Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- El PNV innova incendiando su precampaña con un motivo inesperado: las forales del año próximo
Insisten los políticos en que su trabajo consiste en mejorar la vida de la gente, pero exageran. Su oficio consiste, en realidad, en mejorar las listas electorales para conseguir un puesto de los buenos. Por supuesto, no siempre es así. El servicio a los demás también importa en política. Y a veces las listas hay que controlarlas para que sean otros los que terminen bien colocados, siempre que se trate de gente de tu bando, lo que refuerza tu posición. Por eso los periodos preelectorales están llenos de tensión. El fenómeno, además de heridos, puede producir sorpresas. Gabriel Rufián, imagínense, liderando en España el Frente Amplio diez años después de intentar hacer España más estrecha, por el lado noreste, mediante un proceso unilateral de independencia.
Los partidos centenarios y de orden funcionan de otro modo. Seriedad, jerarquía, responsabilidad, discreción. El PNV, por ejemplo, ha elegido a sus candidatos para las generales con calma y equidad territorial. Ni una palabra más alta que otra. A continuación, en lo que solo puede entenderse como una demostración de I+D+i política, el lío de alcance imprevisible lo han montado en medio de la precampaña electoral, pero con vistas a las elecciones forales del año próximo. El jueves nos enteramos de que en Bizkaia -gran caladero de votos jeltzale- la diputada general Elixabete Etxanobe no repetirá como candidata y será sustituida por la vicelehendakari Ibone Bengoetxea. De lo que nos enteramos ayer es de que Aitor Esteban se enteró un poco antes que usted y que yo. La diferencia es que él preside el partido desde hace año y medio. El PNV de Bizkaia impuso al parecer la candidatura de Bengoetxea de forma inesperada, o sea, «tras una profunda reflexión». Sucedió siete meses después de que el presidente del Bizkai buru batzar, Iñigo Ansola, le asegurase a la diputada general que repetía como candidata. Lo reveló ayer ella misma mostrándose sorprendida. Por si se necesitaba simbolismo, lo hizo durante un simulacro de incendio forestal. El fuera de juego de Aitor Esteban parece clamoroso y queda confirmado por el VAR: horas antes de que Bizkaia no propusiese a Etxanobe, él le destacó en una entrevista la proyección y le puso «una valoración muy alta». El relevo de Andoni Ortuzar al frente del partido se vendió como un modo de evitar la guerra de familias, pero el PNV parece atrapado en el campo de batalla. Y no parece un simulacro, sino una crisis que puede extenderse, tampoco sería la primera vez, de los despachos a los batzokis.
Nobel
Aplausos en el infierno
El Nobel de la Paz fue para la jurista sudafricana Navi Pillay. Otro año que no se lo dan a Trump. No pasa nada. Gandhi tampoco lo ganó. Kissinger sí lo hizo. Stalin estuvo nominado dos veces. Mussolini una. Con los premios nunca se sabe. Navi Pillay tiene ochenta y cinco años y ha sido jueza de la Corte Penal Internacional. El Comité Noruego del Nobel la celebra como una luchadora por un mundo más justo en el que no queden impunes «los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio». Como la palabra ‘genocidio’ suena como un timbre en algunos oídos, Netanyahu acusó ayer a Pillay de propagar «libelos de sangre» contra Israel. Su ministerio de Exteriores fue más institucional: «Joseph Goebbels seguramente está aplaudiendo desde el infierno». Parece una canción de Alcalá Norte, pero es un ejemplo de que no es la ley de Dios, sino la de Godwin, lo que impera en Israel. «Genomentira», dictaminó ayer el ministerio de Exteriores. Lo curioso es que a Netanyahu la Corte Penal Internacional no le persigue por genocidio sino por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Como hay a quien el timbre le suena cuando se pronuncia ‘derecho internacional’, Estados Unidos sancionó ayer a la CPI. A la espera de que dentro de medio siglo se publiquen las nominaciones, se sabe que a Trump lo han propuesto una docena de veces para el Nobel de la Paz. En 1939 un parlamentario sueco propuso a Hitler, pero lo hizo en plan irónico. Tres años antes nominaron a Freud al Nobel de Literatura y parece que iba en serio.