Pablo Sebastián-Vozpópuli
- El fallecimiento de Maricarmen alimenta en el PSOE la idea de una victoria en las generales
Para ello Sánchez ya cuenta también con el impulso de la ‘huelga electoral’ y general que han convocado para el 11 de noviembre los sindicatos UGT y CC.OO. subvencionados con dinero público (más de 71 millones de euros de media en los últimos ocho años). Unos sindicatos que renuncian así a su función laboral, para convertirse en apéndices políticos y agentes electorales al servicio del PSOE y la extrema izquierda (la que de momento continúa enredada en disputas internas). Asimismo, el Gobierno aprobará, en la Diputación Permanente del Congreso y de manera prácticamente fraudulenta, dos nuevos decretos contra los desahucios y los dos millones y medio de arrendadores de pisos en España, que ya veremos a quien votan tras sufrir esta segunda agresión.
Y pretende Sánchez que el Tribunal Supremo, recientemente humillado por la mayoría de Conde Pumpido en el Tribunal Constitucional a propósito de la ley de amnistía, les avale la ‘ley de nietos’ y permita votar en estos comicios a los recién nacionalizados españoles aunque no hayan acreditado, hasta ahora, la condición de ‘exiliados políticos’ de la República de sus antepasados. Todo ello endulzado, en la Diputación Permanente del Congreso, con las mejoras del salario mínimo y de las pensiones más bajas, conformando así con todo ello un cómodo colchón electoral para que Sánchez salte sin riesgo por la famosa ‘ventana de oportunidad’.
Y todo ello mientras aún meditan si incorporar a sus mítines de campaña al enjoyado y ya imputado Zapatero y si incorporar en sus listas electorales a su esposa, procesada y en la espera de juicio, Begoña Gómez para aforarla antes de que se siente ante un jurado popular en el banquillo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Con lo que el presidente, en ambos casos -y puede nombrar a su hermano David embajador en Japón- haría bueno el dicho de ‘a lo hecho, pecho’.
Y una semana después, el 11 de noviembre, tendrá Lugar la huelga general (y electoral) convocada por los sindicatos CC.OO. y UGT, en la que veremos que pasa con los piquetes huelguistas que intenten impedir el acceso al trabajo de los ciudadanos contrarios a la huelga, y como les garantiza ese derecho el ministerio de Interior que preside el inefable Grande Marlaska. Y finalmente el 13 de noviembre comenzará la campaña electoral, en la que cabe esperar la celebración de los debates electorales televisados, incluido un mano a mano entre Sánchez y Feijóo.
Con estos mimbres, que no son pocos, y el aplazamiento hasta después del 29-N, premeditado y puede que pactado, regreso a España del golpista y prófugo Carles Puigdemont, Sánchez pretende llenar de votos el cesto de su pretendida victoria en los comicios del 29-N. Los que él ha convocado con el argumento y la bandera de la Vivienda, en la creencia de que el PP de Feijóo y el Vox de Abascal no sumarán, como ya les ocurrió en 2023, la mayoría suficiente para gobernar, a pesar de que las encuestas le pronostican esta vez a la derecha una clara victoria con cerca de 200 diputados.
Una falsa república
De manera que un Sánchez ahora eufórico y decidido, y también temerario, ha decidido saltar por ‘la ventana de oportunidad’ que le abrió el desahucio de la lamentablemente fallecida Maricarmen Abascal, en la creencia de que caerá en un mullido colchón, aunque tampoco se descarta la posibilidad nada remota de que se puede estrellar, como sería democráticamente justo y políticamente de esperar.