Editorial-ABC

  • Si la razón de convocar elecciones es el revés parlamentario con la reforma del alquiler, han de ser los ciudadanos en las urnas los que decidan sobre esta cuestión

La precampaña electoral de Pedro Sánchez puede comenzar con un fraude constitucional si el Consejo de Ministros aprueba este martes dos reales decretos leyes sobre vivienda que recojan sustancialmente lo mismo que los que fueron rechazados por el Congreso de los Diputados el pasado viernes. La argucia del Gobierno es revertir su derrota en el pleno llevando los nuevos decretos a la Diputación Permanente del Congreso, donde la composición parlamentaria beneficia al PSOE porque Junts no tiene representación. Los ciudadanos pueden toparse así con el primer paso de una campaña trufada de ejercicios abusivos y fraudulentos de las facultades que conserva el Gobierno. Es un fraude constitucional, aunque como todo fraude legal presente una apariencia de legalidad. Es legal que el Gobierno apruebe un real decreto ley y es legal que lo convalide la Diputación Permanente. Lo que contradice la Constitución en su espíritu más explícito es convertir la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados en la alternativa fácil de un mal perdedor, como Pedro Sánchez. El pleno del Congreso de los Diputados ya declaró que no quiere que se reforme el mercado del alquiler mediante reales decretos leyes como los rechazados. Y precisamente por este rechazo, Pedro Sánchez ha disuelto el Parlamento y ha convocado elecciones anticipadas. Incluso justificó su decisión con la terrible afirmación, que cualquier autócrata populista firmaría sin dudar, de que «los intereses de la gente de a pie son pisoteados en el Parlamento en beneficio de unos pocos». Pocas veces se ha deslegitimado al Congreso de forma tan burda y temeraria. Precisamente, la Diputación Permanente es el órgano que da continuidad a ese Parlamento que tanto desprecia Pedro Sánchez.

Políticamente, la trampa del Gobierno con la Diputación Permanente retrata de nuevo el apego de Sánchez por el fraude. Dijo que no gobernaría con Bildu, y lo ha hecho; que no gobernaría con Pablo Iglesias, y lo hizo; que la amnistía era inconstitucional, y aprobó una para comprar votos; que traería a Puigdemont para presentarlo ante la Justicia y le ha regalado la impunidad. El fraude ha sido un signo de identidad del sanchismo que ha contaminado el funcionamiento de la democracia, hasta convertirlo en un escaparate de trampas. Sánchez se niega a sí mismo por su intolerancia a la verdad como concepto ético. Si la razón de convocar elecciones es el revés parlamentario con la reforma del alquiler, han de ser los ciudadanos en las urnas los que decidan sobre esta cuestión. Pero si el Gobierno aprueba dos reales decretos leyes como los derogados estará de nuevo estafando a los ciudadanos, porque no respetará el mandato del Congreso de los Diputados. Y aunque el ministro Bolaños se remita a supuestos antecedentes similares, lo cierto es que los decretos convalidados por la Diputación Permanente o estaban aprobados antes de la disolución del Parlamento o respondían a circunstancias novedosas –créditos extraordinarios, crisis medioambientales, la guerra de Ucrania– posteriores a la disolución.

Con los reales decretos leyes que se aprobarían este martes, Sánchez elude el control parlamentario del pleno del Congreso de los Diputados y se refugia en la excepcionalidad que representa de la Diputación Permanente, en la que no están algunos de los diputados que votaron contra las medidas sobre vivienda. Además, no se cumple el requisito constitucional de que estas normas aprueben medidas «en caso de extraordinaria y urgente necesidad». La crisis del mercado de alquiler no es extraordinaria, ni súbita, sino crónica. Y la pasividad del Gobierno demuestra que no es urgente. El Parlamento aprobó en 2023 una ley de vivienda, lo que acredita que esta política pública no necesitaba legislación de emergencia, sino que podía reconducirse por el procedimiento legislativo ordinario.

Toda esta legislatura ha sido un carrera de Sánchez a la fuga de su propia precariedad parlamentaria. Nunca debió comenzar como lo hizo y debió terminar mucho antes. Pero, en todo caso, mejor ahora que más tarde. Sin embargo, Sánchez, como en la fábula del escorpión, tiene su propia naturaleza política, autócrata, iliberal y fraudulenta. Todo un aviso para lo que le espera a la sociedad española hasta el 29 de noviembre.