Rebeca Argudo-ABC
- ¿Merece Maricarmen una vivienda digna? Sí, claro. Pero quizá no exactamente esa
A Maricarmen la han desalojado con 87 años, una discapacidad y tras 70 años viviendo en esa casa. Es un drama que a edad tan provecta tenga una anciana que abandonar la que ha sido su casa durante casi toda su vida. Si a eso le sumamos que el piso pertenece a una empresa y que esta se ha negado a vender o a negociar el alquiler, tenemos el paquetito listo para, con el lazo de la emocionalidad exacerbada, anular la posibilidad de todo análisis racional.
Porque es un drama que Maricarmen tenga que abandonar esa casa, sí, pero durante décadas estuvo pagando una renta muy por debajo de lo que correspondía a la zona gracias a un contrato de renta antigua. Esa diferencia la asumía el propietario y, de forma indirecta, sus vecinos pagando a precio de mercado un piso igual en la misma calle. Y es seguro que habría otros dramas: familias apretándose el cinturón, otras mudándose a barrios más baratos, algún desahucio. Dramas hay en cada rellano, pero no les improvisan a todos conciertos solidarios, ni hacen sentadas en sus portales, ni se encaran por ellos eurodiputadas con policías nacionales exigiendo que no se cumpla la ley.
Pero no se puede legislar atendiendo a cada uno de esos dramas cotidianos, con base en la especial sensibilidad de cada quien y a la tragedia que más conmueve, a la que pilla más cerca o a la que más publicidad le den los hiperconcienciados con megáfono. La desdicha de Maricarmen es real, efectivamente. Pero no por eso se convierte en injusticia. La norma no puede adaptarse a la biografía de cada uno, como lo haría un vestido a medida, porque dejaría de ser norma y, por consiguiente, de ser útil. El código común no existe para evitar el íntimo sufrimiento de cada uno de nosotros sino para que nadie quede a merced del humor y la arbitrariedad de cualquiera con mando en plaza. Esa es la seguridad jurídica que garantiza el artículo 9.3 de la Constitución, principio fundamental de un Estado de derecho. Y el propio sistema ya prevé el cauce para atender lo concreto sin romper lo general: la equidad, que permite al juez ponderar las circunstancias del caso al aplicar la ley (aunque no dejar de aplicarla).
¿Merece Maricarmen una vivienda digna? Sí, claro. Pero quizá no exactamente esa. Ni porque en ella haya vivido toda la vida, ni porque en ella hayan muerto sus padres, ni porque su gran pena sea sincera. Garantizarle un techo corresponde a la Comunidad de Madrid y a los servicios sociales del Ayuntamiento de la ciudad. No puede exigirse al propietario del inmueble, sea quien sea, que asuma esa responsabilidad. La caridad no es obligatoria, el cumplimiento de la ley sí. Aunque a veces rompa el alma.