Carlos Martínez Gorriarán-Vozpópuli
- Pensar mejor tampoco es ser el más listo ni saber más que nadie de todo, sino algo bastante diferente
Pensar mejor es un arte para toda la vida, a excepción de los genios innatos que, por lo demás, suelen ser altamente especializados, es decir, se les da fenomenal las matemáticas, la música o ganar dinero, pero poco más fuera de su tema. En fin, pensar mejor tampoco es ser el más listo ni saber más que nadie de todo, sino algo bastante diferente: aprender de la experiencia, de los errores y de los aciertos, y aplicar ese conocimiento a los nuevos problemas, que no paran de reproducirse.
Vivimos una época endemoniadamente complicada, una crisis de era en la que todo es confuso, provisional e impredecible. Síntoma seguro de estas crisis es la multiplicación de vendedores de humo y profetas de baratillo, sean apocalípticos que anuncian el fin del mundo o integrados que proclaman este mundo como el mejor de los posibles, según distinguía Umberto Eco (aunque algunos dicen ambas cosas, como Elon Musk, Bill Gates o Sara Santolaya). Recuerda lo que dijo Baltasar Gracián: todos los que parecen tontos lo son, y la mitad de los que no parecen también son tontos.
Por eso mismo aprender a pensar mejor por uno mismo es más importante que en épocas más tranquilas. Así que ahí van unas cuantas ideas de cómo podemos mejorar en ese arte. Que algo sea un arte significa, por cierto, que no hay instrucciones seguras ni procedimientos infalibles, al estilo de “hágase rico en quince lecciones”, “aprenda chino sin esfuerzo” o “cómo gobernar para siempre”. Estas que propongo sólo se basan en la experiencia y sí, exigen algún esfuerzo. Ahí van.
1 – Piensa siempre que puedes estar equivocado y escucha las objeciones. Si no son mejores, descártalas y adelante con la idea.
2 – Si hay gente que te lleva la contraria por sistema es probable que tengas razón bastante a menudo, pero también que nunca das una. No hay manera de estar seguro, salvo si te contradicen tontos confirmados: entonces sí, estás de enhorabuena.
3 – Desconfía de la insidia inconsciente de los sesgos mentales; todos los sufrimos, y el sesgo más universal es creer que tú no tienes ninguno. Implica que todos nuestros pensamientos personales tienen un punto ciego, al menos. Por eso las ideas deben ser discutidas, y el pluralismo es lo mejor.
4 – Las falacias con forma lógica (paralogías) son peores que las verdades tartamudas. Los tontos semicultos creen que sólo importa que algo suene bien, y por eso creen que Judith Butler o Byul-Chung Hal son filósofos.
5 – Si alguien pretende pensar mejor que tú por la autoridad que le otorga un título académico, vender más libros que nadie o recibir muchos premios, dedicarle tiempo es una forma segura de perderlo (salvo si investigas el fenómeno de la estulticia intelectual).
6 – Pensar no es rumiar eternamente en círculo vicioso, es síntesis creativa algo osada y no análisis paralizante. Toda idea nueva implica aceptar el riesgo del error; si no, es fe o ideología autoritaria.
7 – Valora los buenos errores en lo que valen: fertilizan el avance del conocimiento, que no consiste en coleccionar verdades, sino en descubrir errores y depurarlos. Ninguna verdad convencional está a salvo de la crítica.
8 – El mayor peligro es confundir las ideas firmes con la obstinación en mantenerlas a toda costa, impermeables a los datos que las refutan.
9 – El siguiente mayor error es cambiar de ideas porque no gusten: es la traición a uno mismo que mata el pensamiento auténtico. Común como la vida misma, por cierto.
10 – Si no estás dispuesto a cambiar de opinión ante nuevos datos o situaciones, no piensas, porfías.
11 – Ojo con la satisfacción de acertar a menudo, olvida que tarde o temprano cometerás el error definitivo. Acuérdate de Pericles, César, Napoleón y otros genios infalibles.
12 – Que nadie te entienda si te explicas bien sólo indica que es demasiado pronto para que esa idea sea comprendida. También pasa a menudo.
13 – La gente que presume de haber pensado toda su vida lo mismo en realidad no ha pensado nunca: es la adolescencia mental perpetua.
14 – Para mejorar es esencial leer o escuchar a quienes piensan diferente, y no dedicar todo el tiempo a reconfirmar tus ideas con quienes piensen como tú; entonces quizás sean prejuicios.
15 – Nadie ha dicho que pensar sea fácil, divertido ni la vía más conveniente a la popularidad, sospechosa en este campo. Sócrates es el santo patrón del gremio de los buenos pensadores, y se tomó la cicuta por impopular.
16 – Si tardas en comprender tus propias intuiciones es buena señal: no serás un genio iluminado, pero piensas de verdad. En algún momento todo tomará sentido y encajará. Sólo somos plenamente conscientes de una pequeña parte de los procesos implicados en pensar.
17 – Pensar mejor por tu cuenta no garantiza el éxito, pero te hace feliz contigo mismo, aunque es verdad que lleva su tiempo y algunos lo dejan por el camino. Sobre todo, no tengas prisa.
18 – El peligro de tratar a todo el mundo como si debiera pensar como tú: lleva a decepciones y malos entendidos. Si no te entienden igual no es culpa suya. Lo aprenden el primer curso los buenos docentes, los malos nunca.
19 – Intelectuales y académicos no son especialmente inteligentes, abundan los que han aprendido a fingir que piensan con un lenguaje afectado. Es demasiado optimista creer, como Wittgenstein, que todo lo que se puede decir puede ser dicho claramente, pero si siempre es un galimatías o jerga intraducible, entonces es un fraude o imita a Heidegger.
20 – ojo con el elitismo equivocado. Abundan las personas de escasa formación y poco brillo mental con mucho mejor sentido que cantamañanas con largos currículos de éxitos en la academia, la comunicación o la cultura.
21 – Lo contrario a pensar bien no es equivocarse, ser escéptico o no estar seguro del todo; al revés, son indicios de seriedad mental. Lo contrario es la estupidez sistemática, que sólo busca la seguridad del dogma irrefutable.
22 – Recuerda la advertencia de San Mateo (vale para cualquier creencia): no des tus perlas a los cerdos ni lo santo a los perros, no sea que las pisoteen, te ataquen y despedacen. Si te odian por pensar como piensas, calma: déjales, algún día hallarás círculos más hospitalarios.