Cristian Campos-El Español
  • Feijóo llegó a la entrevista con unos Oxford negros y habló como un cirujano: España está enferma y la cirugía va a doler, pero curará.

1.A un candidato electoral lo definen sus zapatos y sus metáforas. Esto me lo acabo de inventar, pero quizá sea cierto.

2. Alberto Núñez Feijóo llegó a EL ESPAÑOL con traje azul marino, camisa azul claro, corbata azul con patrón geométrico y unos Oxford de color negro brillante, casi acharolado, de puntera lisa y sistema de cordones cerrado.

3. Es la elección correcta. Los Oxford son elegantes y formales, y el brillo los eleva por encima de lo funcional, pero no lo suficiente como para resultar llamativos o excéntricos, ni para marcar distancias insalvables respecto al interlocutor. Que en este caso era Alberto Prieto y que por cierto llevaba también unos zapatos bastante bonitos.

4. En el debate que más duelos a pistola ha provocado en el sector de la moda masculina (¿deben los calcetines ser del color de los pantalones del traje o del color de los zapatos?) Feijóo ha optado por la segunda opción. Sepa, querido lector, que esa es la opción transgresora, porque lo ortodoxo es lo contrario. ¡Quién le iba a decir a los de Vox que Feijóo optaría por romper las reglas!

5. Los defensores de la tesis de que «el calcetín sigue al pantalón» encontrarán en esta transgresión un motivo más para votar a Pedro Sánchez. «Ya está Feijóo haciéndole la campaña a Pedro Sánchez«, dirán. «¡Feijóo es una máquina de fabricar votantes de izquierdas!».

6. En la acampada de Sol, efectivamente, las ronchas de los tobillos hacen siempre juego con las rastas de las axilas. Es otro nivel de elegancia. Yo creo que esa gente ve los calcetines de Feijóo y piensa «ay, no, por Dios».

7. En realidad, yo he visto a Pedro Sánchez, que es la alternativa a Feijóo, combinar traje azul arremangado hasta las rodillas con zapatos negros y calcetines marrones, que es como llegar con un chándal al funeral de la reina Isabel II. Supongo que fue por eso por lo que Carlos E. Cué se calzó un par de calabacines para entrevistarle en El País: para no ofender al presidente vistiéndose como un adulto. No os fiéis nunca, nunca, de alguien que viste traje con zapatillas de deporte y menos si estas son de colores llamativos: Milikito nunca fue nuestro Ralph Lauren.

8. El caso es que una parte del centro liberal español quiere votar a Pedro Sánchez desesperadamente, pero con un «sí crítico», y se agarrarían hasta a los calcetines de Feijóo para hacerlo. Lo cierto es que los ciento quince muertos de Óscar Puente ponen muy difícil eso de votar a Sánchez, pero siempre hay vías alternativas: votar a Miriam González, en blanco o a Alvise. Todas esas fórmulas le sirven a Pedro Sánchez igualmente.

9. Las metáforas de la entrevista fueron, por su parte, muy reveladoras. Feijóo habló como un médico durante su entrevista con EL ESPAÑOL. Mencionó una «urgencia vital», un «diagnóstico» y un «tratamiento». Luego dijo que a España «le podemos dar el alta».

10. Feijóo habló incluso de «estabilizar el país», como el sanitario que atiende al pasajero que ha logrado escapar de uno de los trenes de la muerte de Adif y que se debate entre la vida y la muerte.

11. No son metáforas casuales: Feijóo dirigió el Insalud entre 1996 y 2000. «Si usted no hace un buen diagnóstico, nunca va a acertar con el tratamiento», le dijo a Alberto Prieto.

12. La metáfora está a la vista. Pedro Sánchez es, al mismo tiempo, la enfermedad y el homeópata: el presidente intoxica España y luego promete curas milagrosas contra el mismo mal que él ha generado. Curas que no duelen ni tienen efectos secundarios, pero sólo porque son agua con azúcar a precio de cura contra el cáncer. Dicho de otra manera: Sánchez es el estafador que te envenena el agua y luego te vende placebos contra la intoxicación.

13. Feijóo se presenta, en cambio, como el cirujano de la enfermedad que aqueja a España. Y esa cirugía va a doler, pero va a curar. Esto no lo dijo él, pero lo deduzco yo porque no hay otra manera. Lo que Feijóo les está pidiendo a los españoles, sin decirlo, es que elijan este 29 de noviembre si quieren seguir viviendo en la inopia, engañándose a sí mismos, o si desean liberarse, de una vez por todas, de su mal. Que es el estatalismo.

14. Casualmente, leo una entrevista con Alberto Nadal, que suena como futuro ministro de Economía de Feijóo, donde dice: «Hay que reconstruir España. Será nuestra obligación restaurar la credibilidad de los órganos». La metáfora está aquí un poco forzada, pero lo importante es que rima con la de Feijóo. ¿Es una consigna de partido o sólo una casualidad?

15. En cualquier caso, queda claro: la visión de una España convaleciente es compartida por todo el PP. España está enferma de sanchismo y el PP ha llegado para extirpar el tumor. Ese es el resumen.

16. Alberto Núñez Feijóo utilizó también el imperativo «mire» unas veinte veces en una hora de entrevista. A veces lo acompañó de «oiga» y «fíjese». El líder del PP utiliza el imperativo como un colchón: le da tiempo para pensar la respuesta y, de paso, coloca al entrevistador en la posición del que no ha entendido algo. También es el tono del profesor que corrige al alumno antes de contestarle. Yo creo que ha empezado a pillarle el tono a la prensa madrileña y que ha entendido que la manera correcta de tratarnos es torearnos.

17. Pero si se piensa bien, la orden de «mire, oiga, fíjese» está bien tirada. Porque a Pedro Sánchez ya sólo le queda el voto de los españoles que han renunciado a mirar, a oír y a fijarse. Yo creo que Feijóo aspira a que esos sanchistas rocosos despierten de su opiáceo sopor socialista en las cuatro semanas que quedan de campaña. No confío yo mucho en ese milagro, porque el voto que le queda al sanchismo es tan rocoso como ciego, pero quiénes somos nosotros para negarle la posibilidad de redención a los españoles más necesitados de ella.

18. Alberto Prieto empieza la entrevista calificando de «inverosímil» el accidente de Urda y Feijóo hace suyo el término de inmediato, deduzco que a falta de otra mejor que no pase por el Código Penal. Feijóo dice «inverosímil» para no decir algo bastante más grueso.

19. Uno de los momentos más significativos de la entrevista llega cuando Feijóo se corrige a sí mismo. Primero, el líder del PP dice que en Europa dimitir tras una tragedia es «lo normal», lo que es estrictamente cierto. Pero luego rectifica: «Pero no podemos considerar normal lo que es imprescindible». Feijóo se resiste a normalizar la excepcionalidad. A comprarle el marco a Sánchez.

20. La rectificación es precisa. En un país serio, la dimisión no es un gesto opcional de cortesía, una de esas cosas que hacen los japoneses porque tienen un código moral un poco extraño y excesivo, sino una obligación. Que haya que explicarlo en la España de 2026 lo dice todo acerca del sanchismo.

21. En realidad, Sánchez cesará o mantendrá a Óscar Puente en función de sus conveniencias electorales: lo justo, lo moral, lo correcto o lo necesario no son factores relevantes en su decisión. De hecho, son totalmente intrascendentes en ella. El único factor decisivo en las decisiones de Pedro Sánchez es la conveniencia personal de Pedro Sánchez.

22. Para medir la responsabilidad de Puente, Feijóo cita a Kostas Achilleas Karamanlis, el ministro griego que se derrumbó ante las vías en un accidente ferroviario, el de Tempi, con menos muertos que el de Urda; al primer ministro belga; y, sobre todo, a José Luis Corcuera, el ministro socialista que dimitió después de que el Tribunal Constitucional anulara un artículo, uno solo, de su ley Corcuera. Eran otros tiempos y otros países.

23. En toda la entrevista no aparece Vox. Feijóo no habla de pactos, ni de socios, ni de cordones. Ni en un sentido ni en su contrario. Su mensaje es el de un candidato que no quiere que la campaña gire en torno a otros. Es lo contrario de Sánchez, cuya supervivencia depende cada semana de Puigdemont, EH Bildu y Gabriel Rufián, pero también, en otro sentido, de Trump, de Milei y de Israel. Sánchez es el hombre sin atributos: lo definen sus enemigos y sobre todo sus amigos, en ambos casos para mal.

24. A Óscar Puente, Feijóo casi nunca lo nombra. Lo llama «este señor». No es un desprecio gratuito, sino una forma de quitarle el protagonismo que el ministro busca en las redes sociales. Puente ha hecho del insulto y la pelea navajera su estrategia y Feijóo se niega a entrar en ese juego. El adversario real, al que sí nombra, es Pedro Sánchez, que es quien nombró y quien sostiene a Puente, aunque sólo sea como pararrayos.

25. «Mire, yo no leo los tuits de este señor. No sé si con esos tuits se compondría un buen autorretrato de su autor». Feijóo define al ministro por su propia obra. Y mientras Puente tuitea insultos, el líder de la oposición anuncia una auditoría ferroviaria. Pronto sabremos lo que había detrás de toda esta verborrea arrabalera.

26. La palabra que más repite Feijóo es «auditoría». La dice unas dieciocho veces: para los trenes, para las cuentas, para las pensiones y para la sanidad. Feijóo es un gestor que no se fía de las cifras de un presidente que ha hecho del relato su única obra de gobierno. Así que antes de prometerle a los españoles un futuro en el que, como en la Cataluña del procés, cada día haya helado de postre, Feijóo quiere saber qué hay en los cajones. Es exactamente lo que haría cualquier consejero delegado al llegar a una empresa corrupta y mal gestionada.

27. Sobre el millón de viviendas que promete, su respuesta a la pregunta de quién va a construirlas es sencilla: «Usted dígale a una constructora que tiene suelo». No dice «las haré yo, oiga». Dice «las hará quien tiene que hacerlas, siempre y cuando cortemos las cadenas que atan ahora la economía española». Es la idea que el Gobierno lleva años sin entender: el problema de la vivienda es de oferta y la oferta depende del suelo, de las licencias y de la seguridad jurídica. «Oiga, es que sé cómo hacerlo», le dice a Prieto. «Es que ya lo he hecho, y lo he hecho sin dinero», apostilla.

28. Feijóo propone también permisos de residencia en sólo cuarenta y ocho horas para los trabajadores que contraten las constructoras. Es una política migratoria ligada al empleo y no a la regularización masiva: viene quien tiene un contrato y una obra esperándole. Es decir, quien viene a trabajar y no a vivir del Estado del bienestar español y del esfuerzo de los españoles. Es el modelo de los países que gestionan bien la inmigración, como Singapur. Es pragmatismo frente a ideología. Sentido común frente a demagogia. Pero que lleve cuidado: Sánchez no habría importado a millones de inmigrantes si no tuviera claro que son el futuro ejército de votantes de la izquierda y candidatos a clases dependientes del Estado. Yo le sugiero algo que solucionará si no todos, sí buena parte de sus problemas: que acabe con el ingreso mínimo vital. No me hará caso, pero le solucionaría dos problemas en uno. Y además sería lo justo.

29. Feijóo admite que teme encontrarse un déficit oculto: «Pues mire, sí, no se lo voy a ocultar. Hay facturas sin contabilizar». Es una honestidad poco frecuente en campaña, cuando lo más cómodo es mentir. Y es coherente con cuatro años de un Gobierno sin Presupuestos, que ha gobernado a golpe de prórrogas y de decretos. Quien hereda una casa en ruinas tiene derecho a desconfiar de las cuentas.

30. «Si hay que parar, el tren se parará». Feijóo pone la seguridad por delante de la imagen, pero se niega a anunciar cierres de corredores antes de tener la auditoría: «Yo esto no lo puedo decir». No sembrar el pánico, pero tampoco cerrar los ojos frente al problema: eso era gobernar antes de la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa.

31. La entrevista acaba con una frase sin triunfalismo: «A ver lo que pasa el día 29 a las 23:00 horas». Feijóo no da nada por ganado, a pesar de las encuestas. Y en vez de prometer una España faro de la humanidad, como ha hecho el más corrupto de los presidentes españoles en casi cincuenta años de democracia, el líder del PP se presenta como «un presidente decente que no mete la mano en la caja». Después de siete años de Sánchez, ese podría ser el programa entero del futuro gobierno de la nación. Sólo con eso ya mejoraríamos sustancialmente lo presente.