Miquel Escudero-El Correo

  • ¿Conviene disponer de un tercer partido constitucional para recuperar el sistema centro? A no tardar tendrá su hora

Hace ocho años, al negarse a dimitir y entregar la presidencia del Gobierno a otro compañero de su partido, Rajoy permitió que la moción de censura contra él diera paso al Gobierno Frankenstein (así bautizado por Rubalcaba). Desde entonces, el ‘sistema bloque’ ha ido desplazando al ‘sistema centro’ que nos dimos al comienzo de la Transición. Esto resulta absolutamente nefasto para la natural alternancia política y la convivencia democrática, pues potencia y exacerba el espíritu de secta y su belicosa intolerancia. Nos sitúa en un ámbito guerracivilista que perfora las relaciones con extremismos trágicos y fobias contagiosas: ruido, verborrea, insensatez, retraso. Todo esto es muy grave: es el dominio de la mediocridad, de la discordia y de la irresponsabilidad. Y la casa por barrer, con lo mucho que hay que hacer para los ciudadanos.

¿Qué hacer para romper esta dinámica? Diríamos que no votar a quienes quieren seguir por ese camino. En bastantes casos, esto supone cortar con la tradición de voto seguida toda una vida. Hay miedo a que vengan los malos, y se quiere generar aún más miedo para asegurarse lo que se llama ‘voto cautivo’; ‘haga lo que haga, siempre serán míos. Mis decisiones no les harán cambiar su voto’, vienen a decirse quienes quieren el desafortunado sistema bloque.

¿Conviene disponer de un tercer partido constitucional para recuperar el sistema centro? A no tardar tendrá su hora. Su papel sería desplegar un lenguaje que traspase la ideología y transmita el encantador aroma de la claridad, un lenguaje común para todos. Debe aglutinar fuerzas sin exclusiones doctrinales y con capacidad de ceder en lo accesorio.