Gabriel Sanz-Vozpópuli
- ¿Por qué apenas se mueven los sondeos a poco más de un mes para el 29N? Ahí va mi teoría: porque lo que ha convocado Sánchez es un referéndum sobre sí mismo y casi todo el mundo tiene clara su respuesta, a favor y en contra
¿Se han preguntado cómo es posible que, dos semanas después de que Pedro Sánchez disolviera las Cortes para convocar elecciones el 29 de noviembre, la enorme distancia que separaba entonces al bloque de la izquierda (120 diputados) del de la derecha (casi 200) apenas se ha reducido en los sondeos?
No estoy hablando del resultado final que saquen por separado los tres protagonistas estelares de estos comicios: doy por hecho que Sánchez salvará los muebles por encima de los cien diputados y eso le servirá para defender ante los cuadros del PSOE su continuidad en el liderazgo de la organización; que Alberto Núñez Feijóo sacará un resultado tirando a mediocre, lo cual compensaría con el premio de la Presidencia del Gobierno; y que el hoy vicepresidente del Gobierno in pectore Santiago Abascal pasará a ser la estrella rutilante que antes fue Pablo Iglesias.
Me refiero al rotundo fracaso de la polarización y el muro entre españoles como forma de hacer política, que nuestro presidente del Gobierno inauguró en su discurso de investidura, allá por octubre de 2023, y que ha acabado engordando a Vox de forma exponencial. Eso es lo que, creo, ceba ese anómalo inmovilismo demoscópico a cuarenta días de la votación.
Un referéndum se responde sí o no
Les adelanto aquí mi teoría del por qué de ese inmovilismo demoscópico: Pedro Sánchez no ha convocado unas elecciones generales al uso, ha convocado una suerte de referéndum sobre su persona con beso cinematográfico incluido y los referéndums sólo tienen dos posibles respuestas: sí o no; así que lo normal es casi todo el mundo tenga ya clara la suya y usará la papeleta de su partido como un mecanismo de aceptación o rechazo de la figura presidencial.
Si eso es así -insisto, solo es una teoría-, darán igual los denodados esfuerzos de los respectivos comités de campaña por meter con calzador en la agenda y el relato mediático los decretos Maricarmen de Vivienda, las pensiones, incluso Ceuta, en el caso de la oposición -para ver lo perverso que es el jefe del Gobierno- porque el español medio tiene claro su sí o su no a Sánchez.
Y de hacer caso a los sondeos, triunfará el no a Sánchez en sus dos variantes (PP y Vox) por abrumadora mayoría. Según esa tesis, hoy hay muchísimos más españoles del lado de “la ultraderecha” que en 2023; diríase que Sánchez ha sido una maquina de generar ultraderechistas aunque en la noche electoral pueda llegar a presumir de ser más votado que Feijóo (spoiler: puede llegar ocurrir).
Un presidente querido por la extrema izquierda
Para lograr una derrota dulce como la que su odiado Felipe González logró frente a José María Aznar en 1996, la gran esperanza del presidente del Gobierno es fagocitar todo el voto del espacio que queda a la izquierda del PSOE, Frente Amplio y Podemos, para quedar primero por delante del PP; y a fé que puede conseguirlo.
Tiene su lógica: es el inquilino de La Moncloa menos rechazado por la extrema izquierda en medio siglo de democracia y, sobre todo, el espectáculo entre lacrimógeno y patético de división que están dando Gabriel Rufián, Podemos y el Frente Amplio de Ada Colau, por este orden, no hace sino abonar el voto útil de toda la izquierda a Sánchez.
Justo lo contrario de lo que le ocurre a Feijóo, a quien la derecha política y sociológica está dispuesta a aupar a la Presidencia del Gobierno… ma non troppo, que dicen los italianos; con Abascal de número dos en La Moncloa a modo de garante de que el mandato de esa masa de millones de españoles indignados y deseosos de “derogar el sanchismo” (sic) se cumple.
Eso es un problema para el PP; no hoy ni en la noche del 29N, pero sí a partir de Año Nuevo, en cuanto haya que formar gobierno y Alberto Núñez Feijóo sea el protagonista absoluto de la política española para bien y para mal, como reflejan los cálculos de escenarios post 29N en su práctica totalidad… pero esa será ya otra historia de otro momento político que ni atisbamos todavía.