- Un Gobierno que lleva la legislatura sin presupuestos y que tiene al anterior ministro de Transportes en la cárcel pretende ahora cargar toda la responsabilidad sobre las espaldas de un currito.
Tenemos nombre, tenemos audios, tenemos explicación.
Todos sabemos que la responsabilidad de que dos trenes chocaran fue de un técnico que dio la orden equivocada en el momento equivocado.
Se siembra con precisión la idea del error humano, que es una manera bastante más elegante de decir que ya han encontrado a quién sacrificar para que nadie tenga que responder por nada más.
A día de hoy no conocemos qué pasó en Adamuz porque todo era extraordinariamente técnico, extraordinariamente complicado, extraordinariamente lento.
Pero menos de veinticuatro horas después de la tragedia de Urda resulta que la culpa es de un solo hombre.
Así que ya sabes.
La seguridad de los trenes de tu país depende de que una sola persona no tenga un mal día, no se desmaye, no le dé un infarto, no le llamen para comunicar una mala noticia, no se le muera la madre, no pase una mosca y no necesite ir al baño.
Da igual que los maquinistas llevaran avisando de los problemas de seguridad desde hace meses, no importa que ya hubiera incluso una huelga convocada para protestar por la falta de atención a estas cuestiones.
El Partido Socialista Obrero Español ha hecho de un obrero español su chivo expiatorio.
Un Gobierno que lleva la legislatura sin presupuestos, que no ha rendido cuentas sobre su gestión de los fondos europeos, que tiene al anterior ministro de Transportes en la cárcel y que nos ha asegurado que el tren está en su mejor momento, pretende ahora cargar toda la responsabilidad sobre las espaldas de un currito.
Ha dicho Pedro Sánchez que dos accidentes en un año en la alta velocidad eran «inasumibles».
Parece una declaración empática, pero es otro de los jueguecitos de retórica a los que nos tiene acostumbrados el presidente.
🗣️🔴 Sánchez ve «inasumible» dos tragedias ferroviarias en un año pero no decide sobre Puente: el PSOE se queda sin su campaña ✍️ Por @Fgarea https://t.co/otP4KzJgRD
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) October 29, 2026
Algo inasumible es, literalmente, algo que no se puede asumir.
Algo frente a lo que nada se puede hacer, frente a lo que sólo cabe alzar los brazos y derramar lágrimas y sacudir la cabeza murmurando «qué tragedia».
Al calificarlo de «inasumible», el presidente ya nos está revelando que, precisamente, se va a negar a asumir las consecuencias.
No va a hacer dimitir a su ministro, no va a investigar por qué no funcionaron los sistemas de seguridad, no va a exigir saber a dónde ha ido a parar todo el dinero que debería haberse destinado a mantener las infraestructuras, no le pica la curiosidad por conocer si estamos ante la misma confluencia de negligencias que provocó la tragedia de Adamuz.
Quizá es que es mejor no plantear preguntas de las que ya el presidente sabe las respuestas.
Así que señalemos a un solo trabajador, creemos un cerco asfixiante a su alrededor, hablemos de un posible fallo humano y, además, hagámoslo fingiendo empatía.
Óscar Puente ha comparecido para decir que no pretende escudarse en ningún trabajador, pero luego ha procedido a pasarse la rueda de prensa asegurándose de que nos quedara claro que la responsabilidad recaía única y exclusivamente sobre el centro de control.
Hasta nos ha contado que el operario del centro de control que dio la orden equivocada es de mediana edad, con la formación adecuada y llevaba tan sólo dos horas trabajando.
Como guiñándonos un ojo y diciendo: «Hombre, que no estamos ante un becario agotado».
Y ha dicho que no dimite porque sería la salida fácil. Y eso que sabe que va a ser sometido a «un calvario» de aquí a las elecciones.
🔴 Puente no dimite porque «no perjudica a su proyecto de país» y augura que vivirá un «calvario, encima, en campaña electoral» «Si yo creyera que mi continuidad perjudica, habría dado un paso al lado, le aseguro que pasar por esta circunstancia dos veces en un año no se lo deseo a nadie»
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) October 30, 2026
Con muertos aún sin identificar, el ministro ha tenido el atrevimiento de decir que el calvario lo va a vivir él.
Para ser mártir del sanchismo es necesaria una falta de pudor extraordinaria.
El PSOE lleva tiempo demostrando que no tiene demasiados problemas en sacrificar a quienes dice representar.
Ya vendió a los españoles para conservar el Gobierno, a los valencianos cuando más necesitaban que el Estado estuviera a la altura y a los ceutíes cuando sus intereses chocaron con los de Marruecos.
Sólo les quedaba una última frontera: vender a un español con nombre y apellido.
El Partido Socialista Obrero Español ha encontrado una nueva manera de desprenderse de la palabra «obrero» que lleva en sus siglas: cargarle el muerto a uno.