Maite Leanizbarrutia Biritxinaga-El Correo
- Pello Salaburu reflexiona sobre el hecho de sepultar de forma consciente hechos traumáticos y revictimizar a las víctimas
El 14 de febrero de 1996 ETA asesinó a Francisco Tomás y Valiente, que era catedrático de Historia del Derecho y escritor, y fue también presidente del Tribunal Constitucional.
La Universidad del País Vasco le rindió un homenaje y su rector, Pello Salaburu, preparó un discurso digno y valiente: «No pasarán». En él aseguraba que «ni los asesinos de ETA ni quienes les encubren con sus votos pasarán porque se lo vamos a impedir», y se dirigió a «aquellos que se enfrentan con saña a la sociedad». «Quienes practican la política siciliana de acusar sin pruebas para que otros asesinen deben saber que cada vez estamos más hartos, que la sociedad vasca no va a aguantar más a estos sembradores de huérfanos», afirmó.
Además, pedía a las instituciones que garantizaran el cumplimiento de la ley; a los ciudadanos y ciudadanas, que dieran respuesta a esa amenaza totalitaria, y a los partidos, que antepusieran la defensa de la democracia al cálculo electoral. Como era habitual, se produjeron unos incidentes tras el inicio de una concentración convocada por Gesto por la Paz, cuando jóvenes de la izquierda abertzale comenzaron a tirar piedras contra los pacifistas para protestar por el acto académico en memoria del profesor asesinado.
Era el año 1996 y Pello Salaburu se enfrentaba públicamente a ETA y a su entorno en la Universidad pública vasca. No era fácil hacerlo en aquel momento y en aquel lugar. Aquella iniciativa fue un paso más en su trayectoria de firme defensor de los derechos humanos y de la paz, y ahora da otro paso y escribe ‘Panfleto contra el olvido’, este libro valiente, como el discurso que le dedicó a aquel gran hombre.
Solo enfrentando la verdad se puede comenzar a sanar una herida. El olvido impide la reparación
En él se reflexiona sobre la acción de sepultar en el olvido hechos del pasado reciente. «Tras vivir coyunturas sociopolíticas traumáticas se tiende a cubrir con un manto de silencio esa parte tan incómoda de la historia. Se hace de modo consciente y se abre así la puerta a una nueva injusticia en nuestra convivencia. Y las víctimas son siempre las grandes perdedoras, porque son revictimizadas».
Repasa la historia e intercala sus reflexiones, cuenta historias, menciona algunas que se han borrado y otras que ni se han escrito. Y la figura de la víctima atraviesa el libro de manera transversal. Recuerda a las de ETA, a las de los GAL, a las de abusos policiales, a las del franquismo, a las de abusos sexuales, a las del nazismo, a las de los aliados, y también a las que no tuvieron ningún reconocimiento porque fueron victimizadas por otras víctimas que fueron ensalzadas. También toca temas como la reacción de las sociedades frente a la violencia, el hecho de ocultar la memoria de las víctimas y ensalzar la de los verdugos, el cuidado del lenguaje, la libertad de expresión, la intolerancia y la responsabilidad.
Se dedica a romper estereotipos (cita a un líder progresista que durante años homenajeó a un cómplice del nazismo, al tiempo que un conservador acababa con aquella infamia) y narra hechos que, aunque sucedieron en otros lugares, también se dieron aquí: «Cuando el miedo se instala en la sociedad, acaba convirtiéndose en una forma invisible de gobierno. Podían ametrallar a alguien en plena calle, pero nadie veía nada. El silencio se volvía instinto de supervivencia».
Salaburu cuenta historias, algunas que se han borrado y otras que ni se han escrito
Menciona sociedades en las que las brutalidades se volvieron rutina, y después vinieron el silencio y el olvido. Y los libros de texto no recogen lo sucedido. También está pasando entre nosotros, donde apenas hay centros públicos o ikastolas que lleven a víctimas educadoras a sus aulas. «Los mecanismos utilizados para ocultar la historia y para olvidar lo que ha ocurrido en tiempos recientes son idénticos en el fondo a los de otros lugares, aunque disfrazados de ideologías distintas y aparentemente opuestas». Y al afirmar esto no pone paños calientes, no resta responsabilidades, sino que nos hace ver que asumimos lo inasumible.
Respecto a la memoria selectiva y al borrado de la historia ofrece esta reflexión: «Hay hechos que, por más que manchen la historia -o precisamente por eso-, jamás deben ser olvidados. Cuando la memoria se rinde al silencio, la historia se encarga de repetir sus errores con una trágica obstinación. La desmemoria no borra el pasado: lo convoca de nuevo, bajo otros nombres y con rostros distintos, pero con idéntico fondo». Solo enfrentando la verdad se puede comenzar a sanar una herida. Porque el olvido no repara, sino que impide su reparación.
Pello Salaburu se dedica a romper clichés y él mismo escapa de cualquier estereotipo. Quiero recordar que la versión original de este libro la pensó en euskera y escribió ‘Panfleto bat atzenduraren kontra’. Desde sus valores universales, con sus citas y sus reflexiones, nos regala este libro que es una herramienta para ayudarnos a mirar a las víctimas con empatía, a atrevernos a ser más libres, a observar el pasado con ojos críticos y a construir un futuro mejor.
‘Panfleto contra el olvido’ se presenta hoy en Vitoria-Gasteiz, el día 26 en Madrid, el 28 en Gernika-Lumo, el 17 de noviembre en Tudela y el 15 de enero en Logroño