Gabriel Sanz-Vozpópuli
- Pedro Sánchez pretende contentar a una parte de sus votantes y de los que están a su izquierda con medidas radicales contra los desahucios sin molestar a la otra parte de su electorado, los propietarios de vivienda
Pedro Sánchez está intentando lo más difícil en política, y en la vida en general, que es soplar y sorber, hacer una cosa y su contraria, calmar a su votante inquilino vulnerable a cuenta de la tranquilidad de su votante propietario del piso; lo cual lleva a una reflexión inexorable: intentar agradar a todos siempre resulta el camino más corto para cabrear a todo el mundo.
Atrapado como se encuentra en un final de legislatura imposible entre los escándalos que acechan al PSOE por corrupción, el fracaso de gestión tras el asalto de 80.000 inmigrantes a Ceuta y, sobre todo, la sensación generalizada de que los sueldos no dan para vivir, el presidente del Gobierno ha intentado ponerse al frente de la manifestación contra el desahucio de Maricarmen Abascal; ya saben, la anciana de 87 años desalojada del piso de renta antigua donde vivía desde niña en una de las mejores zonas de Madrid.
El problema aquí del inquilino de La Moncloa, que tampoco quiere ser desahuciado por Alberto Núñez Feijóo tras las elecciones generales en 2027, es que la izquierda a su izquierda, cuyo brazo armado por decirlo así es el llamado Sindicato de Inquilinas, le ha tomado la medida, tal que en su día los protagonistas de aquel 15M de 2011 se la tomaron al Gobierno de su antecesor José Luis Rodríguez Zapatero acampando un mes en el centro de Madrid..
Y, como Groucho Marx, el sábado por la noche los epígonos de aquella Juventud sin futuro que fueron los hoy talluditos Pablo Iglesias, Irene Montero, Íñigo Errejón y tantos otros que luego hicieron fortuna en Podemos, se dijeron a sí mismos: sujétame el cubata. A la madrileña Puerta del Sol que se fueron al acabar la multitudinaria manifestación para frenar el desahucio de Maricarmen y ahí siguen acampados.
Ocho años de contradicción
Esa protesta de hoy, por más que La Moncloa y la dirección socialista en Ferraz intente reconvertirla en la quintaesencia de la imagen de Gobierno dialogante -también lo intentó Zapatero en su día, opuesto a lo que sería un Ejecutivo de PP y Vox, es la viva imagen de un final de ciclo de esta izquierda por agotamiento.
La sensación que se proyecta desde esa Puerta del Sol tomada desde el sábado por la noche vaya usted a saber hasta cuándo, cual 15M redivivo, es la de un gobierno de PSOE y Sumar puestos frente al espejo de sus contradicciones por su propia base de izquierda, harta de promesas vanas o de imposible cumplimiento.
La primera de sus contradicciones es haberse reclamado desde el primer día “el gobierno más progresista de la historia” (sic)… con un Congreso de derechas, el que emanó de las elecciones de 2023 en el cual PP, Vox y Junts per Catalunya suman 177 diputados por más que el malhadado procés independentista separara el camino de esas tres formaciones -y el PNV- hace diez años.
La segunda contradicción es no haber buscando en ocho años un consenso de mínimos obligado con un PP gobernante en once comunidades autónomas y ahora su vicepresidenta Yolanda Díaz tenga el cuajo de llamar a manifestarse “contra el Gobierno” (¡¡¡) sin ponerse colorada. Y es que, si Sánchez ha acabado atrapado en sus contradicciones, lo de una Díaz que no se va de este gobierno ni con agua hirviendo es para nota.
Más de 265.000 ‘Maricarmenes’ en ocho años
Este fracaso, otro, se explica por la imposibilidad de poner de acuerdo en casi nada a los socios que apoyaron la investidura de Sánchez hace tres años única y exclusivamente para que Santiago Abascal no fuera vicepresidente en un gobierno de Feijóo; Así de simple. Tres años de bloqueo -ocho si hablamos de vivienda- nos contemplan después de que Pedro Sánchez asegurara muy campanudo en 2015 que con él de presidente acabarían los desahucios.
Según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en sus casi ocho años y medio ya de mandato se han producidomás de 265.000 lanzamientos -qué denominación más obscena- igual o más dramáticos que el de Maricarmen, por mucho que nos duela ver salir en camilla a una anciana que podría ser nuestra madre, tía o abuela. Desahucios con madres y niños sin futuro a la calle que parecen no importarle a nadie… hasta que aparecen en el Telediario.
A ver cómo convence Sánchez a Junts, socio indispensable, de que lo que tumbó en febrero porque iba contra los propietarios, en los que hacía recaer el coste del no desahucios y las inquiokupaciones, ahora tiene que salir adelante sí o sí dentro de tres semanas en el Pleno del Congreso de los Diputados.
¿Por qué va a apoyar Junts algo que vaya contra su ideario liberal en lo económico y su programa político? ¿Porque lo dice el mismo sindicato de inquilinas contra el que pelean a brazo partido los de Carles Puigdemont en esa Barcelona capital del desahucio? ¿Qué incentivo tiene ese apoyo para un ex president de la Generalitat a punto de regresar de su huida a Waterloo (Bélgica) amnistiado por el Tribunal Constitucional y deseoso desde hace meses de pasar la página Pedro Sánchez?