- Un Congreso demócrata podría investigar a la Administración, bloquear la legislación republicana y forzar el fin de la guerra con Irán.
¿Confusas? ¿Aburridas? ¿Menos trascendentes que las presidenciales?
Después de pasar los últimos veintidós años explicando las elecciones estadounidenses aquí, en España, sé lo extrañas que pueden resultar las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos a cualquiera que esté acostumbrado al sistema parlamentario español.
Dicho esto, la única diferencia entre unas elecciones de mitad de mandato y unas presidenciales es que la Casa Blanca no está en juego. En lugar de formar un Gobierno a partir de los resultados de unas elecciones parlamentarias, los estadounidenses eligen al presidente por separado del Congreso de Estados Unidos.
Incluso a los propios estadounidenses las midterms les resultan algo aburridas. Alrededor de dos tercios de los ciudadanos con derecho a voto lo ejercen en las presidenciales, frente a sólo la mitad, aproximadamente, en las de mitad de mandato.
Como la duración de los mandatos varía entre los gobiernos federal, estatales y locales, cada mes de noviembre se celebran elecciones para ir cubriendo y renovando estos cargos, con algunas excepciones, como las elecciones especiales.
Los presidentes cumplen mandatos de cuatro años.
Cada uno de los cien senadores de Estados Unidos tiene un mandato de seis años, de modo que un tercio de ellos se somete a elección cada dos años.
Los 435 miembros de la Cámara de Representantes tienen mandatos de dos años, lo que da pleno sentido a la idea de «la campaña permanente«.
Los gobernadores de los cincuenta estados cumplen, en su mayoría, mandatos de cuatro años, y cada estado tiene su propio Parlamento, cuyos miembros tienen mandatos de dos y de cuatro años.
Por último, los concejos municipales, los alcaldes y otros cargos electos locales tienen mandatos de dos y de cuatro años.
Las elecciones de mitad de mandato de 2026 se celebrarán el 3 de noviembre, y el nuevo Congreso tomará posesión el 3 de enero de 2027. Los demócratas ya tienen planes para sus primeras cien horas si recuperan la Cámara de Representantes y, posiblemente, el Senado. Los analizaré con más detalle cuando tengamos los resultados. Mientras tanto, echemos un vistazo a las elecciones.
Trump no está en la papeleta, así que ¿por qué giran en torno a él estas elecciones?
Las elecciones de mitad de mandato se componen de cientos de elecciones locales, estatales y federales; sin embargo, suelen funcionar como un referéndum sobre el presidente en ejercicio, y el partido del presidente suele perder escaños en el Congreso. Los votantes estadounidenses tienden a preferir que el poder esté repartido y, como todos los votantes, son difíciles de contentar.
Trump ha pedido a sus seguidores que se imaginen que él está en la papeleta. Es algo en lo que los demócratas están encantados de darle la razón, dado que los estadounidenses están profundamente descontentos con la llamada crisis de la asequibilidad (lo mucho que se ha encarecido el coste de la vida).
La guerra de Estados Unidos e Israel con Irán ha disparado aún más el precio de la gasolina y desmiente la promesa de Trump de no meterse en guerras.
La comida, y todo lo demás, cuesta cada vez más.
Incluso quienes votaron a Trump se han escandalizado por la crueldad con la que se está gestionando la inmigración.
VIDEO | El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirma que la guerra con Irán terminará «inmediatamente después» de las elecciones legislativas estadounidenses del próximo 3 de noviembre. 📹 Casa Blanca. https://t.co/8h34XbrowF
— EFE Noticias (@EFEnoticias) September 10, 2026
¿Qué está en juego?
Tras dos años con Trump y los republicanos al frente de la presidencia, la Cámara de Representantes y el Senado (y, en la práctica, del Tribunal Supremo), estas elecciones de mitad de mandato ofrecen a los demócratas la oportunidad de poner freno a su poder sin cortapisas.
¿Recuperarán los demócratas la Cámara de Representantes y qué supondría?
Los demócratas están en buena posición para recuperar la Cámara de Representantes. Para ello necesitan al menos 218 escaños. Ahora tienen 214, así que necesitan conservarlos y sumar cuatro más. De las 435 contiendas, diecisiete se consideran en el aire, es decir, que cualquiera de los dos candidatos podría ganar según las encuestas disponibles.
Entre esas diecisiete contiendas está una sobre la que escribí en agosto y que ilustra bien la historia de estas elecciones. Randy Villegas es un demócrata que se enfrenta al republicano David Valadao, que ocupa el escaño, en el Valle Central de California, tradicionalmente republicano. Es uno de los distritos californianos que se modificaron ligeramente con la iniciativa del gobernador Gavin Newsom para contrarrestar el rediseño de los distritos electorales que Trump ha impulsado en los estados republicanos.
Es también un distrito mayoritariamente hispano que, según sostiene Villegas, siempre ha tenido mayoría demócrata, pero el partido simplemente no ha dedicado ni tiempo ni dinero a llegar a esos votantes.
VIDEO | Estados Unidos elegirá el próximo 3 de noviembre los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado, en unos comicios de medio mandato que definirán el control del Congreso durante los dos últimos años de la presidencia de Donald Trump. https://t.co/lUZfyZWr30
— EFE Noticias (@EFEnoticias) October 3, 2026
Una Cámara de Representantes en manos demócratas podrá abrir investigaciones sobre la Administración Trump y negarse a aprobar nueva financiación. Y, lo que es crucial, tanto la Cámara como el Senado deben aprobar una ley antes de que pueda enviarse al presidente para su firma, de modo que los demócratas podrían bloquear la legislación republicana.
Dicho esto, salvo la «Big Beautiful Bill» (la «gran y hermosa ley», el paquete de rebajas fiscales y recortes del gasto, Medicaid incluido, que Trump firmó en julio de 2025), Trump ha ignorado en gran medida al Congreso y ha gobernado a golpe de órdenes ejecutivas, que el siguiente presidente suele revocar. De hecho, cualquier presidente que cuente con mayoría en ambas cámaras se apresurará a aprobar tantas leyes como pueda.
Por ejemplo, Obama aprovechó un Congreso controlado por los demócratas para sacar adelante su reforma sanitaria, el Obamacare, durante sus dos primeros años de mandato. Después, los republicanos recuperaron la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad de mandato de 2010, y a partir de entonces resultó mucho más difícil aprobar grandes reformas legislativas.
¿Y el Senado?
En el Senado los cambios son lentos, ya que sólo un tercio de sus miembros se somete a elección cada dos años. Este año están en juego treinta y cinco escaños del Senado: veintidós están ahora en manos republicanas y trece en manos demócratas. Siete de esas contiendas (Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Míchigan, Ohio y Texas) se consideran reñidas.
Todas, salvo la de Míchigan, corresponden a escaños republicanos.
Por lo tanto, para recuperar el control, los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños. Dicho de otro modo, tienen que conservar sus trece escaños actuales, incluido el de Míchigan, y ganar cuatro nuevos. O, si el demócrata Abdul El-Sayed pierde frente al republicano Mike Rogers en Míchigan, tendrán que arrebatar cinco escaños a los republicanos.
Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Míchigan. Europa Press
Si los demócratas logran arañar una mayoría en el Senado, podrán controlar el proceso de confirmación de los jueces federales y de los altos cargos que nombra el presidente.
Al igual que una Cámara de Representantes de mayoría demócrata, un Senado de mayoría demócrata podría bloquear la legislación republicana.
¿Habrá otro impeachment?
Si los demócratas ganan la Cámara de Representantes, sin duda investigarán la avalancha de actuaciones cuestionables de la Administración Trump y probablemente encontrarán un caso adecuado para un tercer impeachment, la acusación formal que abre el proceso de destitución.
Pero cuidado: un impeachment en la Cámara de Representantes no significa necesariamente que dos tercios del Senado vayan a votar a favor de apartar a Trump del cargo.
Aunque los demócratas recuperen el Senado, hay pocas posibilidades de que obtengan una mayoría de dos tercios, y cuesta imaginar que muchos republicanos se sumen para destituir a su propio presidente.
De hecho, en el canal 24 Horas me preguntaron por una extraña teoría, en realidad una quimera, que ha urdido otro analista estadounidense. Dice así: si los republicanos sufren una derrota severa, se rebelarán contra Trump, lo someterán a un impeachment y lo destituirán, lo que convertiría a JD Vance en presidente.
El caso es que los actuales republicanos del Congreso son, en su mayoría, leales a Trump. Quizá unos pocos republicanos de la Cámara de Representantes voten a favor del impeachment y tal vez unos cuantos en el Senado voten por destituirlo, pero es poco probable que basten para alcanzar el umbral de los dos tercios.
La mayoría de los republicanos se quedará agazapada en la sombra con la esperanza de librarse de la ira de Trump.
¿Importará todo esto aquí, en Europa?
Pese al amplio poder del presidente de Estados Unidos en política exterior, un Congreso dirigido por los demócratas podría ponerle límites. Los demócratas de la Cámara de Representantes y del Senado se han comprometido a dar prioridad al fin de la guerra con Irán y creen que algunos republicanos podrían sumarse. La herramienta más poderosa de la que dispondrían sería negar sus votos para seguir financiándola.
Del mismo modo, los demócratas creen que muchos de sus colegas republicanos se sumarán a ellos para dar apoyo a Kiev, junto con restricciones a las importaciones de energía rusa. También planean recuperar la autoridad del Congreso sobre los aranceles.
No será tan rápido ni tan espectacular como muchos desearíamos. Pero el resultado más probable del 3 de noviembre será un nuevo Congreso que, en enero, tenga la voluntad y la capacidad de limitar el poder de Trump.
Y no lo olvidemos: una vez terminadas las elecciones de mitad de mandato, arrancarán de manera extraoficial las primarias de 2028. Ambos partidos tendrán primarias abiertas, sin un aspirante que parta como titular, lo que aportará energía e ilusión a una política estadounidense dominada por Trump desde hace una década.