Editorial-El Correo
- El auge ultraderechista y el triunfo de la izquierda radical en Berlín sacuden a la coalición de Merz mientras los sondeos dan la espalda a Farage en Reino Unido
La extrema derecha solo gobierna en uno de los grandes países europeos, Italia, y la primera ministra afronta complicaciones en las elecciones de la próxima primavera. Si Giorgia Meloni decidiera sumar fuerzas con un rival aún más radicalizado, proporcionaría aire a una inevitable ‘coalición antifascista’. A ocho meses de sus comicios presidenciales, otra potencia comunitaria, Francia, se intranquiliza ante la perspectiva de que sean los dos polos opuestos, representados por Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, los que se disputen el Elíseo. Pero es en Alemania donde los triunfos ultras convulsionan el conjunto del espectro político.
El ciclo de tres elecciones regionales depara ya dos primeros puestos para Alternativa para Alemania (AfD) y una victoria para Die Linke. La ultraderecha incluso tiene opciones de gobernar en el Estado de Sajonia-Anhalt, no así en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, gracias al buen resultado de los socialdemócratas. El SPD, socio menor de la coalición que dirige el país, valora apoyar a la izquierda radical que triunfó en la ciudad-Estado de Berlín y aumenta sus objeciones hacia el programa de reformas con el que el canciller Friedrich Merz aspira a superar la crisis de crecimiento y competitividad exterior. Merz sufre la desconfianza de su propio partido, una CDU más volcada en cerrar el paso a Die Linke en Berlín –por su supuesto antisemitismo– que en plantar cara a la AfD con propuestas para cortocircuitar el futuro triunfo ultraderechista a nivel federal que auguran las encuestas.
Unidos por su rechazo visceral a la inmigración y alérgicos a la lucha contra la crisis climática, los partidos de extrema derecha del continente conforman un conjunto heterogéneo. Con amplia presencia en el Parlamento Europeo, aunque divididos en tres grupos, en su mayoría han renunciado al abandono de la UE para tratar de dinamitar desde dentro su apuesta por la diversidad y el respaldo a Ucrania. Precisamente la relación con Moscú ensombrece el paseo presidencial que sueña Le Pen pero no impide que los extremistas germanos ansíen la vuelta del gas barato de Putin. Fuera del ámbito comunitario, el populismo de Nigel Farage sufre un declive en los sondeos. Pese a su empuje arrollador en las elecciones locales de mayo, Reform UK sería el tercer partido en Westminster después de haber inducido al Brexit que ya la mayoría de los ciudadanos de Reino Unido consideran un error.