Ignacio Camacho-ABC

  • La figura de Zapatero se ha vuelto tóxica para el partido. Y la contaminación empieza a alcanzar a su heredero y discípulo

Vamos a creer a Zapatero como hipótesis de trabajo. Las famosas joyas se las regaló hace muchos años un rey saudí, oportunamente fallecido, y él, inconsciente de su valor –los socialistas no entienden de esas cosas– cometió un despiste comprensible en un gobernante tan ocupado: olvidó registrarlas en Patrimonio y en el trajín del posterior relevo de poder fueron a parar a una caja fuerte de su despacho. Quizás ese involuntario descuido pueda constituir un delito fiscal, pero está prescrito y en todo caso es el juez quien debe enviar a Arabia la comisión rogatoria para comprobar la autenticidad del regalo. Si el magistrado archiva la pieza, el Gobierno lo declarará absuelto y lanzará su aparato de propaganda a todo trapo a proclamar que el expresidente es un hombre honrado, como aquel Bruto del drama shakespeareano. Parece difícil que pueda revertir el daño reputacional del escándalo, pero el bueno de ZP, paladín del idealismo, ya no está para preocuparse de esa clase de estragos. Sigue teniendo delante un horizonte penal complicado.

También parece improbable que el instructor acepte la explicación que el procesado pudo darle hace tres meses, cuando pidió diez días para aportar soportes documentales que aún no han aparecido. Incluso si así fuese, quedará pendiente la investigación más importante sobre las comisiones presuntamente percibidas por el también presunto tráfico de influencias en el sospechoso rescate de una aerolínea en quiebra y sin activos. Eso son palabras mayores: mordidas a cambio de intermediación para conseguir favores políticos. Mucho más grave que lo de las alhajas… salvo que éstas también formasen parte de una retribución en especie de ciertos servicios. Pero hemos convenido en creer la versión sobre un amigo árabe particularmente munífico; si al final se demostrase falsa tendría que hacer frente a un laberinto de delitos castigados con bastantes años de presidio. Cualquiera de los supuestos, juntos o separados, resulta de por sí un serio compromiso para su condición de símbolo de la pureza moral del sanchismo.

A efectos de opinión pública es más nocivo, por llamativo y fácil de entender, el asunto del joyero. Quedarse con una colección de gemas, esmeraldas y zafiros no es exactamente un ejemplo de desprendimiento. Los zascandileos en las altas esferas tienen recovecos más complejos, aunque los puede simplificar el previsible ‘cante’ de los clientes y testaferros, que están decidiendo si la ‘vía Aldama’ de colaboración con la Justicia les puede proporcionar réditos. Y en el entramado de tapaderas (presuntas, por favor) anda por medio una empresa de las hijas como posible pantalla de recepción de ingresos. Feo, feo; a ver a cuántos mítines se lleva ahora Pedro al hombre que en 2023 le sacó las castañas del fuego. De momento los candidatos de las municipales no quieren ni verlo. Su presencia se ha vuelto tóxica para el partido que hasta antier lo aclamaba como campeón del progreso. Y la contaminación empieza a alcanzar también a su discípulo y heredero.