José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • El líder socialista emboca la campaña sin más argumentos de las trampas y sin más relato que el desportillado aviso sobre la ultraderecha

Un borracho no puede ver un corcho sin ponerse a soñar. Sánchez no puede ver en riesgo su colchón de la Moncloa sin ponerse a incendiar. A esta nueva pirueta para seguir en Moncloa concurre débilmente pertrechado. Apenas retales para incautos, palabros altisonantes más bien rancios, mercadería de hojalata, argumentario de rebajas, promesas de chisgarabís acorralado. Los buitres, los tiranos, los tecnoligarcas, los especuladores, las élites económicas, la ola de ultraderecha o el Parlamento “donde se pisotean los intereses de la gente”. No es Cicerón, desde luego. Un prevaricador del lenguaje.  Pura quincalla de primero de Podemos. Bazofia de populista, una jaculatoria desaliñada para escapar del desaguadero.

“Defensor de la humanidad”

Nada ya que ofrecer salvo el manoseado estribillo que suena a carraca oxidada. Las fuerzas progresistas contra las hordas reaccionarias. Se le atascó el reloj, como al sombrerero loco de Alicia, que en su casa siempre son las cinco y siempre es la hora del té. Toda Europa camina hacia otro lado, lejos del wokismo, del multiculturalismo, la inmigración a cascoporro y el dirigismo caníbal. Ya solo queda Pedro, que se siente el único, el elegido de para la gloria, el líder planetario, “defensor de la humanidad”, llegó a autoproclamarse en un nuevo arrebato de endiosamiento demencial.

Ocho años después, tiene el zurrón vacío, la cuenta de resultados en números de espanto, la popularidad por los suelos y su horizonte personal al borde de las rejas. Apenas le queda, como último refugio, esa cháchara revenida que sólo entusiasma a Patxinadie y a Montse ricitos de oro. No quería pero ha tenido que convocar. Dedicó el fin de semana a repasar su artillería, a ordenar sus herramientas para el combate. Una nadería.

Tan sólo tres añagazas fulleras para eludir el desastre. Son recursos zafios, zarrapastrosos, entre coléricos y desesperados, que llevan el estigma del perdedor. Primero los nietos, o tataranietos, o vecinos y conocidos, pendientes del Supremo, dos millones que quedan fuera del censo pero 400.000 ya aprobados y activados. La mitad de las circunscripciones se juegan al menos un escaño en el voto por correo. Un detalle que puede decidir el color del Gobierno.

Heroicos sindicalistas

Luego están los zampagambas, ocho años sin abrir la boca, sin decir ni mú de los fijos discontinuos, de la manipulación de las cifras de desempleo, de los salarios de pena, de la política económica ruinosa, del sudor angustiado de los autónomos y de los trabajos basura sin recompensa. Sordo y Pepe, los jefecillos de Coco y Ugeté, las Pili y Mili del langostino, las costureras de Yoli, la vergüenza del recio sindicalismo que ya murió, anuncian ahora una huelga general contra la oposición. Lo nunca visto. Tan ridículo que roza la herejía. Será un sonoro fracaso alimentado únicamente en los altavoces del régimen. “Hay que poner tensión en las calles”, anuncia Sordo con ese aire de cretino desapacible.

Y finalmente los perroflautas, los pijoprogres, los nenes de papá que un día acampan en la puerta del Sol en Madrid y el siguiente prenden fuego a la Plaza Urquinaona en Barcelona. Mucho ruido y furia. Las hordas que paralizaron la Vuelta, que pretendieron cercar el Congreso, que asaltan ahora actos y plazas con una insistencia infrecuente. La purria de la ultraizquierda escacharrada, empeñada en meterle miedo a la derechita, de la que provienen. Mucho podemita, mucho versero de ocasión, mucho gandul desportillado, y, sobre todo, mucho tiempo libre y subvención a grifo abierto para montar jarana, jalear la bronca y sentirse héroes por un día en una tonadilla de Silvio (Rodríguez).

Pisos para todos

Como quizás este trípode resulte escueto y sin garantías, cada día un peldaño más cerca de tocar fondo, ha recurrido a dos de sus bazas que imagina invencibles. Por una parte, ha designado coordinadora de su campaña electoral a MJ Montero, gran éxito en las andaluzas, a punto estuvo de quedar ella misma fuera del parlamento regional, una perdedora sin paliativos, un desastre antológico, la arquitecta del saqueo fiscal a los españoles, rescatada ahora del sumidero porque Sánchez ya no fía ni en Bolaños ni en Óscar López. Y como gran sorpresa de última hora, a utilizar según vayan las encuestas, la reaparición de Rodríguez Zapatero, rey de las alhajas, contrabandista del diamante, palanganero del régimen criminal del Orinoco y elemento dinamizador en citas electorales adversas. Le atribuyen la sorpresa de 2023, cuando todo era PP, y la victoria del avieso sacristán Illa, que abandonó la pandemia de Madrid con 130.000 muertos a sus espaldas.

La carrera de Sánchez hacia su reelección será un rosario de trampas, una colección de embustes, un denso espejismo de trolas. Ha arrancado con una oferta millonaria de créditos gratis a los jóvenes que le detestan. Hijo de fruta ha sido la canción del verano. Nadie con menos de treinta años y dos neuronas en el cerebelo le entregará su voto. Y por si faltaba algo, el retorno del forajido de Waterloo, que anima el voto de la derecha. “Lo traeré de vuelta a España para que rinda cuentas ante la Justicia”, proclamó el gran narciso en 2019. Quizás quien tenga que rendir cuentas finalmente sea él, como su hermano y su esposa. La duda de la mazmorra, decía miss Emily.