Juan Carlos Viloria-El Debate
- Si esto sigue así, los votantes tendrán que elegir en las urnas entre el Parlamento o la calle
En un giro de guión digno de una serie de Netflix, Sánchez ha cerrado la segunda temporada (legislatura) abruptamente y nos hemos plantado, dejando en evidencia a todos los pronosticadores, en el último episodio: el 29-N. Todo indica que el presidente más imprevisible de la democracia está improvisando el guión y como en algunos de sus cambios de opinión más inverosímiles ha decidido hacer de la necesidad virtud. La necesidad sería romper el ritmo de la oposición que va con el viento de popa en las encuestas y con un clima social a favor del cambio. La virtud sería, no tanto el milagro de repetir la jugada de 2023, como hacer un control de daños, sobrevivir fuera de la Moncloa y, con el tiempo, armar una estrategia social-populista que le permita pensar en un retorno rápido al poder. Nadie en sus cabales adelanta una cita electoral para perder en las urnas y si lo hace suele ser el final de su carrera política como en el caso de Zapatero. Pero el ‘sanchismo’ no se ajusta a los principios morales y éticos, incluso estéticos convencionales, así que sueña con que perdiendo el Gobierno, ganará el poder de manejar la oposición con todos los artefactos del populismo extremo. Hay tres elementos en su discurso de estos días que pueden indicar cuáles serán los arietes de un ‘sanchismo’ en la oposición. Empezando por el final, legitimar la Huelga General (política) como en los tiempos del antifranquismo. Si va a utilizar la convocada para el 11 de noviembre para intentar frenar a la oposición, con más razón, para derribar a un Gobierno de la derecha. Una especie de moción de censura pero fuera del Parlamento. El segundo, normalizar que instituciones menores (Diputación Permanente, Tribunal Constitucional) pueda enmendar al Congreso. Y, tercero, desmitificar el poder democrático de las instituciones en favor de la soberanía de ‘la gente’ . Que una acampada en la Carrera de San Jerónimo tenga más fuerza de ley que las emanadas del hemiciclo de las Cortes. Ya lo dijo en su discurso de disolución: «Los intereses de la gente de a pie son pisoteados en el Parlamento, en beneficio de unos pocos».
El vacío de poder a la izquierda del PSOE nunca ha sido más evidente que ahora. Los Bustinduy, Maíllo, Urtasun, Yolanda, se han sometido a Sánchez y le han dejado en bandeja el liderazgo de toda la constelación a su izquierda desde antisistemas, verdes, antifascistas o ‘anticapis’. Esa será la armada que le permitiría rodear el Congreso, metafóricamente hablando, para recuperar el poder. La única variable que no controla es el papel de los nacionalismos periféricos a su derecha. Pero estos no aportarán estabilidad, sino todo lo contrario. Sanchez calcula que aun perdiendo el Gobierno, hará España ingobernable. Si esto sigue así, los votantes tendrán que elegir no entre dos bloques, sino entre el Parlamento o la calle.