Pedro García Cuartango-ABC

  • Aunque lograran atajar los desahucios de personas vulnerables y evitar la especulación, tendrían el efecto inmediato de disminuir el número de viviendas en alquiler

Recurro para encabezar esta columna al título del libro de Elias Canetti, un sefardí nacido en Bulgaria, que publicó en 1960 ‘Masa y poder’, su libro más importante e influyente. Su objetivo era analizar las causas que estaban detrás del auge del nacionalsocialismo y, más allá de ello, estudiar la dinámica de las movilizaciones sociales.

Canetti vivió en Fráncfort y en Berlín durante la República de Weimar y fue un espectador privilegiado del ascenso de Hitler al poder, ayudado por la crisis económica y la inflación que creó un gran descontento entre la población. También asistió a la radicalización de la izquierda en Alemania y la represión del espartaquismo, cuyos líderes fueron asesinados.

Los años que van desde 1918 a 1933, la fecha en la que Hitler es nombrado canciller, fueron tiempos de una enorme agitación social. La izquierda y la derecha se enfrentaban en la calle en un clima de huelgas, pobreza y violencia. Aunque la distancia histórica es enorme, hay un cierto paralelismo en la sensación de crisis de la Alemania de Weimar y la situación de hoy en muchos países europeos.

Canetti, Nobel de Literatura en 1981, describió la masa con cuatro rasgos esenciales: se expande para no desaparecer, el individuo se diluye en su interior, el miedo al contacto físico queda en suspenso y siempre apunta a una dirección. No importa la causa ni la ideología, el comportamiento de la masa obedece siempre a las mismas leyes.

No hay racionalidad sino sólo emociones, pero las movilizaciones humanas necesitan ser canalizadas por un líder o una idea fuerza. La persuasión no funciona cuando la masa es sacudida por la energía que la recorre y que lleva a una exaltación colectiva.

Todo esto viene a cuento de la acampada de cientos de personas en Sol para exigir soluciones inmediatas al problema de la vivienda. Sumar, Podemos y otras fuerzas de izquierda proponen la paralización de los desahucios, la prorroga de los alquileres, la limitación de los precios y la penalización de los pisos turísticos. Y también defienden las expropiaciones, siguiendo el modelo de Die Linke en Berlín.