Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- Le recuerdo que son muchos los votantes, llamados a las urnas en noviembre, que dependen de una u otra manera del sector público
Es una lástima que no vivamos en un estado de ‘votación permanente’. No tendríamos que soportar la matraca electoral y habría que apagar la tele –otra ventaja añadida- para salvaguardar nuestras atribuladas mentes, pero seríamos felices y nos pondríamos morados a comer perdices. Necesitaríamos también que nuestro ‘Amado Líder’ se convirtiera en presidente vitalicio y su cargo fuese hereditario, como es el caso de Kim Jong-un en Corea del Norte, y todo quedase así atado y en las manos adecuadas. Pero esa es una ventaja que, aunque merecida, no se la cobro porque no sabría ponerle un precio justo para tamaña felicidad. No estoy seguro de que se note, pero ya le digo que esto va con unas ciertas dosis de ironía.
El Gobierno ha empezado la serie llamada de los ‘martes sociales’ que, como sabe, es una larga sucesión de dádivas, mercedes, subvenciones y ayudas de todo tipo y condición. Por todo y para todos. La portavoz, la señora Elma Saiz, insiste en que el Gobierno no está en funciones y es verdad, eso ya llegará y por lo tanto tiene plena capacidad de actuación. Alguno podría preguntarse cómo es que ha tardado ocho años en empezar a actuar y en hacer las cosas que ahora desea hacer, pero ya sabe que también dirán que siempre es buena si la dicha, por fin, llega.
Llevamos tan solo un par de ‘martes sociales’ y solo nos ha dado tiempo para ocuparnos de las parejas, no formalizadas con hijos y de las mujeres menopáusicas, pero, espere y verá, que esto no ha hecho más que empezar. Enseguida llegará el aumento del salario mínimo interprofesional, luego la subida del sueldo de los funcionarios, a quienes ya les han prometido un 4,5%, pero que con la inflación cercana al 5% se quedará muy corto, ya lo verá. Lo sindicatos hablan, sin anestesia previa, del 7% en 2027.
El Gobierno ya prometió en febrero que compensaría las subidas del IPC que aparecieran a lo largo de 2026, en la revisión del 2027. Ahora, toca. Después vendrán los cientos de miles de viviendas que, primero se construirán y después se comprarán con créditos del ICO y, para la gran traca final, nos quedará la actualización de las pensiones. Un asunto que levanta ampollas en estos tiempos de zozobra y, más, si pone usted en duda su inestable financiación. El Gobierno acaba de aprobar un nuevo préstamo de 10.000 millones para la Seguridad Social. ¿Se devolverán algún día? Póngalo en duda.
Por si no lo sabe, le recuerdo que son muchos los votantes, llamados a las urnas en noviembre, que dependen de una u otra manera del sector público. Entre las pensiones -las contributivas y las no contributivas-, los subsidios, las nóminas públicas, los beneficiarios del desempleo, los cubiertos por el Ingreso Mínimo Vital, etc., la cifra se aproxima mucho a los 18 millones de votantes, cuyo bienestar recae en el sector público. No se preocupe, para todos habrá y habrá de todo.
Pero, de cara a las elecciones y para que afine bien sus previsiones, no se olvide de esta cifra: el 46,3% del censo está en manos de Pedro Sánchez, o eso creen ellos. ¿Alguien lleva la cuenta del dinero prometido? Me parece incontable, pero supongo que algún día habrá que contarlo… y también ¡pagarlo!