Enrique Portocarrero-El Correo

  • Las leyes pendientes y la falta de respuesta al sector contrastan con el protagonismo político del titular de la cartera de Cultura

La disculpa es la de siempre: al ministro de Cultura no le ha dado tiempo a culminar los grandes proyectos de su departamento: ¿ah no? Bueno, digamos que entre esas grandes materias hay algunas que han consumido en su tramitación dos legislaturas, con lo cual tampoco el retraso es únicamente imputable al ministro Urtasun, cuyo desempeño en la cartera cumple tres años a finales del próximo mes de noviembre.

Es el caso de la Ley de Cine, de la Ley de la Oficina de los Derechos de Autor y sobre todo de los temas pendientes para completar el Estatuto del Artista, una materia que requiere de la participación de varios ministerios. Naturalmente, en una legislatura con tanto fracaso parlamentario del Ejecutivo, tampoco se puede hacer responsable al ministro de todos los «atascos legislativos» o de toda la incapacidad política del Gobierno, mucho más cuando su peso en el mismo ha sido tan liviano como declinante. Eso sí, a Urtasun hay que achacarle directamente muchas sombras. Por ejemplo, su parálisis a la hora de entender la necesidad de modificar la Ley de Mecenazgo, su tancredismo ante las justas reivindicaciones de los galeristas sobre el IVA cultural, su falta de talante negociador que ha echado por tierra el intento de reforma del Inaem, su miopía en el anteproyecto de ley para el uso de la Inteligencia Artificial generativa en la cultura que no se consultó previamente con el sector, la falta de control e inspección de su ministerio en el uso del Bono Cultural Joven, la escasísima respuesta de su departamento ante los robos de nuestro patrimonio cultural, la nula previsión que llevó al cierre de salas en algunos museos nacionales por la falta de vigilantes, sus obcecaciones descolonizadoras y antitaurinas o incluso su pluriempleo como ministro de Cultura y portavoz de Sumar, más en lo segundo que en lo primero.

Eso sí, agradezcamos al adelanto electoral que su Plan de Derechos Culturales, un «hito en Europa» para sus responsables y un «tutti frutti» sectario e ideologizado para muchos, se va a quedar solo en algo gaseoso e inconcluso.

¿Efectos sobre el cine?

Pues sí, la compra de Warner Bros-Discovery por Paramount genera un terremoto en la industria audiovisual global. Por supuesto, su fondo no es otro que el de la gran batalla por el streaming y la producción de contenidos. El nuevo conglomerado, cuyo nombre es Skydance, incluye los medios de comunicación CNN y CBS News, los estudios cinematográficos Warner Bros y Paramount, así como HBO –el prestigioso estudio de producción de series de televisión–, todo lo cual constituye un conjunto poderoso para dar la batalla por el liderazgo del streaming frente a Netflix y el resto de operadores.

¿Será esto malo para el cine? Pues de un lado hay una reducción en la competencia, porque los grandes estudios de Hollywood pasarán de 5 a 4. Además, el nuevo grupo tendrá más del 30% de los grandes estrenos en la taquilla global y el 27% del mercado de la distribución de cine. Pero que nadie se asuste, porque Skydance va a seguir apostando por las salas de cine –manteniendo la ventana tradicional en los estrenos–, lo mismo que por las producciones y las franquicias.

¿Sistema del arte vasco?

En qué ha quedado el compromiso institucional para impulsar el llamado Sistema del Arte Vasco, fortaleciendo el ecosistema creativo y proyectando internacionalmente el talento vasco? Pues la verdad es que en poquita cosa. Recuérdese aquella foto del pasado febrero en Artium, la pomposa declaración de instituciones y museos o el vistoso encuentro en ARCO para presentar la estrategia llamada Basque Art.

Pues sí, porque más allá del desarrollo de la colección compartida, de una jornada académica en el off de la Biennale o de la euforia por la buena marcha del Guggenheim y la inauguración del nuevo Bellas Artes, ni hay una acción eficaz en favor de la presencia internacional de los artistas vascos, ni tampoco una política cultural de apoyo al sector galerista, un elemento decisivo a la hora de promover el surgimiento del talento creativo y su proyección nacional e internacional.