- ¿Elecciones? Lo que diga Pedro Sánchez, es decir, lo que le convenga a Pedro Sánchez
Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
Oportunamente escondido tras el lamentable espectáculo de la invasión a Ceuta que lleva dos meses en la cabeza del cartel sin encontrar un final aceptable; y tras ser arteramente ocultado en el desgraciado episodio de una anciana desahuciada que -eso sí- vivía en un elegante barrio de Madrid y que la justicia había decretado en aplicación -eso también- de una ley aprobada por un gobierno socialista anterior ha pasado disimulado el ‘olvido’ del Gobierno.
La Constitución, nada menos, establece el mandato de presentar una vez al año el Proyecto General de Presupuestos. Le recuerdo que es un mandato de obediencia obligada y no una prerrogativa de voluntaria aceptación. Es ya el cuarto ‘olvido’ consecutivo, lo que completa toda una legislatura perdida y en abierta y frontal rebeldía frente a la ley.
Sánchez solo se siente obligado por lo que le conviene y cumple solo con lo que le interesa. Y, como esto le conviene poco porque le obliga a definir políticas y a estableces prioridades, pues le interesa menos aún y por eso no presenta los Presupuestos. Una ausencia que sucede ante la pasividad de los partidos situados a su izquierda, la abulia de los socios que le sostienen y la desesperación inocua de quienes le acechan.
El viernes el desplante de Junts a los decretos de vivienda dió el mazazo definitivo a todas las esperanzas de aprobación de cualquier proyecto de Cuentas públicas. Al igual que sucede con los decretos, los Presupuestos morirán antes de nacer. Bueno, aún peor, pues los decretos sí nacieron e incluso se aplicaron durante unas pocas horas. Las suficientes para mostrar sus dramáticos e indeseados efectos sobre el stock de viviendas en alquiler. Ocho años de culpable inacción, una semana de frenética demagogia y unas horas de aplicación. Ese es el verdadero resumen del auténtico interés del Gobierno por la vivienda que se esconde detrás de este lío. Un jaleo montado para satisfacer, además, oscuros intereses que no son precisamente los señalados, los de los inquilinos.
¿Son importantes los Presupuestos? Pues, de momento, es lo habitual en el mundo de las democracias occidentales. Es lo legal en los ordenamientos jurídicos del entorno y, con total seguridad, lo más decente y eficiente. Saber lo que va a gastar el Gobierno y para qué lo va a gastar es un comportamiento saludable e higiénico. En cambio, esto de no presentarlos en toda la legislatura seguro que supone un récord mundial de pasotismo institucional, otro de desafío constitucional y un tercero de mal ejemplo democrático.
Pero eso, ¿a quién le importa? Se refiere a quién, aparte de a mí. Pues solo a unos pocos y siempre muy poco. Nada de que deba preocuparle a este Gobierno de sabios, ilustrados, cautelosos y próvidos ministros. Quizás, de haberlos tenido a tiempo y forma, de haberlos podido pensar con detenimiento y madurar con paciencia, no hubiésemos tenido que esperar hasta esta semana para conocer cómo se le va a dar una vivienda a la señora Mari Carmen.
Quizás nos hubiésemos evitado el atropello insultante de dos decretos desconocidos incluso por la ministra del ramo a la hora de presentarlos y por los partidos concernidos a la de aprobarlos. Quizás hubiésemos evitado las abolladuras provocadas a la seguridad jurídica y al sentido común por tamaña improvisación.
Quizás nos hubiera dado tiempo a planificar la gestión del suelo edificable hasta su conversión en viviendas utilizables, por los miles -quizás ya millones- de ancianos y de jóvenes, todos interesados y muchos de ellos necesitados de una vivienda asequible.
Quizás hasta nos hubiésemos sustraído al bochorno del sopapo propinado por Junts al Gobierno que le ha dejado pasmado a Sánchez y al PNV con la ‘espalda baja’ al aire paralizado por su permanente indefinición y su tradicional pusilanimidad. Una actitud parapetada tras esa cursilada del ‘voto ‘afirmativo y crítico’ que es un simple voto afirmativo. Otro más y van… ¿Cuántos y para qué exactamente?
Como dice Rafa Latorre, en este país ¡qué mal gobierna la oposición! Y ahora, ¿qué? ¿Elecciones? Lo que diga Pedro Sánchez, es decir, lo que le convenga a Pedro Sánchez. ¿Lo que convenga a los inquilinos y a los jóvenes sin vivienda? No, claro que no. Le he dicho que lo que le convenga a Sánchez. No me interprete…