivo de Merz debe ser que la CDU supere el estigma de partido perdedor y resista. ¿Cómo? Con una buena comunicación, con políticas para el Este y manteniendo el cortafuegos contra la AfD. Y en caso de que los ultras gobiernen en Sajonia-Anhalt, utilizar la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) y la coerción federal del artículo 37 de la Ley Fundamental.