Félix Madero-Vozpópuli
- Que vuelvan a la Puerta del Sol los que hicieron sus negocietes con el 15M es muy provocador
Los que hace quince años se manifestaban en la Puerta del Sol son hoy los coroneles de la extrema izquierda con los resultados que ya conocemos. De una u otra forma todos, y todas, están colocados. Algunos se han hecho con un capitalito, otros con un chalet en una zona residencial, Galapagar por ejemplo, que no podrían comprar los que duermen en Sol aunque juntaran sus cuentas corrientes. Pobres angelitos, ¿sabrán esto? La contención no es una virtud de la gente de extrema izquierda, y desde ahí, y desde su mansión, hay que soportar las aportaciones de Pablo Iglesias al problema de la vivienda. No hay limites para quien no conoce la vergüenza.
Entre este personal perversamente progresista hay quien, como Yolanda Díaz, vive en hermoso piso de 443 metros cuadrados en el Paseo de la Castellana. Pero ella habla como lo que parece ser, una neocomunista que sin ninguna discreción ha encontrado sentido a la vida que viven aquellos a los que detesta. Cuando le conviene es Gobierno, cuando no, habla como si estuviera fuera. Yolanda Díaz es un peligro para la política, sobre todo porque no es lo que parece. Lo es también por su simpleza, que no puede esconder y ralla en lo fronterizo. O por su capacidad para aplicar rigurosamente el catecismo comunista en momentos en los que la opinión pública la mira. Con razón se preguntaba ayer Carlos Herrera, “¿pero de qué frenopático ha salido esta gente?”
Ceuta, la acampada con mayúsculas
Hay que tener mucha cara para que, con toda la naturalidad de la que es posible la mentira elaborada, esta señora diga que si hay que manifestarse contra el gobierno ella se manifestará. O sea, que lo va a hacer contra sí misma. O sea, que por la mañana Yolanda Díaz se manifestará por la vivienda y contra el Gobierno del que es vicepresidenta, y por la noche y ya sin pancarta, volverá a dormir a la maravillosa casa que le pagamos los españoles, ultras y fachas incluidos.
Que vuelvan a la Puerta del Sol los que hicieron sus negocietes con el 15M es muy provocador. Para los que tienen memoria, y muy sugerente para los que nos dedicamos a escribir. Aunque lo es más aún constatar que los incautos acampados saben poco o nada de los que hace quince años estuvieron allí buscando un porvenir. Lo que fue de ellos y ellas. Lo que cambiaron. Los salarios que consiguieron. Las casas en las que viven. Estos son los que 15 años después piden expropiaciones de viviendas y contratos vitalicios de alquiler. Han resultado ser muy de la escuela de Rajoy cuando se hizo aquel lio semántico que hoy adquiere significado en boca de estos privilegiados progresistas: “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos, mejor para mí el suyo beneficio político”.
Gobernar con prisas no es recomendable porque hace que el gobernante sacrifique los principios por sus intereses, propios o de partido. O, como parece evidente, intereses para que la presión de la calle no termine obligándole a lo que menos desea, adelantar las elecciones. Gobernar retirando el foco a una urgencia como lo es Ceuta para centrarlo en otra, y hacer como si solo la última existiera, es una táctica política vieja y políticamente repugnante.
El Gobierno no tiene que solucionar un problema, tiene muchos de naturaleza superior, y ninguno dejará de serlo porque la noticia se ponga en las tiendas de campaña de la Puerta del Sol. Por desgracia la acampada que va a durar va a ser la de Ceuta.
Maricarmen culpa a Sánchez
El problema de la vivienda en España lo es desde hace muchos años, lo es también desde de que Pedro Sánchez gobierna. Son leyes socialistas las que han permitido el desahucio de Maricamen, una mujer que cuando le han preguntado por el culpable de su situación responde sin dudar: Pedro Sánchez. No lo sabe o no lo quiere saber, pero Sánchez está ya en un tremendo estado de chasis, que diría Carlos Luis Álvarez, Cándido.
Avergüenza recordar que, hace unas semanas, apareció en uno de sus telediarios contemplando como una grúa derribaba la fachada de un antiguo cuartel para hacernos creer que la Operación Campamento retomaba fuerza. Era 11 de enero de este año. A su derecha la ministra de Vivienda, a su izquierda Félix Bolaños. Detrás, una destartalada fachada a merced de una excavadora. Estaría bien que, hoy martes, una televisión volviera al lugar de la propaganda a ver qué quedó de aquello. Allí, sin cortarse, y mirando a la cámara, hizo su habitual faena:
-Hoy por fin empieza a construirse un nuevo barrio en Madrid y se pasa de la palabra a los hechos. Y ahí sigue el personaje, con un par.
Urge adelantar elecciones
Me pregunto de qué pasta estamos hechos para soportar que nos mienta tanto este hombre. Sánchez no tiene valor para decir la verdad, por ejemplo, que la vivienda es un problema que no se arregla con un decreto, ni en una legislatura. Congelar los alquileres sólo empeora la situación. Y la expropiación es inviable desde el punto de vista constitucional, aunque también lo era la amnistía, de modo que vaya usted a saber, si llega el caso, cómo ata Pumpido el rabo de esa mosca.
La vivienda es un problema que no se solucionará sin un pacto de Estado entre Gobierno central, ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Para eso es necesario que lo lidere alguien con credibilidad, con palabra, y que no se haya dedicado a dividir a los españoles y a colocar muros entre la izquierda y la derecha. Esta es una razón más por la que Pedro Sánchez debería adelantar elecciones. Con este hombre es imposible ya alcanzar un acuerdo por mínimo que sea.
Porque si vergüenza da esa foto con una grúa derribando una fachadita, más da escucharle decir que ahora, repito, ahora “el Gobierno trabaja contrarreloj para aprobar hoy el decreto sobre vivienda”. Por eso cabe preguntarse, ¿y antes, a qué se han dedicado Sánchez y su contingente ministra de Vivienda?.
Sánchez ya no tiene tiempo
En la Puerta del Sol gentes que pueden ser cualquier cosa menos conservadoras, gritaba eso de “Gobierno progresista, hipócrita y rentista” y entonces las alarmas se encendieron y el reloj empezó a funcionar. Pero son varias las alarmas y varios los relojes. Ceuta sigue siendo el gran problema, porque aquí no sirven bonitas palabras como con la vivienda. Y el desastre dura ya 61 días. La acampada de Ceuta es la que va a durar. La de Sol tiene los días contados, justo hasta el momento en que el Gobierno descubra que ya no la necesita o los acampados se salgan con la suya, que todo puede ser.
Cuando son varios los relojes con la cuenta atrás, el tictac del minutero también se mueve por Sánchez. Aunque no se lo crea y tenga por ahí a una animosa vicepresidenta que anuncia que se manifestará contra él. Y contra ella misma. Una señora que ahora no sabe quién es. Ni quién le paga la casa. Por no saber, ignora qué hace dentro del Gobierno las veces que desea estar fuera y pide expropiaciones y contratos vitalicios de alquiler. Exprópiese, que decía el mentecato de Hugo Chávez. ¡Qué recios los comunistas cuando se vienen arriba!
Dudo de que Sánchez sepa quién era Georges Brassens, pero está haciendo exactamente lo que recomienda el francés cuando uno está a punto de morir y lo sabe: Al cementerio hay que ir por el camino más largo. Y en eso están. En durar como sea, aunque el fiambre ya no tenga pulso. No saben lo que dicen, pero a estos tipos, reincidentes y calculadores, no se les puede ni debe perdonar por lo que hacen.