Francisco Rosell-El Debate
  • Inadvertidamente, ha comprado el relato de conveniencia de una izquierda que nada hizo por Olga Matute, la madre de 54 años de Hospitalet de Llobregat que se suicidó el pasado 7 de septiembre, después de ser desahuciada del piso en el que residió 20 años y de comparecer en el Parlament

Con un gobierno instalado en el disparate y situado en el disparadero por su incompetencia y corrupción sistémicas, a nadie puede extrañar que el Consejo de Ministros de ayer recreara la serie televisiva de éxito Aquí no hay quien viva. Con vecinos tan mal avenidos, con sus inquilinos peleados entre sí y con trifulcas que son puro estruendo, no es raro que no sepan bien ni lo que aprueban en medio de tal berenjenal entre los socios que cohabitan en el seno. «Tengo un cacao», admitía Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda, a los periodistas a la hora de aclarar el contenido de los decretos sobre el arrendamiento inmobiliario en una de las dos ruedas de prensa que celebraron en paralelo PSOE y Sumar. Luego de que hayan debido trocear en dos trozos el denominado ‘decreto Maricarmen’ para tratar de convalidarlo en el Parlamento con socios tan antagónicos, como en la carnicería, Sumar se ha quedado con la parte que le gusta y Junts con la que le apetece, mientras Podemos les monta el pollo porque no le gusta el corte que le ha dado a la norma.

Es lo que ocurre cuando un presidente como Sánchez llega a la Moncloa anunciando que su prioridad es finiquitar el problema de la vivienda y ocho años después manifiesta que el asunto tiene caracteres de emergencia, por lo que hay que aprobar velozmente nuevos decretos que apilar a los existentes y sin colocar un ladrillo acreditando con su estropicio que no ansiaba el poder para gobernar, sino para mandar. En esas circunstancias, procura liarla parda emulando a Groucho Marx cuando, como director del hotel de Una noche en Casablanca, ordena alterar de repente los números de las habitaciones. «Pero los clientes se van a equivocar de cuarto. Piense en la confusión que crearíamos», alerta un subalterno. «Y usted piense en la diversión», responde Groucho.

Pues eso ha debido cavilar quien, en lugar de rectificar su nefanda política de vivienda, ahonda en ella para que el caos sea general. A estos efectos, el señuelo de Maricarmen Abascal sólo le sirve de instrumento para orillar sus fiascos y repartirlos entre todos porque, como aseveró ayer la titular de Vivienda, «con Maricarmen hemos fracasado todos» socializando la incompetencia cual derrama del edificio en ruinas con Yolanda Díaz animando a manifestarse contra el Ejecutivo que vicepreside y con su comilitona Mónica García protestando delante del hospital en el que ha sido atendida Maricarmen Abascal olvidando que sus médicos llevan año y medio en huelga por su culpa.

En medio de tal delirio, el Ejecutivo recurre a otras de esas «soluciones clarifinantes» de las que habla el psicólogo austronorteamericano Paul Watzlawick consistentes en aplicar remedios que, lejos de sanar, causan terribles hemorragias, pero le permite sacar pecho como «el señor don Juan de Robles, / de caridad, sin igual, / fundó este Santo Hospital / pero antes hizo a los pobres». De esta guisa, se explica que la vivienda haya pasado de ocupar el 16º lugar entre las inquietudes ciudadanas cuando Sánchez arribó a La Moncloa a ser la primera. No en vano, su barquinazo ha disparado el precio del alquiler un 30 % que es el porcentaje de arriendos retirados del mercado por la inseguridad jurídica y el ataque a la propiedad.

Todo ello se agudizara con esos demagógicos decretos bajo el nombre de la anciana madrileña con limitaciones de movilidad, pero que durante décadas se aprovechó una situación ilegal al subrogarse la vivienda de renta antigua de sus padres, cuya reglamentación suprimieron por doble vía los ministros socialistas Boyer y Borrell. Ello obligó a sus legítimos dueños a vender a pérdidas su piso a la pequeña empresa que la recompró (Urbagestión) y que, a su vez, ha debido renunciar al desalojo, pese a darle la Justicia la razón, cuando paga ingentes impuestos para que el Estado atienda la dependencia de una inquilina que conservará de por vida un hogar en un emplazamiento inmejorable frente al Parque del Retiro madrileño por una cuota ridícula que, en caso de impago, asumirá el Ayuntamiento.

Cuando el chantaje funciona como con Urbagestión que se ha visto atrapada en una tolvanera de demagogia –después de admitir que no es un fondo buitre, el Gobierno la tilda ahora de ser «una pyme buitre, muy carroñera»– y el atropello se legitima por los gobernantes, se socava un Estado de derecho que se asienta sobre la libertad y la propiedad. A ello no ayuda el acuerdo propiciado por el alcalde madrileño Martínez-Almeida al edulcorar esta extorsión porque, como Benito Pérez Galdós pone en boca de un personaje de su novela «Doña Perfecta»: «Si me contesta usted con lágrimas y suspiros, me conmoverá, pero no me convencerá; razones y no sentimientos me hacen falta».

Llevado de su voluntad de apaciguamiento, el regidor del PP daña la seguridad jurídica de un bien primordial como el de la vivienda. Y, desde luego, no va a desactivar la agitación de la izquierda porque, en estos prolegómenos de las elecciones municipales y autonómicas, como con el 15-M de 2011, la acampada de la Puerta del Sol, favorecida por la Delegación del Gobierno, forma parte del intento de rearme electoral de la extrema izquierda. De hecho, ya se registró un ensayo con la suspensión de la etapa final de la Vuelta a España de 2025 entonces bajo la bandera gazatí y el boicot al equipo israelí participante en la ronda ciclista.

En este sentido, Almeida ha podido incurrir en el error de libro que el neurolingüista George Lakoff aconseja soslayar para dominar el discurso político. Tras encarecer a sus alumnos que «no penséis en un elefante» (símbolo republicano), estos no pudieron quitarse de la cabeza al paquidermo, lo que equivalía a enfocar los asuntos desde la óptica republicana. Inadvertidamente, ha comprado el relato de conveniencia de una izquierda que nada hizo por Olga Matute, la madre de 54 años de Hospitalet de Llobregat que se suicidó el pasado 7 de septiembre, después de ser desahuciada del piso en el que residió 20 años y de comparecer en el Parlament. A nadie conmovieron sus lágrimas.

Claro que no era cuestión de comprometer a las administraciones de izquierda catalanas, sino a las del PP acampando ante la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid para hacerlas pagaderas de una política de vivienda que se resume en esa casita de papel, papel, bajo el aparatoso título de Casa 47 con el número del artículo de la Constitución que recoge el derecho a la vivienda, y que pareciera estar inspirada, no en parámetros socialdemócratas, sino en los bolcheviques de Largo Caballero. En un mitin en la población pacense de Don Benito en 1933, el Lenin español, a quien alguna vez Sánchez ha puesto como referente, fue explícito al respecto: «Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. No ocultamos nuestro pensamiento. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada (…). Tardaremos más o menos, pero no ocultamos que vamos hacia la revolución social. (…) Y yo digo que la burguesía no aceptará una expropiación legal. Habrá que expropiarla por la violencia.»