Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- Posponer la solución nunca es la solución, pero con estirar el tema y llevarlo al futuro es suficiente
Mi padre acostumbraba a autodefinirse como un pesimista que actúa en optimista. Su saludo más característico era: «Hola, ¿qué tal estás?, ¿cómo lo ves?». Y sin esperar respuesta, él mismo se contestaba: «Todo fatal, ¿no?». La verdad es que murió con más de 90 años, mientras seguía plantando pinos, unos árboles que, como sabe, tardan varias décadas en crecer. Me gustaría parecerme a él.
De momento, yo también lo veo todo fatal. La inflación está desbocada. En España va por el 4,9% empujada por unos combustibles alocados, unos tipos de interés en descontrolado ascenso y unos precios de las viviendas que corren como liebres. Salvo los que vende la pareja de la exportavoz del PSOE (dimitió este pasado viernes), que acuciados por las exigencias de la solidaridad predicada, van un poco más lentos, solo como galgos.
Los salarios suben a menor velocidad que los precios, lo que convierte llegar a fin de mes en una auténtica tarea de titanes
Por su parte, los salarios suben menos rápido y llegar a fin de mes y salvar los precios se convierte para muchos en una auténtica tarea de titanes. España es el país europeo en el que más rápido crece la cesta de la compra. No crea que esto de los bajos salarios está motivado por la maldad intrínseca de los empresarios buitres. Es causa de la escasa productividad de nuestras empresas -España es la única economía grande del euro que pierde productividad desde 2.018, pese a recibir 100.000 millones de los fondos europeos-, de su reducido tamaño, de la raquítica inversión que hacemos en I+D y de la especial configuración de nuestra economía, cada vez menos ocupada en las industrias de valor añadido y mas en la hostelería, que no puede pagar salarios altos.
Todo ello sucede mientras los impuestos y las cotizaciones acogotan a quienes osan emprender en este ambiente. Total que, con los salarios creciendo al 3%, los precios casi al 5% y contando con que los sindicatos se despierten de su letargo de años en cuanto concluya la huelga convocada, se celebren las elecciones y quizás cambie el gobierno, ¿se imagina cómo va a ser el ambiente en las calles y con qué dureza se van a negociar los convenios? En las primeras arderán los contenedores y en los segundos las posturas se extremarán al máximo.
Las administraciones públicas, animadas por el hecho confortable de que ellos no compiten en los mercados y pagan los salarios con el dinero ‘caído del cielo’ de los presupuestos, ya han empezado a ofrecer unas alzas a los funcionarios que al sector privado le costará poder igualar, si quiere salvaguardar su supervivencia. Mientras, la impecable e implacable Yolanda Díaz reúne a sus expertos, esos que nunca han pagado un salario en su vida, pero que son grandes conocedores de la materia, para que le asesoren en la ardua tarea de fijar los mínimos que tendrán que pagar… los demás.
Los pensionistas se salvarán de momento del aprieto, pero lo harán recibiendo un dinero que no tenemos
Los pensionistas se salvarán de momento del aprieto y lo harán recibiendo un dinero que no tenemos. El PSOE garantiza su actualización por conveniencia y el PP y Vox lo hacen por obligado mimetismo. Todos son conscientes de que el sistema no aguanta sin el recurso constante a unos presupuestos que no existen, pero ninguno se atreve a retirar el regalo del programa electoral. La Tesorería de la Seguridad Social alcanza ya un patrimonio negativo de 116.100 millones según acaba de informar la AiREF al Tribunal de Cuentas. Hay más de diez millones de pensiones y casi tantos de pensionistas que han disparado la factura un 60% en la era Sánchez. Demasiados votos para dejarlos sueltos, no vaya a ser que los capte el vecino/rival.
Todos saben que utilizar los presupuestos de manera recurrente para ocultar agujeros que se agrandan de manera constante no soluciona el problema. Da igual. Gobierno y oposición, ¡aleluya! Coinciden en que esto es materia demasiado sensible. Posponer la solución nunca es la solución, pero con estirar el tema y llevarlo al futuro es suficiente. Ya llegaremos a ese río y entonces veremos que no hay puente para cruzarlo. Pero eso sucederá mañana, hoy no.