Luis Ventoso-El Debate
  • Los alumnos, boquiabiertos, corrían a hacerse selfies con el personaje, y es que jamás se había visto nada ni remotamente parecido

Los alumnos de Harvard, coquitos en una de las mejores universidades del mundo, corren a hacerse selfies con el político que acababa de hablar. Es un individuo alto, bronceado y de rostro demacrado, que ha dejado a la sala muda de asombro. Jamás se había escuchado nada igual en Harvard. Por su interés, reproducimos la alocución, que traducimos directamente del inglés:

Buenos días a todas y todos, es un honor estar hoy en Harvard, templo del saber desde 1636, y más haciéndolo como presidente al frente de una coalición progresista. Estamos atajando la emergencia climática, protegiendo a las mujeres y poniendo en valor nuevos derechos, como el aborto a saco, la eutanasia y el fin del sexo biológico. Además, ofrecemos al planeta una diplomacia alternativa y de progreso, que me ha hecho acreedor de las felicitaciones de Hamás y los ayatolás. Me honro en recordar que incluso un misil iraní ha llevado una pegatina con mi efigie.

Pero querréis conocerme mejor. Llegué al Gobierno sin ganar las elecciones, con una jugada maestra: aliarme en secreto con unos golpistas que querían romper mi país y a los que solo siete meses antes yo mismo había ayudado a frenar. Les prometí indultarlos, y cumplí. Además, me alié con el partido creado por una banda terrorista que había matado durante seis décadas a casi un millar de personas, entre ellas, una docena de militantes de mi partido. Les prometí liberar a todos sus asesinos, incluidos los más sádicos, y también cumplí. Algunos ya están de potes con 30 muertos a cuestas. Podéis ver que soy una persona pragmática y de palabra.

Nada más llegar al poder, la prensa destapó que había plagiado mi tesis doctoral cum laude. No pasó nada. Tampoco cuando desde el Tribunal Constitucional, que mangoneo con un esbirro mío al frente, perdoné el mayor caso de corrupción de la historia de mi país, obra de mi partido, y ordené una amnistía a la carta para comprar los cinco escaños que me faltaban para gobernar habiendo perdido.

Mi hermano, un músico un poco friki y sin empleo, ha sido condenado por un enchufazo para un cargo público que logró gracias a mí. Mi mujer va a ser juzgada en pocos meses, porque la enchufé como catedrática extraordinaria en una gran universidad sin tener siquiera licenciatura. Una vez allí, se puso a hacer negocietes particulares, usando además para ello al personal del palacio presidencial.

El hombre fuerte con el que tomé el poder, el ministro que era mi mano derecha, está en la trena cumpliendo 24 años por chorizo. Dirigía una banda de mordidas, que se lucró hasta de la venta de material sanitario mientras mis compatriotas morían a miles en la pandemia. El que lo sucedió al frente del partido también está encausado, al igual que la directora del principal cuerpo policial del país, a la que mantengo en su puesto porque soy así de chulo.

El tipo al que tenía de fiscal general para hacerme los recados también ha sido condenado y apartado. Lo pillaron in fraganti en una operación de guerra sucia que le ordené contra una enemiga política a la que no trago. Pero bueno, ya he puesto a otra fiscal tan servil como él.

Ahora ando con un pequeño lío. Cuando imputaron a mi mujer, me pillé un cabreo olímpico y ordené a mi partido que parase aquello como fuese. Organizamos una trama de guerra sucia contra policías, jueces y fiscales para evitar que avanzasen en sus investigaciones sobre los casos de mi hermano, mi mujer y mi partido. Está saliendo mucha mierda de esa cloaca, porque en su celo por servirme llegaron incluso a contactar con mafias de trapicheros para que intimidasen a una juez. El plan era tan chungo que hasta a los traficantes les dio miedo y están cantando. Pero bueno, de todo se sale.

Os cuento lo último. Un sátrapa magrebí ha ordenado invadir una ciudad de mi país, abriendo sus fronteras de par en par para que entrasen 70.000 inmigrantes a la brava. Se da la circunstancia de que el agresor me tiene pillado por donde imagináis, porque en 2021 sus servicios secretos vaciaron mi móvil. Poco puedo hacer. Así que efectué una visita de médico a la ciudad invadida y acto seguido me largué de vacaciones a la tumbona, dejando tirados a mis compatriotas. Pero no hay que preocuparse, todo se olvida. Ya tengo a mis televisiones a tope con lo cruel que es la derecha con los desahucios.

Las encuestas pintan muy mal, excepto las que truco yo con dinero público. Así que había preparado un plan para convertir en nacionales de mi país a todo tipo de guiris de América, marcándoles en qué circunscripciones debían votar para hacer oscilar escaños a mi favor. Por desgracia, la prensa lo destapó y ahora los cabronazos de los jueces me lo han parado. Esto sí que es una faena. Menos mal que tengo 800 asesores en palacio pensando para mí. Algo se nos ocurrirá.

Muchas gracias a todas y todos y os reitero mi compromiso de seguir luchando con todas mis fuerzas por el proyecto progresista. En mi país la alternancia ya no es posible, toda vez que la encarnan fuerzas de la internacional reaccionaria.

(El público se queda boquiabierto y el orador les dedica desde el estrado una carcajada desencajada, histérica, que a más de un asistente le recuerda al Joker. Y así acaba el día más extraño de Harvard).