Juan Carlos Viloria-El Correo

  • En el juicio a Begoña Gómez las emociones del jurado popular tendrán un peso determinante

El juicio a la esposa del presidente Sánchez, Begoña Gómez, no se celebrará, como pronto, hasta la próxima primavera, pero la portavoz del Ejecutivo, Elma Sáinz, ya ha decidido que el único fallo justo sería la declaración de inocencia. Una intromisión en la administración de justicia que augura un procedimiento muy lejos del clima de imparcialidad, pero cuyo objetivo es hacer una campaña de largo recorrido presentando a Begoña Gómez como una víctima, no como parte del poder. Si como dice Pedro Sánchez, Begoña Gómez, será juzgada como una ciudadana más, no como su esposa, es improbable que la ministra portavoz hubiera utilizado la sala de prensa de la Moncloa para pedirle piedad al jurado. Y, esa contradicción, puede acabar haciendo desconfiar a los nueve miembros del jurado. Según la experiencia, los jurados populares tienden a dejarse influenciar más por los sentimientos que por las pruebas y testimonios así que el dilema en el fondo sería: ¿es Begoña Gómez una pobre ciudadana víctima de un juez malévolo? O, ¿como esposa del presidente representa el abuso de poder y gozaba de bula para aprovecharse de su influencia? Aunque el juez Peinado se empeñó en encauzar la instrucción hacia el juicio con jurado, la constelación política y jurídica que defiende a Gómez parecía más proclive a que fuese enjuiciada por un jurado profesional. ¿Qué ventajas y qué inconvenientes tienen ambas fórmulas? En principio, si los jueces, como dice el Gobierno, están dispuestos a prevaricar en razón de sus inclinaciones políticas (‘lawfare’) estarán satisfechos de que Gómez sea juzgada por nueve personas anónimas. Además, estos tendrán una perspectiva menos técnica de los hechos y las pruebas, una visión más cercana a la de un ciudadano de la calle; aunque el problema será encontrar ciudadanos que no tengan una información pre-configurada del caso para garantizar una selección neutral. Por la experiencia, los jurados populares tienden a ser más duros con los acusados que los magistrados profesionales, pero, sus decisiones, están más apoyadas en las emociones que en los elementos de prueba, aunque al dirigirse a personas desconocedoras del lenguaje legal, las partes estarán obligadas a explicarles con claridad y sin eufemismos el alcance de los indicios probatorios, lo que garantiza un juicio con mayor precisión sobre los elementos de prueba. En última instancia, la suerte de Begoña Gómez no estará en manos de una sola persona, sino de un colectivo que tiene que reunir siete de nueve votos para declarar culpable y solo cinco para sentenciar su inocencia. Como dijo Thomas Jefferson, el jurado permite a los ciudadanos poder participar directamente en el control del poder porque el jurado popular es la única defensa que un pueblo puede tener contra sus gobernantes. Pero, en este caso, la paradoja es que Begoña Gómez, es pueblo y es poder.