Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • El aniversario del fin de ETA llegó entre parámetros y parabellums

Ayer, quince años después de que ETA anunciase que lo dejaba, el Gobierno vasco hizo una declaración institucional en la que señaló a «quienes permanecen atrincherados en viejos parámetros» y «mantienen una deuda moral que no prescribe». Hace cinco años, en el décimo aniversario de la despedida y cierre de los tres encapuchados -el de en medio, ya sin capucha, manda hoy en Sortu, o sea, en Bildu- no hubo tanta apelación directa y sí mucho futuro a construir «entre todas y todos». Es fácil pensar que la diferencia tiene que ver con la inminencia de unas elecciones que pintan bien para Bildu. Y con la detención de dos jóvenes disidentes de la izquierda abertzale que no se sabe si se atrincheran en los viejos parámetros o si buscan directamente las viejas parabellums. Ayer entraron en prisión. Se les encontró en un control de tráfico información sobre guardias civiles y ertzainas y la localización GPS de un viejo zulo con armas. Se les acusa de delitos de terrorismo. Como entre su identificación y su captura ha pasado un mes, el joven irlandés disidente del Sinn Féin que les acompañaba puede estar correteando de vuelta por los verdes valles de Antrim, presuntamente.

Arnaldo Otegi tranquilizó ayer al ciudadano demostrando una vez más que el sentimiento sincero se expresa siempre con claridad. «La vuelta hoy de formas de violencia armada en el país es una hipótesis que nosotros no contemplamos ni en el 0,1% de posibilidades», dijo el líder de Bildu. «Nosotros hemos hecho una contribución decisiva y determinante a que el país viva el momento que está viviendo», añadió. Sobre su contribución determinante y decisiva a que el país viviese el momento justo anterior, aquel en el que la gente era asesinada, aterrorizada y extorsionada, Otegi no dijo nada, pero eso apenas sorprende a estas alturas. La izquierda abertzale se ha convertido en una fuerza exenta de pasado y proyectada hacia su futuro: la hegemonía en el País Vasco. El fenómeno favorece un espectáculo secundario: ver a sus principales rivales practicando la exigencia cívica en diferido. Al final, lo de la memoria lo hemos resuelto enterrándolo. Las paletadas son constantes y menos ruidosas que desoladoras. Quince años después de que los encapuchados anunciasen el cese de su distribuidora de muerte y fanatismo, Patxi López, qué sé yo, comentando en TVE que él, «a día de hoy», pasea menos tranquilo por Madrid, donde hay gente que le insulta y le amenaza, que por el País Vasco, donde la gente le anima, le acompaña y hasta le abraza, según parece.

Europa

Acto II

Tras los disturbios de los últimos días, Francia e Italia recurren al ejército para garantizar la seguridad en las calles. Puede que de ese modo también garanticen una mayor espectacularidad de las imágenes que serán grabadas por los móviles de los manifestantes y por esos reporteros con casco que parecen recién teletransportados de Beirut al Boulevard Haussmann o la Via Manzoni. Mientras dos grandes países de la UE ponen militares sobre el asfalto para evitar los desórdenes e impedir los saqueos, las calles de Albania arden igualmente y el presidente Rama se revela como improbable lector de Milena Busquets. «Hermanos y hermanas, paciencia porque esto también pasará», ha declarado. En Tirana se protesta contra la corrupción de Rama y sus chanchullos turísticos con el yerno de Trump. En Francia e Italia, las movilizaciones tienen que ver con el coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Son quejas que rebosan legitimidad ciudadana, pero la violencia termina imponiéndose a todo. La prueba es que hace diez días, el ministro de Interior francés reconocía que la angustia juvenil estaba fundada y merecía respuestas. Ayer, con la furia del fin de semana dando la vuelta al mundo, su respuesta consistía en soldados y toques de queda. El ministro de Defensa italiano define lo que está ocurriendo como «guerra híbrida contra los países occidentales». Diagnósticos tan imprecisos solo pueden garantizar tratamientos erróneos. Este sábado hay convocadas un gran número de movilizaciones en Francia. Los chalecos amarillos las han titulado ‘Acto II’.