Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • El silencio clamoroso de tantos ante hechos injustos de los cuales es responsable el PSOE o el gobierno de Pedro Sánchez

Este fin de semana de todos los santos y de los difuntos se ha puesto fin a sí misma, tras treinta y seis días de concentración, la acampada de Sol. Y lo ha hecho tras haber logrado resultados más bien modestos: unos cuantos talleres de yoga, varias tormentas de ideas y quizás alguna noche loca no han sido suficientes para resolver el problema de la vivienda, y es que una cosa es indignarse por determinadas situaciones y otra tener las ideas apropiadas que sirvan para resolverlas. Por ser riguroso, tampoco es que los congregados pretendieran resolver el problema de la vivienda sino más bien montar jaleo y, si acaso, proteger los derechos de los arrendatarios, o sea, de los que ya disponen de una vivienda donde vivir a diferencia de los que todavía no la tienen, con el añadido de que los intereses de ambos son en parte contradictorios: salvo que se construya más vivienda, a los segundos sólo les cabe esperar que los primeros dejen libres sus viviendas, y a los primeros, visto el percal, conservar la que tienen.

Al fin y al cabo, la organización que lideró la acampada en la Puerta del Sol fue el sindicato de inquilinas de Madrid, cuyo objetivo es, tal como su propio nombre indica, la defensa de los intereses de los inquilinos y, más rimbombantemente, combatir la especulación inmobiliaria, frenar los abusos de los grandes propietarios y lograr mejores condiciones para el acceso a la vivienda, objetivos loables que no se logran, normalmente, con la puesta encima de la mesa de los intereses de sólo una de las partes sino con medidas globales que tengan en cuenta a todas, labor que corresponde fundamentalmente a los partidos políticos y, específicamente, a los que nos gobiernan, esos que han sido incapaces de resolver el problema de la vivienda.

Ánimo de venganza

La concentración de Sol nació con pretensiones muy elevadas y mucha atención mediática y ha terminado como el rosario de la aurora y cierta imagen de decadencia: por ejemplo, prestando sus tiendas durante la noche a personas sin techo mientras sus residentes habituales dormían calientes en sus casas, lo cual es una forma un tanto desigual de compartir una vivienda y clamar por un mundo más justo. Es lo que tiene generar expectativas sobredimensionadas quizás por sus semejanzas con los albores del 15-M, movimiento que inició en Sol sus andanzas pero cuyas razones fueron mucho más profundas y sus consecuencias mucho más determinantes: por un lado, nació como consecuencia de la crisis financiera de 2008, de la crisis inmobiliaria, del bipartidismo y la partitocracia, de los abusos bancarios, de los recortes del estado del bienestar impulsados por Zapatero y de la corrupción política; por otro lado, provocó la ruptura del bipartidismo y el surgimiento de Podemos, cuyos promotores más insignes aprovecharon el hastío de la gente para hacer carrera política, confundirse con el paisaje, empeorarlo todo y, con el tiempo, resolver sus vidas pero ni uno solo de los problemas que dijeron sus propuestas resolverían. Mientras tanto, moralina barata y ataque despiadado a todo lo que se moviera y no asumiera como indubitados los postulados de los morados; hasta que su hipocresía quedó en evidencia e hizo que la gente desconfiara de sus propuestas y de quienes salen a la calle con mucho ánimo de venganza pero pocas buenas ideas. Ahora sólo les queda el proyecto personal de Irene Montero… y millones de defraudados.

Supongo que los concentrados de Sol, ahora que se retiran a preparar una huelga general contra la oposición al Gobierno encargado de resolver los problemas de los que se quejan, dirán que al menos han puesto en el centro del debate político el problema de la vivienda con su movilización por el desahucio de Maricarmen, caso particular que promovió y elevó a los noticiarios el propio sanchismo para tener algo a lo que agarrarse y calentar una campaña que lograra evitar su propio desahucio de la Moncloa, el único contra el que han peleado porque es el único que les preocupa. O sea, que fueron engañados primero y utilizados después, no para resolver ningún problema sino para perjudicar a la derecha, que es como funciona el PSOE: no actúa para resolver los problemas sino para provocarle problemas a su principal adversario. Lo que ocurre es que la engañifa le duró poco: lo que se tardó en saber que su portavoz, Montse Mínguez, está casada con quien tiene múltiples viviendas con las que hace negocio y ha desahuciado a varias personas por impago, cosa propia de la extrema derecha y fondos buitre, conceptos análogos en los que nunca debe incurrir la izquierda… al menos públicamente.

Universos alternativos

Estas semanas de acampada en Sol han servido para recordar de qué pie cojea cada cual y las incoherencias habituales que adornan ciertos discursos que más parecen sermones y homilías que propuestas serias a tener en cuenta. Según se pudo saber, hubo quien ocupó temporalmente una de las tiendas de Sol que en ese momento se encontraba vacía y, al volver sus legítimos dueños, lo desahuciaron sin compasión y por la vía rápida: «¡Esta tienda de campaña es nuestra!», lo cual demuestra que el acceso a la vivienda es complejo incluso en lugares idílicos habitados por seres de luz y comunistas de distinto pelaje.

En otra ocasión comprobamos que los vicios más mundanos son universales y afectan hasta a los seres más bondadosos; así, vimos a un reportero entrevistar a un manifestante que apenas podía hablar por lo que parecía ser una ingesta excesiva de alcohol, lo cual demuestra que la preocupación social y la diversión no sólo no son contradictorios sino que son perfectamente compatibles. Pero tampoco vamos a ser cruel con quien bebió más de la cuenta mientras se preocupaba de nuestros problemas; de siempre se ha sabido que el alcohol y otras sustancias calman el ánimo, reducen el miedo escénico y, aunque rara vez han servido para resolver problemas complejos como podría ser el problema de la vivienda, fomentan la creatividad…, lo cual es esencial para construir universos alternativos que calmen nuestras desgracias y nos evadan de nuestros males. El que no se consuela es porque no quiere.

El clamoroso silencio

Además, en los inicios de la movilización, acudieron a mostrar su apoyo a quienes no tienen vivienda unos cuantos que al parecer tienen muchas, como Carlos Bardem y Pedro Almodóvar, entre otros, clásicos defensores de la izquierda que dan consejos pero que para sí no tienen: que se sepa, no han cedido ninguno de sus inmuebles a nadie que necesite un hogar donde vivir o se encuentre amenazado por un desahucio, cosa que sí deben hacer quienes tengan muchas viviendas si es que son de derechas. O, como Daniel Guzmán, quien desahució sin miramientos a quienes ocupaban ilegalmente su propiedad mientras clama contra quienes quieren cobrar lo que se les debe o recuperar legalmente lo que les pertenece. Otros como Aitana Sánchez-Gijón y Juan Diego Botto acudieron a mostrar su solidaridad expresa con los congregados, al menos un rato, que una cosa es hacerse la foto y otra permanecer donde ni siquiera hay letrinas y el hedor se convierte en insoportable.

Esto último es seguramente lo que más me repugna: la hipocresía de la izquierda caviar y el silencio clamoroso de tantos ante hechos injustos de los cuales es responsable el PSOE o el gobierno de Pedro Sánchez: ni en Adamuz ni en Ceuta ni en Urda se les ha visto; ni han dicho ni mu en relación a Ábalos o Cerdán, las joyas de Zapatero, el hermanísimo de Sánchez, las cloacas socialistas o la amnistía a Puigdemont, entre otros tantos escándalos. Ahí, al parecer, no tienen nada que rascar.