Tonia Etxarri-El Correo

No llegarán, seguramente. Pero la proximidad de esa barrera psicológica de los 200 escaños de un hemiciclo de 350 que le otorgan a PP y Vox la media de todas las encuestas, menos el CIS, está sirviendo de acicate a los dos partidos de la derecha que se ven, esta vez sí, como la alternativa real de gobierno.

Pero todos los partidos grandes que concurren a la carrera electoral se ven en la obligación de presentarse como vencedores. Feijóo, que ganó las últimas elecciones sin poder formar gobierno, dice que éste es el partido de vuelta de 2023. Y el propio Pedro Sánchez asegura que no contempla otra opción que la de seguir gobernando y deja sobre la mesa su deseo en forma de premonición: su partido va a ser la primera fuerza en las urnas. Lo dice él y Tezanos, que para eso está, para animar al líder socialista. Por si acaso, se refuerza con Margarita Robles, la rebelde con causa ceutí y única defensora del CNI en la crisis, de ‘número dos’.

Con la foto que han reflejado el resto de los sondeos, los movimientos registrados en la izquierda de la izquierda (Podemos con ERC sin hacer campaña en Cataluña; Rufián, aliado de Bildu, tampoco podrá promover a Podemos en Euskadi; Sumar y los Comunes buscando cabeza de lista de consenso en el Frente Amplio mientras Izquierda Unida habla de traición) no posibilitan a Sánchez una reedición del Gobierno. Pero el candidato confía en la fuerza de su propaganda. No le bastará con eslóganes simples como aquel de Michelle Obama («Tienes que votar: vota, vota, vota. No hay más, es la manera como avanzamos»). Pero tiene a Tezanos para contar cuentos con los fondos públicos.

Ayer, el CIS dio la victoria incontestable al PSOE, que aumentaría la distancia sobre el PP hasta 11,8 puntos. Tal cual. El ganador sería el partido sanchista, con un 34% de los sufragios, seguido del PP con un 22,2%. Y Vox, con un 17,1 %. Justo lo contrario que el resto de sondeos. Este CIS no publica proyección de escaños pero, con esos porcentajes, si se hiciera, saldría un PSOE con 152 escaños mientras el PP se quedaría con 94 y Vox con 63. Y en Euskadi, Bildu con 9 y el PNV, con dos. Parece un estrambote juguetón más que un sondeo serio. Así se lo tomaban ayer los principales partidos afectados.

No son los ‘casi’ 200 escaños a los que aspira el centroderecha pero este regalito del CIS, después de las incomodidades del desfile del 12 de Octubre, la visita balsámica de los Reyes a Ceuta y Melilla, y las sombras que rodean a quienes persiguieron a la jueza Biedma, le ayudará a Sánchez, sin duda, a reforzar su argumentario.

En Euskadi, el PNV está enfrascado en una elección de sus candidatos que ha venido precedida de una batalla frontal entre los favoritos de Aitor Esteban y los del ex Andoni Ortuzar para los próximos comicios forales. Teme una desmovilización en su electorado. En las elecciones de 2023 perdió 101.713 papeletas. Ahora podrían acortar distancias con Bildu que, sin inmutarse, se presenta como la opción de la serenidad.

El PP de Javier de Andrés confía en recuperar un escaño en Gipuzkoa. Para eso deberá subir el listón de su movilización que, en ese territorio, al contrario que en el resto de España, no está muy activado.

Los acontecimientos se precipitan a una velocidad de vértigo. Y aún estamos en la precampaña.