Juan Abreu-Vozpópuli

  • Todo indica que, poco a poco, antes de que se acuda a las urnas, la atmósfera de violencia y desprecio por la autoridad, irá creciendo

Acabo de ver imágenes de una manifestación en Galicia contra Abascal y el partido VOX. Las fuerza antidemocráticas que protestaba e intentaba cancelar e intimidar a los partidarios del partido VOX, estaba compuesta por la izquierda extrema, autodenominadas antifascistas, y una miscelánea  de jovenzuelos ignaros y grupos de universitarios analfabetos y víctimas diversas del lavado de cerebro izquierdista en el sistema “educativo” español.

Los que intentaban conculcar el derecho de los simpatizantes de VOX a reunirse y de su dirigente, Abascal, a llevar a cabo su mitin, lanzaban pedruscos, bengalas y hasta piezas de hierro arrancadas del pavimento, capaces de matar a cualquiera persona en la que impactaran, contra la policía. Todo mientras insultaban y se negaban a obedecer a los agentes del orden, que les llamaban a retroceder y despejar la plaza que ocupaban ilegalmente. Entre otros insultos, llamaban fascistas a la policía y eso me hizo mucha gracias, porque resultaba evidente que las turbas de la extrema izquierda, dada su actitud, eran los fascistas. Sí. Europa debe volver a enfrentarse al fascismo, pero esta vez a un fascismo encarnado en las turbas aupadas y financiadas por los socialistas, los islamistas, los separatistas tribales (en la manifestación de la que hablo, junto a las banderas palestinas ondeaban las un partido independentista gallego), y las siniestras banderas rojas del comunismo asesino de toda la vida.

Todo indica que, poco a poco, antes de que se acuda a las urnas, la atmósfera de violencia y desprecio por la autoridad, irá creciendo. Desgraciadamente, creo que el objetivo es desatar el Caos (a la francesa) con el cuento de la llegada de la extrema derecha fascista y racista.  Por otro lado, no hay de qué asombrase. La violencia es y siempre ha sido la marca de agua de la Izquierda, que ante una derrota democrática,  tiende a soplar las trompetas de la Revolución, que como se sabe suelen ser las del Apocalipsis Rojo. Las trompetas de las chekas  sangrientas y la exhibición de esqueletos de monjas. Y, no perdamos de vista, que esta vez la democracia española se enfrenta una alianza tripartita nunca vista: la de la Izquierda neocomunista, el islamismo, y el tribalismo. Banderas rojas, islamistas (léase palestinas) y tribales marchan juntas y su objetivo es la disolución y final destrucción de la democracia española.

Chusma izquierdista, pro islámica, wokista, teledirigida y subvencionada saldrá a las calles para imponer una atmósfera de fanatismo, ignorancia, feísmo (la estética es muy importante) y violencia social que facilite la permanencia del sanchismo en el Poder. Ese parece ser el panorama del futuro inmediato.

Es muy curioso que en España la violencia (moral o física) que ejerce la Izquierda es justificada, aupada y hasta mimada (hay coberturas televisivas en las que sólo falta caerle a besos a los acampados), mientras que la supuesta violencia de la Derecha (que comparada con la de los agitadores, matones y tarados ideológicos izquierdistas, no existe) es demonizada hasta la extenuación, y convertida en objeto de propaganda al servicio de la romantización de los desmanes, en este caso, del sanchismo.

La izquierda es muy dada al uso de la violencia y el salvajismo totalitario para llegar (véase cualquier “revolución” y en especial, la madre de todas las violencias y todos los salvajismos totalitarios, pongamos que hablo de la Revolución Francesa) , o conservar el Poder. Ya en España comienza a ponerse en práctica esta violencia (por ahora contenida, porque albergan la esperanza de que el sanchismo pueda ganar las elecciones, a pesar de todo) pero veremos qué pasa si esa esperanza se va desvaneciendo. Y cuando hablo de violencia hablo de toda la violencia no solo a las quemas y destrucción de la propiedad pública y privada, también de una forma de violencia que considero más destructiva: la censura. En España la izquierda ha normalizado que los que no participan de sus delirios neocomunistas y anticapitalistas, no puedan hablar en universidades y otros espacios públicos y culturales. ¿Puede seguir llamándose democrático un sistema donde la libertad de expresión es coartada sistemáticamente por turbas de fanáticos al servicio del Gobierno?

Basta repasar el comportamiento de Sánchez y su banda en pasadas elecciones para dudar de la victoria de la decencia el próximo día 29 de noviembre. ¿Ya se nos ha olvidado la imagen de uno de sus lameculos cargando una caja llena de votos? Vamos a creer que la colonización del CIS, de INDRA, de Correos, del Tribunal Constitucional (para no mencionar la compra de UGT y CCOO y la creación de un ejército de nietos en Cuba) son todas casuales e inocentes? Olvidaremos que hace ocho años que sufrimos a un Gobierno ineficiente, ladrón, pro islámico y por lo tanto pro invasión islamista, un Gobierno que desprecia o suspende la actividad del Congreso cada vez que le conviene, que gobierna mediante decretos, que pretende convertir el país en un régimen autoritario en el que Sánchez sea titiritero, amo y señor de lo que seguiremos llamando democracia, pero que será en realidad un Estado sanchista, populachero, mafioso, clasista, un Estado neocomunista de inspiración, verborrea, vileza y modos castristas.

Un futuro de Decencia, o Infamia, eso es lo que se dilucida el próximo 29 de noviembre. Ojalá los ciudadanos españoles lo comprendan, y actúen en consecuencia.