Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • En España se camina hacia un Nuevo Frente Popular similar al de Francia, con el PSOE dentro

Convocadas las elecciones, Sánchez y su banda están obsesionados por apartar la mirada de los votantes de las averías letales que han provocado durante ocho años en el sistema democrático español. En primer lugar, lograron que en horas desapareciera de los medios una sentencia tan escandalosa como la del TC para, contra decisiones firmes del Tribunal Supremo, avalar la amnistía a los golpistas del 1-O. Pretenden ocultar así las huellas del peor crimen socialista, la ruptura con el consenso político del 78. Para eso ha servido un Constitucional que, con siete magistrados coordinados por el insidioso Conde-Pumpido y seleccionados para ese fin, cumple con compromisos adquiridos con el independentismo. No es un hecho aislado, forma parte de una secuencia de traiciones del Partido Socialista al pacto constitucional.

Una. Definitivamente, el PSOE se ha convertido en funcional al secesionismo. Pasados veinte años desde la aprobación del proyecto de Constitución por 258 votos afirmativos frente a dos en contra, el 16 de julio de 1998, Xavier Arzalluz (PNV), Jordi Pujol (CiU) y Manuel Beiras (BNG) firmaron la Declaración de Barcelona,  un obús contra el sistema constitucional. “Al cabo de veinte años de democracia, continúa sin resolverse la articulación del  Estado español como plurinacional”, afirmaban, e iniciaban la trampa recurrente de convertir “nacionalidades” en “realidades nacionales”, primero, y en “naciones”, finalmente, como advertía el historiador Santos Juliá en Transición. A ese proyecto se ha rendido el PSOE sanchista -¡no hay otro!- y, si lograran sumar el 29-N, todos los españoles saben que los socialistas completarían la faena. Si los resultados electorales lo permitieran, ¡la traición socialista está garantizada!

Ya solo quedan treinta

Dos. Cada asesino etarra excarcelado lleva un salvoconducto firmado por el PSOE, en concreto, por la consejera socialista del  Gobierno vasco María Jesús San José, que les concede un tercer grado encubierto por  motivaciones espurias sobradamente conocidas. ¡Qué traición más miserable! El Partido Socialista es así útil a los planes etarras interpretados por Otegi: “Si no tuviéramos 200 presos dentro, no actuaríamos del mismo modo con este Gobierno, ni por el forro”. Ya solo les quedan dentro 30, Txapote incluido, que, si Sánchez sumara apoyos el 29-N, también saldría a la calle y sería homenajeado. Ya no matan, dicen como disculpa, y se quedan tan anchos, mientras observan impasibles cómo se van cumpliendo los objetivos políticos etarras. “El pueblo vasco no cabe en la Constitución”, recogía el acuerdo de agosto de 1998 entre PNV y ETA, en el que también se comprometían a “crear una institución única y soberana” que incluyera Navarra. Llegada la ocasión, los socialistas navarros Cerdán y Chivite lo cogieron al vuelo y se pusieron las botas pactando con ellos “de todo”.

Y tres. El Partido Comunista y todas las secuelas no ocultan su declarada posición contra el sistema de convivencia consensuado en 1978. En junio de 2008, los comunistas proclamaban su “ruptura con el pacto constitucional” y Alberto Garzón, junto a otros camaradas, declaraba en septiembre de 2012 “nuestra Constitución es papel mojado”. En la misma dirección, la X Asamblea de Izquierda Unida proponía “un proceso constituyente”, al modo bolivariano. A raíz del 15-M, desde una retórica anticapitalista similar a la que estos días se escucha en la Puerta del Sol, Pablo Iglesias y otros proponían, contra el Régimen del 78, la creación de mitos que identificasen “democracia con la izquierda de la Guerra Civil”. Con un “abrazo de Vergara”, en esa traición al consenso constitucional ha metido Sánchez al Partido Socialista, de hoz y coz, y sin retorno posible.

Plurinacional y confederal

Desde hace tiempo, sostengo que en España se camina hacia un Nuevo Frente Popular similar al de Francia, con el PSOE dentro como su homólogo galo, uno más del tinglado. ¿Quién liderará eso? Espejismos aparte, Sánchez, fuera del Gobierno, sin fondos públicos que utilizar, los europeos incluidos, se convertirá en un trasto inservible. Hace unos días, la independentista Ada Colau sugería que el nuevo invento conocido como Frente Amplio podría ser encabezado por el también secesionista Gabriel Rufián, un tipo con aires de galán de Bollywood que se postula como el incendiario Mélenchon ibérico. Se verá, pero de momento lo obvio es que, las del 29-N, son unas elecciones existenciales en las que se confrontan dos modelos políticos incompatibles: el de una España plurinacional, confederal, a la que los socialistas van encadenados, frente al de la recuperación de la España constitucional pactada en 1978. No habrá performances de despiste capaces de ocultar este dilema nacional.