Andrés Oppenheimer-El Español
  • La gran pregunta no es si el presidente Donald Trump va a perder las elecciones intermedias, sino si las va a perder por un pelo o por paliza.

Si uno escucha a los principales encuestadores de Estados Unidos, la gran pregunta no es si el presidente Donald Trump va a perder las elecciones intermedias de este martes, 3 de noviembre, sino si las va a perder por un pelo o por paliza.

Las encuestas de las últimas semanas muestran que, aunque el Partido Republicano de Trump está gastando mucho más dinero en publicidad política para sus candidatos, la ventaja para los demócratas se sigue ampliando.

La firma de análisis electoral independiente The Cook Political Report, una de las más respetadas, estimó el 9 de octubre que los demócratas ganarán entre nueve y diecinueve escaños en la Cámara de Representantes.

Eso les daría una cómoda mayoría de entre 224 y 234 escaños en una Cámara de 435. En su última estimación, del 30 de octubre, Cook elevó esa horquilla a entre 227 y 240 escaños.

Apenas dos semanas antes, la misma publicación calculaba un repunte demócrata bastante menor, de entre cinco y quince escaños.

El alto coste de la vida, la guerra contra Irán y las denuncias de corrupción le están pasando factura al partido de Trump.

Los sitios de apuestas tampoco parecen tener dudas de un amplio triunfo demócrata. A mediados de octubre, los apostadores de Polymarket daban un 90% de probabilidad de que los demócratas ganaran la Cámara de Representantes, y un 61% de que ganaran el Senado.

Pero ¿se mantendrá esta tendencia hasta el día de la elección? Según me dicen algunos portavoces republicanos, el partido de Trump aún puede ganar porque a Trump siempre le va mejor en las urnas que en las encuestas.

Muchos votantes dicen en las encuestas que no les gusta el presidente, pero al final terminan votando por él, me dijeron.

Además, Elon Musk, el dueño de X y el hombre más rico del mundo, ha donado 276 millones de dólares a grupos que apoyan a los candidatos republicanos, lo que le da al partido oficialista una gran ventaja publicitaria en la recta final de la campaña.

Y Trump prometió entregar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos retienen el Congreso.

Sin embargo, hay varios factores muy poderosos para pensar que los demócratas van a ganar por lo menos la Cámara de Representantes y le pondrán fin al control total de Trump en Washington.

Primero, históricamente el partido opositor suele ganar las elecciones intermedias en Estados Unidos. Los votantes suelen castigar al partido de gobierno en las elecciones legislativas.

Segundo, la popularidad de Trump cayó por debajo del 37%, y una encuesta del portal Politico muestra que ya es demasiado tarde para que los republicanos puedan ganar.

Los votantes indecisos no votarían por ellos ni siquiera si Trump anunciara el fin de la guerra con Irán o si la gasolina bajara un dólar por galón, dice el sondeo.

Tercero, hay señales de que el Partido Republicano está a la defensiva. En lugar de volcar todos sus recursos en los estados disputados, está gastando dinero para salvar a sus candidatos en bastiones republicanos como Texas, Kansas y Nebraska.

Otro indicador significativo son los viajes del presidente en la recta final de la campaña. Trump ha hecho campaña en varios estados donde los republicanos siempre habían ganado fácilmente, como Texas, Nebraska y Alaska.

Todas esas son señales de alarma por lo que probablemente muestran sus propias encuestas internas.

A todo esto se suma una rebelión de los votantes latinos. Según una encuesta de NBC y Telemundo, el 59% de los hispanos quiere que los demócratas controlen el Congreso, contra sólo un 35% que prefiere a los republicanos.

En las elecciones de 2024, un 46% de los hispanos había votado por Trump.

«Los votantes latinos sienten frustración con lo que están viendo salir de la administración de Trump y del Congreso republicano», me dijo Ayleen Cardona Arroyo, la encuestadora demócrata que realizó el sondeo de NBC-Telemundo junto a un colega republicano. «Están esperanzados de que el Partido Demócrata pueda traer un cambio».

Será difícil que la promesa de Trump de regalar 5.000 dólares logre cambiar la tendencia.

Muchos recuerdan que Trump ya prometió cheques de 2.000 dólares que supuestamente vendrían del cobro de sus aranceles, y el dinero nunca llegó.

Salvo una sorpresa gigantesca, Trump va a sufrir un golpe político.

La única duda es si el tropezón será lo suficientemente grande como para dejarlo noqueado en los dos años que quedan de su mandato.