Ignacia De Pano-Vospópuli

  • Llevamos ocho años de cuentos y bulos de un presidente que miente mirándonos fijamente a los ojos

“El pensamiento Alicia procede representándose un mundo distinto del mundo real, y no solo esto, sino, lo que es más interesante, un mundo al revés de nuestro mundo, como es propio del mundo de los espejos”.  Sigue explicándonos el profesor Gustavo Bueno, creador de la teoría, que  “simplemente se nos introduce en el mundo irreal sin medir las distancias que guarda con el mundo real nuestro… a la manera como Alicia visitaba, según Carroll, el País de las Maravillas.
Es a este tipo de pensamiento al que llamamos “pensamiento Alicia”.

Se trata de un pensamiento infantil, que no distingue entre deseo y realidad, entre actos y consecuencias. Un pensamiento en el que se enuncia la persecución de grandes objetivos borrosos, ya sean la paz mundial o la disolución de las fronteras, sin tener en cuenta las dificultades reales que se nos presentan para conseguirlos. Una actitud política inmadura, simple y profundamente frívola, que despierta el entusiasmo de un público cuidadosamente preparado, en su ignorancia, para ser receptivo a este tipo de mensaje, más propio de los cuentos de hadas. Porque hay algo también de pensamiento mágico en todo ello. Si peroramos lo suficiente sobre la necesidad de vivienda barata y digna para todos podremos conjurar la disolución de la tozuda realidad económica que lo impide. Y la realidad es, entre otros muchos factores, que las grúas se han convertido en nuestras ciudades en criaturas en vías de extinción. Al promotor privado han dejado de salirle las cuentas. Las mil trabas burocráticas, el aumento geométrico en los costes y la dilatación en el tiempo de los beneficios han hecho que la construcción deje de ser un negocio rentable.

En la enunciación Alicia de que “todos tenemos derecho a una vivienda digna” se olvida voluntariamente la segunda parte del aserto. Ese derecho no lleva aparejada la obligación altruista de otro ciudadano a proporcionártela. Eso es lo que le ocurrió al primer propietario de la vivienda de la que se benefició con un contrato de arrendamiento franquista de renta antigua la ya famosa Maricarmen, de apellido Abascal. Dicho contrato con sus sucesivas prórrogas venció para la subrogada en el año 2004, pero aún siendo así, el dueño de la vivienda lo mantuvo vigente al precio simbólico del que se estaba beneficiando la ahora popular inquilina durante catorce años más, hasta que imagino, harto de que los costes de mantenimiento del piso fueran superiores a lo obtenido por el alquiler, no le quedó más remedio que venderlo por una cifra muy inferior a la de mercado y olvidarse, como si eso fuera fácil, de que habiendo tenido un piso en el Retiro nunca pudo beneficiarse de él.

Nunca dio las gracias

He seguido con atención las múltiples manifestaciones, siempre en pie de guerra, de la señora en cuestión y en ningún momento le he escuchado una sola palabra de agradecimiento al propietario que, no teniendo ninguna obligación legal de hacerlo, la mantuvo durante más de una década en el piso respetando el irrisorio importe de su alquiler. Hubiera sido muy elegante que recordara que en esos catorce años, que se dice pronto, jamás se la importunó en el disfrute del piso, y ya puestos, que ella, a cambio de semejante generosidad innecesaria, nunca se ofreció a renovar el contrato en condiciones más justas para la propiedad. Maricarmen, funcionaria jubilada y víctima absoluta del pensamiento Alicia, cree de corazón que el mundo le debe el poder vivir en una de las mejores zonas de Madrid prácticamente gratis. El choque repentino con la realidad la ha dejado sin capacidad para comprender que con un mínimo interés por su parte ese desahucio nunca hubiera tenido lugar.

El pensamiento Alicia se ha adueñado de toda la argumentación de la extrema izquierda sobre la vivienda. Hablan de expropiación, como el otro día en una comparecencia televisiva y muy alteradamente Alberto Ibáñez, diputado de Compromís, pero cuando el propietario de viviendas de alquiler al que amenazaba con ella le pide por favor que sí, que se las expropie porque ya no puede más, recoge hilo rápidamente con cara de asombro porque sabe que el gobierno no quiere, ni puede, gastar dinero en expropiaciones. Amenazas en falso, discursos adolescentes y medidas intervencionistas que consiguen justo el efecto contrario del que buscan, porque como ya vimos, nadie puede obligarte a alquilar tu casa si tú  no quieres. Y no me sirve la amenaza con cargas fiscales extraordinarias a las viviendas que se dejen vacías, porque, como hizo el pobre primer propietario de la casa de la que se benefició 70 años Maricarmen, siempre se puede vender.

Un criterio patriota

Cuanto más pensamiento Alicia, cuanto más se busque asegurar la duración ilimitada del arrendatario en el inmueble, más se retrae la oferta, que no quiere cargar con el arrendatario, si le sale malo, por toda la eternidad. Y así, centenares de miles de viviendas se han ido retirando silenciosamente del mercado mientras las que quedan exigen a los candidatos pasar por aros que hace unos años se hubieran considerado inhumanos.

Hace tres días, una empresa familiar propiedad de unos amigos míos, puso en alquiler un piso en Barcelona. Una perita en dulce, 92 metros cuadrados en zona tensionada y en perfecto estado de conservación en finca modernista rehabilitada. En los diez primeros minutos desde la publicación del anuncio entraron 250 solicitudes en firme. Muchas de ellas se acompañaban ya con el historial económico de los solicitantes. Mis amigos decidieron usar como sesgo para escoger al beneficiario un criterio patriota. Se adjudicaría, a ser posible, a una pareja española, no a nómadas digitales con economías mucho más abultadas que la nuestra. Así se hizo, y espero de corazón que tanto idealismo les salga bien y no tengan que añorar al programador californiano o a la diseñadora noruega, porque como al primer propietario del piso de Maricarmen, nadie va a agradecerle ese arranque quijotesco.

Esa parte, la del coste real de la vivienda para todos, la de los adultos, no se contabiliza en el  pensamiento Alicia. Y es que, como continúa explicándonos el profesor Bueno, “Alicia no quiere tener conciencia de las dificultades que habría que vencer para llegar a ese mundo imaginario e imposible porque todo es mucho más sencillo: se tiene la voluntad de pasar a ese mundo al revés y basta.”

Llevamos ocho años de cuentos y bulos de un presidente que miente mirándonos fijamente a los ojos y de unos socios que pretenden hacerse oposición a sí mismos en una contorsión imposible y obscena. Pero la realidad es la que es, y el mercado solo responde a su nefasta gestión demagógica, por mucho que repitan, una y otra vez, que los resultados mágicos deberían ser otros. Bienvenidos todos a la realidad.