Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Estados Unidos da con el culpable de la crisis del petróleo: Zelenski
Falta menos de un mes para que se celebren en Estados Unidos las elecciones de medio mandato. Con el precio del diésel disparado, la desaprobación de Donald Trump está en el 60%. El dato lo publicó este domingo el ‘Financial Times’ y se refiere a la desaprobación general. La desaprobación en concreto, la referida al costo de la vida, roza el 70%. Para bajar el precio de la gasolina, Trump llamó el viernes a Putin. Y anunció que Rusia exportará 300.000 toneladas de diésel de inmediato, otras 500.000 en noviembre y un millón más después.
El acuerdo es un misterio y se desconocen las condiciones rusas. Imaginen cualquier cosa. Qué sé yo, que el presidente de Estados Unidos tenga que instar a Zelenski a dejar el gobierno de Ucrania. Sucedió el sábado y Trump lo argumentó en sus propios términos. A diferencia de Putin, Zelenski no quiere llegar a acuerdos. Se le dijo que no atacara refinerías rusas, pero él lo sigue haciendo. Por su culpa, el petróleo está carísimo. Zelenski le quiere crear problemas al mundo.
Otra forma de verlo es que Zelenski quiera derrotar al invasor y que sus ataques a refinerías ya le hayan causado a Rusia dos crisis de abastecimiento en el último año. Ahora Estados Unidos le pide que pare. Y que se vaya. Mientras le autoriza al maltrecho agresor la venta de diésel y las consiguientes ganancias. Este domingo Trump anunció una «tregua energética» entre Rusia y Ucrania de la que Zelenski aseguró no saber nada. Como si la diplomacia de ficción pudiese amortiguar el ridículo. Trump no quiere crearle problemas al mundo y hace ocho meses atacó Irán no se sabe por qué. Desde entonces, Estados Unidos está atrapado en Ormuz y el precio del petróleo no deja de subir. Hace cuatro meses, él mismo anunció que todo estaba resuelto y el petróleo volvía a fluir.
Pero no fluye. El sábado Trump abordó en un mitin en Tennessee la situación en Oriente Medio. Lo hizo en sus propios términos, proponiendo cambiarle el nombre al Estrecho de Ormuz por Estrecho de Trump. También barajó la idea de cambiarle el nombre al estado de Nuevo México. ¿Nuevo Trump? No: Nueva América. Como el Golfo de México ya ha pasado a ser el Golfo de América y el Lago Ontario es desde agosto el Lago América, Trump anunció que «necesita» un gran río o un océano. «Podemos llamarlo Océano Trump u Océano de las Américas», pensó en voz alta. «Parecía estar bromeando», escriben los cronistas. Ahora que llegamos a la mitad del segundo mandato sabemos de sobra que la aclaración no es tanto un descargo como la descripción exacta del problema.
Leon XIV
Baja papal
A veces, tras el Ángelus en el balcón del Palacio Apostólico, los Papas se van directos a una habitación del Policlínico Gemelli. No porque lo den todo en el rezo y terminen lesionados, sino porque se les ha diagnosticado previamente algún problema de salud. Lo hizo Juan Pablo II en 1992 para que le extirpasen la vesícula. Y lo hizo este domingo León XIV, que anunció tras el Ángelus que le habían detectado un nódulo en un pulmón. «En una fase todavía muy temprana y bien localizado», tranquilizó el Papa. Le operan esta semana y parece que se mantiene el viaje a Argentina de comienzos de noviembre. Eso da a entender que el pronóstico es favorable. Prevost es un Papa joven y deportista. Tiene solo 71 años, que en años de pontífice no serán más de cincuenta o sesenta. Son estos unos años particulares, extensos, productivos, cabe suponer que respaldados por la Providencia. Benedicto XVI fue elegido Papa con 78 y vivió hasta los 95, aunque se jubiló él mismo a los 85 porque tampoco hay que exagerar. El Vaticano confía en la experiencia y elige a hombres de cierta edad. Lo hace también para protegerse contra los pontificados largos. Los Papas son, salvando las distancias, como los melones. Quiero decir que se adquieren un poco a ciegas y no admiten devolución. El Papa más joven de la historia fue Juan XII. En el 955 ocupó la Cátedra de San Pedro con 17 años. Mala idea. No se sabe si hubo que terminar matándolo de un martillazo en la cabeza una década después. No encontraron, allá en la Alta Edad Media, otro manera de que dejase el hombre de pecar.