Ignacia De Pano-Vozpópuli
- Nadie olvide la actitud resbaladiza y viscosa de Sánchez frente a las múltiples tragedias que han jalonado su tenebroso paso por la Presidencia del Gobierno
Año 1945. Harry Truman toma posesión como presidente de Estados Unidos tras la muerte de Franklin D. Roosevelt. Bajo sus hombros iba recaer el deber de tomar decisiones de calado casi sobrehumano, que llevarían a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial y la redefinición del mundo. En la Casa Blanca, sobre el escritorio presidencial de la Sala Oval destaca un objeto singular. Se trataba de una placa con esta leyenda grabada en la madera: “The buck stops here”, frase hecha inglesa que puede traducirse como “La responsabilidad acaba aquí.” Yo soy el responsable último de todas las decisiones que se tomen bajo mi mandato. La pelota no puede endosarse a otro, ha llegado, sobre esta mesa, a su destino final.
Contrasta esta visión íntegra y adulta del ejercicio del poder con la actitud resbaladiza y viscosa de Sánchez frente a las múltiples tragedias que han jalonado su tenebroso paso por la Presidencia del Gobierno. Todas ellas, incluso las producidas por casos de fuerza mayor, agravadas por la inoperancia amateur de un gobierno de incapaces dedicado a la propaganda. Desde la pandemia y la letal manifestación del 8 de marzo del 20 que multiplicó por razones de propaganda efectista su velocidad de contagio a la erupción volcánica de La Palma, que olvidada por la lejanía casi metafísica de una isla tan bella como remota, sigue esperando soluciones a una tragedia que modificó para siempre su forma de vida.
Degradación moral y física
Unamos a ellas los incendios devastadores y las riadas producidos por una política ecopatológica, o la normalización de la invasión del territorio nacional en Ceuta por parte de un vecino hostil y crecido. Un gobierno que confunde la cronificación de los problemas con la gestión, la creación del relato con la realidad o la obsesiva pulsión por el poder, con lo que ello conlleva de pasilleos, estrategias y ruindades con el trabajo. Ocho años de degradación moral y física, de destrucción de nuestras infraestructuras y de instauración de la mentira como animal de compañía.
Durante estos años, Sánchez ha nombrado como ministro de Transportes, sucesivamente, a un sujeto, ahora en prisión, que usaba el ministerio para colocar a sus queridas a fin de que los ciudadanos fuéramos paganos solidarios de sus amores de alquiler, en un uso infame de nuestros recursos e instituciones que nos ensucia y nos asquea. Después, lo encomendó a un personaje atrabiliario desalojado por la fuerza de los votos de la alcaldía de Valladolid que dedica todas las horas del día a insultar por las redes sociales a los ciudadanos que le pagan el sueldo y que no distingue un tren de un zeppelin. Eso sí, ha sido muy eficaz vaciando el Ministerio del personal técnico necesario, que fue sustituyendo por perfiles políticos tan incapaces y maniobreros como él. Mientras tanto, por las vías extendidas a lo largo y ancho de la geografía española seguían circulando trenes con la potencia de bombas atómicas llenos de gente confiada en la seguridad de nuestra red ferroviaria. Cada hora, cada minuto, cada segundo.
Fallos graves de seguridad
Puente acaba de reconocer ahora 170 situaciones de fallos graves en la seguridad de esos trenes. En cada vagón, personas con sus vidas y sus sueños. Todos ellas con sus correspondientes redes de afectos, con madres y padres, hijos o sobrinos, maridos y mujeres. Niños pequeños y ancianos, todos propulsados como balas sin saber que no hay nadie al volante. Y mientras tanto, cada día de cada semana de cada mes, el ministro tuiteando febrilmente sobre chorradas, perdiendo estúpida y violentamente, su tiempo y el nuestro.
Adamuz hace menos de un año y ahora Urda. Y lo sorprendente, a la vista de las informaciones que no dejarán de abrirse paso entre los hierros fundidos de los vagones destrozados, es que no haya ocurrido más veces. En las primeras explicaciones del presidente y su fotocopia de Transportes se percibe, más que el humano horror ante una desgracia de estas proporciones, el fastidio. Como si los trenes hubieran decidido intervenir por su cuenta en un proceso electoral que creían encarrilado. la tragedia se interpone en la campaña electoral y eso es lo que les molesta. Por eso, lo primero era buscar un culpable cuanto antes, y no dudaron en atribuir la culpa en un primer momento a un pobre técnico que no es sino la última víctima de la metástasis del cáncer que afecta a la joya de la corona nacional, nuestro sistema de trenes de alta velocidad.
El ‘calvario’ personal
Me imagino lo que Truman hubiera opinado de que un ministro de transportes, al que solo parece afectarle lo que puedan decir de él en su “calvario” personal, rechace la responsabilidad que le corresponde para echársela encima a un subordinado. Modales y tácticas de matón de patio de colegio que ya no cuelan y solo producen en la población atónita ante tanta bajeza sentimientos alternos de asco y rabia.
Que un país como el nuestro, con una población tan solidaria como los habitantes de Urda, que acudieron a socorrer a las víctimas de todas las maneras posibles, con unas fuerzas de seguridad tan abnegadas, profesionales y eficaces y un pueblo que hizo colas de horas para donar sangre haya sido gobernado durante tanto tiempo por esta partida de malas personas es más que un misterio una catástrofe y una maldición que no merecemos. Hizo falta para ello la colaboración de antiguos asesinos convertidos en socios decisivos. No se nos ha ahorrado ni una sola humillación como país. Estará bien que no nos olvidemos, aunque ellos traten de sacudírsela de quién es la culpa de que en el campo semántico de ADIF hayan entrado con fuerza las palabras prostituta y muerte. Faltan 27 días. Mala gente. Recordémosles con nuestro voto que la responsabilidad termina aquí.