Editorial-El Correo
Los granjeros y camioneros que, según Donald Trump, se beneficiarán de su acuerdo para importar diésel ruso difícilmente verán abaratarse la factura en el surtidor antes de las elecciones del 3 de noviembre. Pero el republicano necesita que lo crean posible y vuelvan a votar a su partido. Que el ‘gran trato’ del presidente de EE UU es humo queda acreditado por los volúmenes publicitados, apenas capaces de mover aquel país durante unas horas. La Casa Blanca lleva semanas empeñada en sacudirse la responsabilidad de los precios disparados del gasoil –espoleados por su guerra contra Irán– para endosársela al acoso ucraniano a las refinerías de Rusia. El viernes, la pareja Witkoff-Kushner exigió a la delegación de Kiev que renuncie a esa estrategia defensiva, pero se abstuvo de pedir a Rusia que pare los bombardeos que matan a niños en sus cunas. Ante la negativa de Ucrania a una cesión unilateral, Washington rompe la estructura occidental de sanciones y ayuda a Putin a doblegar a las víctimas. Si Zelenski no renuncia a su mejor herramienta contra el invasor, será acusado de dañar intereses estadounidenses. El compromiso de la UE con un futuro miembro es vital hasta que Trump tenga que dejar el cargo.