Manuel Marín-Vozpópuli
- Si gobernase, esta derecha chunga podría enviar a una banda de narcos para dar un susto a cualquier juez que les investigase por cualquier nimiedad
Háganme caso. Bajo ningún concepto debería gobernar la derecha. Si gobernase la derecha con mayoría absoluta, el abuso de poder sería de tal calibre que hasta podrían colocar a sus concubinas en empresas públicas sin más mérito que sus virtudes. O a porteros de prostíbulos como consejeros de esas mismas empresas. O cualquier alto cargo más salido que la antigua mandíbula de Vinícius podría pasearse por La Moncloa con la bragueta abierta exhibiendo al macho que lleva dentro ante sus subordinadas. Que ya se sabe cómo es la derecha. Qué peligro la derecha. De verdad, háganme caso. Porque esta derecha chunga e indecente podría querer enviar a una banda de narcotraficantes para dar un susto a cualquier juez que les investigase por cualquier nimiedad. Y fotografiar a sus hijos para que se supiese amenazada e intimidarla. No investigue más, señoría, que conocemos hasta los ‘leggins’ con los que entrena en el gimnasio, sí, esos de color burdeos. O usaría al fiscal general del Estado para perseguir a cualquier presidente autonómico, o destruir pruebas en su propio despacho ante la Guardia Civil. ¿De quien dependería el fiscal general? Pues ya está.
Los abusos de autoridad de la derecha en el machito serían tan obscenos que no tendrían reparo alguno en colocar a su ministro de Justicia como fiscal general o a otro ministro elevarlo a magistrado del Tribunal Constitucional haciéndonos creer la estupidez de que serían genuinos garantes de la legalidad y que tomarían sus decisiones sin contaminación política o ideológica alguna. No tenga duda, la derecha usaría la mesa del Consejo de Ministros para atacar sin rubor a la jefatura del Estado porque a fin de cuentas el Rey es un panoli y quien ejercería como monarca sería el presidente del Gobierno. Porque ese presidente sería un derechista sin criterio alguno de la ética pública que se iría de vacaciones aunque Marruecos invadiese una parte del territorio nacional. Le bastaría con sostener que todo es un drama humanitario. Y de ahí a la piscina… pues es sólo bajar una escalerita. La derecha podría incluso tener la tentación de gobernar más de tres años sin aprobar Presupuestos Generales del Estado y trapichear con fondos públicos traspasando dinero de un Ministerio a otro en función de lo que le viniese en gana. Invertiría en Defensa y armas haciendo creer que compra tiritas y mantas porque sería el Gobierno más pacifista de la historia de la humanidad.
Colocaría a dedo a los hermanos de los ministros en cualquier oficina a cargo de dinero público. No sé. Por ejemplo, una oficina de artes escénicas en la Diputación de Badajoz, es un suponer. Incluso el presidente de un Gobierno faccioso mandaría acudir a La Moncloa a cualquier rector para que ordenase crear una cátedra para su mujer. ¡Cómo es la derecha! ¡Y cómo sería en el poder! Querría acaparar los consejos de administración de multinacionales privadas para ejercer un control ideológico total, impondría el sectarismo en la actividad de sus accionistas y, ya de paso, forraría el bolsillo de unos cuantos amigos. Un director general derechista convocaría el presidente de la mayor empresa de telecomunicaciones un frío viernes por la tarde a La Moncloa, es otro suponer, para comunicarle que va a ser destituido, así, sin más. Atacaría a la UCO o a la UDEF en público mientras ejercería el victimismo con la voz impostada de un monaguillo arrepentido de sus deslices. Tendría una cloaca de partido dando órdenes a la Fiscalía o a la Jefatura de la Guardia Civil, y prometería condonar penas a golfos integrales a cambio de que ofreciesen pruebas para proteger al presidente derechista. Y a las cinco, cómo no, siempre habrían comido sin sacrificarse por la gleba.
Haría de la lucha feminista un cuadrilátero de barro con prostitutas a bofetadas en horario de máxima audiencia. Sus cargos tratarían de evadir pruebas ocultando un pen drive en las bragas de la novia. Tendrían a sus hijas encuadernando informes orales mientras cobran cientos de miles de euros sin que nadie supiese cómo ni por qué. Esconderían sus joyas y hasta el tesoro mismo del Carambolo en una caja fuerte haciéndonos creer que los diamantes crecen en los alcornoques. Vivirían de decretazos, y si hubiese una pandemia, nos dirían que a lo sumo nos afectaría en un caso o dos. Y si tuviese la mala suerte de que un volcán entrase en erupción, alojarían durante años a los afectados en contenedores de barco para vivir. Y si esa derecha tuviese alguna duda, que le pregunten a Vivas. O si algún presidente autonómico, o el Ejército, o Protección Civil o unos cuantos alcaldes con el agua hasta la barbilla y una dana en sus peores pesadillas necesitasen ayuda, que la pidan.
Un Gobierno de la derecha amnistiaría a golpistas aun habiendo admitido públicamente antes que una amnistía es inconstitucional, y por tanto ilegal. Y trucaría sus primarias de partido con un ‘pucherazo’ a plena luz del día y un paisano sacando una urna llena de votos de la nada. Y tendría a los dos hombres fuertes del partido en la cárcel por golferías varias, comisiones muchas y mariscadas como Dios. Dedicaría a uno de sus ministros, cualquiera, el más macarra por ejemplo, a tuitear para insultar, y no acudirían a funerales de Estado si un tren colisiona contra otro y decenas de personas se dejasen la vida entre amasijos de hierro. Ese Gobierno pediría humanidad constantemente sin dedicarle a la humanidad un solo minuto de su tiempo. Y pondrían cianuro en sus notas de prensa. Y señalaría a los jueces desde la tribuna del Congreso, con sus nombres y apellidos, llamándolos comunistas vengativos y represores. Y usaría el Tribunal Constitucional para regalar ‘indultazos’ a los corruptos haciendo creando doctrinas propias de un régimen absolutista para hacer ver que la malversación de dinero público lo es o no en función de la ideología y no de la mangancia.
Un Gobierno de la derecha que se preciase tardaría segundos en prohibir las acusaciones populares de los procesos judiciales, y defenderían la justicia del pueblo… hasta que la justicia del pueblo, un tribunal popular, un jurado de la calle, tuviese que juzgarles a ellos. La derecha tendría iconos televisivos, cinematográficos o culturales con una veintena de viviendas repartiendo moralina y haciendo gala de su amor incondicional por los antisistema que quieren expropiarte hasta la muela de oro. Y se comprarían chalés en Galapagar con piscina en forma de haba. Y sojuzgaría a la Abogacía del Estado, a los cuerpos de letrados. Y llamarían ‘hombres de paz’ a los terroristas, y excarcelarían a decenas de esos terroristas antes de tiempo para mantener firme su mayoría. Porque la derecha gritaría siempre aquello de ¡somos más!, aunque fuera cierto. Y la derecha desguazaría sin contemplaciones su propia hemeroteca, y querría que pidiésemos perdón a los países de Iberoamérica por sacarlos del taparrabos siglos atrás.
Y desde luego, ay la derecha, laminaría a todo disidente de sus partidos, se saltaría sus propios protocolos éticos para forzar, si fuese necesario eludir a un tribunal que considere incómodo, aforamientos a la medida. Y acosarían a las mujeres culpando de ello al capitalismo, porque ya se sabe que el capitalismo te arrastra a la más disipada de las formas de vida. Sus militantes gritarían que son perros sumisos y obedientes dispuestos a sacrificarse por su líder, y la derecha culparía siempre a cualquier otro de sus errores porque siempre hay un culpable de que sus buenas intenciones resultaran un fiasco. La derecha fortificaría a sus ministros pese a su ineptitud, vagancia, negligencia o estupidez, y siempre podrá enchufar a un amigo íntimo de la juventud al frente de un cargo creado ad hoc, sobre vivienda, “agenda urbana” o lo que fuese, para que se fundiese los fondos públicos en viajar por la jeta. Y excarcelarían a violadores con leyes machistas, y llamarían buitre y carroñera a la oposición culpándole de que sus propias leyes fuesen absolutamente inútiles.
La derecha exhumaría los restos de Largo Caballero para pasearlos en helicóptero haciéndose los salvapatrias, y los parados se llamarían fijos discontinuos para que el maquillaje de las cifras oficiales fuese todo un éxito que poder presentar a la opinión pública con un medio cardado de peluquería pija. La derecha, y eso es seguro, negaría la evidencia de una mentira sin sonrojarse. Prometería una y cien veces cientos de miles de viviendas, una y otra vez, y se fotografiaría delante de grúas con un casco para simular que haría algo por alguien. Porque la derecha en el poder ejercería tal superioridad moral, tal supremacismo emocional y tal chantaje sentimental sobre la ciudadanía, que sería cínicamente capaz de poner a la izquierda ante un imposible. O blanco o negro. Porque si no apoyas sus medidas, no tienes corazón. Si no estás con los marroquíes de Ceuta eres un inhumano y un racista. Si no estás con Maricarmen eres un desalmado que se alimenta de cadáveres y despojos. E inventaría una ley de tataranietos para falsear el censo electoral. Esta derecha convertiría todo lo que tocase en un señuelo para perpetuarse en el poder como fuese. Por eso, reflexionen, en serio. No se les ocurra votar a la derecha. Todo lo que he descrito podría llegar a ocurrir.