Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

Ceuta arde en las llamas de la actualidad ante la falta de soluciones fáciles y tras la falta de voluntad en adoptar las existentes, que son muy complejas. Han pasado ya más de dos meses y las cosas continúan tan mal como estaban a finales de julio. A Ceuta le mata su falta de peso electoral. No cuenta y su sufrimiento es perfectamente soportable. Sobre todo para quienes no lo soportan, que son todos los que deciden. En medio, en los márgenes del incendio ceutí, se cuela a empujones otro problema que tiene similares dificultades de solución, pero con la ventaja de que su ‘peso electoral’ es mucho mayor, pues afecta a mucha más gente: la escasez y consiguiente carestía de la vivienda, justificada plenamente por la realidad social, pero abusivamente excitada por el desahucio de Maricarmen, una persona vulnerable que vivía en el elegante barrio del Retiro y que había perdido varios juicios por el camino. El Gobierno, en un alarde de impudicia, trata de agacharse para endosarle el marrón a la oposición. Una tarea imposible, cuando lleva ocho años al mando, sin mover ficha y justo cuando el pasado fin de semana «se ha puesto las pilas», como dijo el presidente en el mitin de Getafe. O bien no es cierto que la culpa es de la oposición o bien no es verdad que dispone de la mayoría social que proclama y de la que lleva jactándose toda la legislatura y sobre la que se apoya para sostenerse, aunque sea en equilibrio inestable. Si es verdad que no le dejan actuar, que convoque elecciones de una vez a ver si hay otros que puedan hacerlo. No por ser más inteligentes, pero quizás sí por tener más votos.

En medio del triste espectáculo de este agónico final de legislatura, disfrutamos (?) del insólito anuncio de la vicepresidenta Díaz, quien a voz en trueno y embebida por un ataque de santa ira justiciera, llama al pueblo a manifestarse… ¡contra el Gobierno que vicepreside! Cuando se estudie el hecho en las facultades de Ciencias Políticas, los alumnos creerán que sus profesores han enloquecido. Díaz lleva meses practicando el absentismo más vergonzoso, dedicada solo a promocionar su candidatura a la OIT y cuando vuelve al trabajo lo hace para decir semejante majadería.

Hoy se celebra un peliagudo Consejo de Ministros, emparedado entre dos amenazas. O satisface a Junts, y entonces irrita a su izquierda y deshilacha su imagen progresista, o satisface a la ultraizquierda y entonces se queda sin los necesarios votos de Junts y, por lo tanto, sin decreto. ¿Hay algún conejo en medio del sombrero? Si no es capaz de encontrarlo Sánchez, no lo encontrara nadie. Pues nada, hasta la siguiente…