Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • Se están consagrando a cantarle coplillas a Maricarmen, como quien pone velas para una milagrosa salvación electoral

Vio bien la jugada el policía que le soltó a Irene Montero “señora, no caliente a la masa”. La acampada en Sol estaba ya escrita en el guion del “estallido social” programado con perspectiva electoral. Lo llamativo es que se organice y controle desde la propia coalición de Gobierno. Hasta Ada Colau ha vuelto, y sin complejos. Alcanzó la alcaldía de Barcelona desde una plataforma antidesahucios, logró sentar en el Consejo de Ministros a militantes comunistas de su partido y ahora, con Salvador Illa en el gobierno regional y Jaume Collboni en el ayuntamiento, firma el liderazgo de Cataluña en el ranking de desalojos en España. El otro, Sánchez, antes de llegar al Gobierno se comprometió a poner fin a los desahucios para, nueve años después, seguir tan pancho con 25.000 por año. Ambos activan ahora una “lucha de clases” de ocasión entre inquilinos y arrendador. ¡Santo cielo!

No lo dudes, la performance organizada, que lleva el sello del comunista Iglesias, es solo un episodio más en la disputa por el voto menguante de la fiel infantería de extrema izquierda. De esta cultura ultraizquierdista que apela a la lealtad de la tribu, a la defensa de “los nuestros”, participa sin disimulo el Partido Socialista. De hecho, si hoy Zapatero asistiera a un acto con partidarios acérrimos, seguiría siendo aclamado como una estrella de rock. Entendámonos, no es que Sánchez confíe en ZP, sino que ambos van encadenados en la corrupción que los jueces descubren y la militancia tolera. Así, a cada martillazo recibido en los tribunales, el Psoe responde con toques de trompeta para movilizar a esos votantes que cierran los ojos, los militarizados. Resultado: Sánchez deja al partido, como aquella famosa pintura de un Ecce Homo retocada por una feligresa, irreconocible y sin restauración posible. 

Recuperar la democracia

Para los procesos electorales que vienen, los decisivos no serán esos votantes ultraizquierdistas que miran con simpatía a los acampados en la Puerta del Sol, sino los de centroizquierda que huyen de un Psoe de ineptos y corrompidos hasta el tuétano. Algunos socialistas, incluido Felipe González, han manifestado que votarán blanco o nulo por lealtad al partido. Les ha contestado con buen juicio José Luis Corcuera mediante una idea elemental en democracia: un buen demócrata, si tiene que elegir entre la supervivencia del Estado de derecho -¡arrasado por esta panda!- y la de un partido político, no duda. Como él propone, millones de electores de centroizquierda, en Hungría o en Polonia, no dudaron en votar opciones de centroderecha para recuperar la democracia en sus países. Ahora, muchos candidatos socialistas a las alcaldías en toda España piden a sus vecinos que se olviden del cupo catalán y de cada golpe antidemocrático de nueve años de sanchismo, pero nadie podrá ignorar que ellos apoyaron a muerte a Sánchez en cada operación golpista. 

En el futuro, muchos se preguntarán por cómo estos mequetrefes, los de la “violación territorial” en Ceuta y la crisis de caballo de la vivienda, pudieron mantenerse en el poder durante nueve años. La verdad es que contaron con muchos recursos, especialmente con un ejército de medios y propagandistas que cobran por manipular. Son capaces de todo, como ese activista que recientemente se atrevía a proponer sin sonrojarse, para solucionar el desahucio de Maricarmen, una “expropiación pedagógica” de la vivienda. Con el mismo descaro normalizan que un presidente, al que acaban de reventar la frontera con 80.000 asaltantes, se vaya a chulear por Manhattan para soltar con descaro “nuestras políticas funcionan”. Eso, tras haber elevado a primeras preocupaciones de los españoles vivienda e inflación.

Nadie es el responsable

Transcurridos nueve años, declaran ahora desde el Gobierno, como si nada, haber llegado a “un punto de inflexión”, a una necesidad de reacción en materia de vivienda. Dicho en vísperas de las elecciones, tiene bemoles, pero así es la extrema izquierda. Ellos merecen gobernar por estar “en el lado correcto de la Historia”, no por los resultados de su gestión. Si había dudas sobre la desfachatez de intentar convertir el problema que crearon en una oportunidad de salvación electoral, solo hay que leer El País. A servicio de Sánchez, presentan la crisis de la vivienda como si se tratara de un accidente atmosférico; todos son culpables, ergo nadie es responsable. Piden al Gobierno “afrontar con decisión” el problema, es decir, proponen que los atracadores dirijan el banco. 

Ninguna sorpresa. Frente al fracaso planetario de la coalición, echan mano de la reconocible lógica de trinchera, especialmente, mediante el recurso a un pasado manipulado. Inolvidable, aquel momento estelar en el que la famosa comunicadora Julia Otero confesó que, de niña, fue “expulsada de su tierra por Franco”. No era que no fuera capaz de diferenciar “éxodo rural”, como fenómeno universal del desarrollo, de una deportación, como las practicadas por el camarada Stalin, sino, simple aportación a la causa. Con la misma devoción militante, se están consagrando ahora a cantarle coplillas a Maricarmen, como quien pone velas para una milagrosa salvación electoral. En fin, en esa extrema izquierda milita hoy un Partido Socialista que, desde las cloacas, se está ganando a pulso banquillo e ilegalización.