Pablo Sebastián-Vozpópuli

  • El fallecimiento de Maricarmen alimenta en el PSOE la idea de una victoria en las generales
La muerte de la anciana Maricarmen Abascal, tras su desahucio y agitación política y social que lo rodeó, se ha convertido en un nuevo argumento para quienes en La Moncloa y Ferraz dicen estar convencidos (aunque no del todo) de que Pedro Sánchez ganará las elecciones del 29-N o, por lo menos, conseguirá renovar el poder con apoyo de sus aliados nacionalistas y de extrema izquierda.

Para ello Sánchez ya cuenta también con el impulso de la ‘huelga electoral’ y general que han convocado para el 11 de noviembre los sindicatos UGT y CC.OO. subvencionados con dinero público (más de 71 millones de euros de media en los últimos ocho años). Unos sindicatos que renuncian así a su función laboral, para convertirse en apéndices políticos y agentes electorales al servicio del PSOE y la extrema izquierda (la que de momento continúa enredada en disputas internas). Asimismo, el Gobierno aprobará, en la Diputación Permanente del Congreso y de manera prácticamente fraudulenta, dos nuevos decretos contra los desahucios y los dos millones y medio de arrendadores de pisos en España, que ya veremos a quien votan tras sufrir esta segunda agresión.

Y pretende Sánchez que el Tribunal Supremo, recientemente humillado por la mayoría de Conde Pumpido en el Tribunal Constitucional a propósito de la ley de amnistía, les avale la ‘ley de nietos’ y permita votar en estos comicios a los recién nacionalizados españoles aunque no hayan acreditado, hasta ahora, la condición de ‘exiliados políticos’ de la República de sus antepasados. Todo ello endulzado, en la Diputación Permanente del Congreso, con las mejoras del salario mínimo y de las pensiones más bajas, conformando así con todo ello un cómodo colchón electoral para que Sánchez salte sin riesgo por la famosa ‘ventana de oportunidad’.

Y todo ello mientras aún meditan si incorporar a sus mítines de campaña al enjoyado y ya imputado Zapatero y si incorporar en sus listas electorales a su esposa, procesada y en la espera de juicio, Begoña Gómez para aforarla antes de que se siente ante un jurado popular en el banquillo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Con lo que el presidente, en ambos casos -y puede nombrar a su hermano David embajador en Japón- haría bueno el dicho de ‘a lo hecho, pecho’.

Los Reyes a Ceuta y el regreso de Puigdemont 
Para el caso de la invasión de Ceuta, el presidente utilizará la pantalla de la ya anunciada visita de los Reyes de España, tras la celebración en Madrid, el día 12 de octubre, de desfiles militares de las Fiesta Nacional y la posterior recepción en el Palacio Real. Más adelante, en los días 4 y 5 de noviembre, Sánchez presidirá en Madrid la 30 Cumbre Iberoamericana (con la presencia de la venezolana Delcy Rodríguez), lo que le permitirá al presidente del Gobierno en funciones disfrutar de grandes espacios publicitarios y gratuitos en los informativos televisados.

Y una semana después, el 11 de noviembre, tendrá Lugar la huelga general (y electoral) convocada por los sindicatos CC.OO. y UGT, en la que veremos que pasa con los piquetes huelguistas que intenten impedir el acceso al trabajo de los ciudadanos contrarios a la huelga, y como les garantiza ese derecho el ministerio de Interior que preside el inefable Grande Marlaska. Y finalmente el 13 de noviembre comenzará la campaña electoral, en la que cabe esperar la celebración de los debates electorales televisados, incluido un mano a mano entre Sánchez y Feijóo.

Con estos mimbres, que no son pocos, y el aplazamiento hasta después del 29-N, premeditado y puede que pactado, regreso a España del golpista y prófugo Carles Puigdemont, Sánchez pretende llenar de votos el cesto de su pretendida victoria en los comicios del 29-N. Los que él ha convocado con el argumento y la bandera de la Vivienda, en la creencia de que el PP de Feijóo y el Vox de Abascal no sumarán, como ya les ocurrió en 2023, la mayoría suficiente para gobernar, a pesar de que las encuestas le pronostican esta vez a la derecha una clara victoria con cerca de 200 diputados.

Una falsa república

Se suele decir en política que los adelantos electorales los ‘carga el diablo’, pero tal creencia ya la conjuró Sánchez en los anteriores comicios porque todas sus convocatorias electorales fueron ‘adelantadas’.  Aunque en esta ocasión existe la impresión y la alarma, en amplios sectores de la ciudadanía española, de que el primer objetivo político de Sánchez no es solo su permanencia en el poder, sino también el de acabar durante la nueva legislatura con el régimen constitucional de 1978 y la reconciliación de la Transición, en pos de imponer una falsa (por no democrática) República, socialista y confederal, como alerta desde el PP, y con cara de muy pocos amigos, el ex presidente José María Aznar.

De manera que un Sánchez ahora eufórico y decidido, y también temerario, ha decidido saltar por ‘la ventana de oportunidad’ que le abrió el desahucio de la lamentablemente fallecida Maricarmen Abascal, en la creencia de que caerá en un mullido colchón, aunque tampoco se descarta la posibilidad nada remota de que se puede estrellar, como sería democráticamente justo y políticamente de esperar.