Pedro García Cuartango-ABC
- En la forma de gobernar de Sánchez, se halla el germen de su inevitable caída, sea hoy o mañana, que será cruel y estruendosa
El científico francés Henri Poincaré afirmó que el azar es la medida de la ignorancia del hombre. Este matemático y físico francés postuló que todo espacio cerrado, sin bordes y tridimensional es siempre una esfera. Se tardó un siglo en demostrar que esta hipótesis era correcta. Fue el ruso Grigori Perelman quien acreditó la conjetura en 2003.
Poincaré pensaba como Spinoza que nada sucede por casualidad y que, si no podemos explicar un fenómeno, es por desconocimiento de las causas. Otros muchos físicos y filósofos han sostenido a lo largo de la historia que existen leyes que determinan los hechos y que el azar no juega ningún papel en el destino.
Pasados los 70 años, tiendo a descreer en la idea determinista de que existe un encadenamiento lógico e inevitable de los acontecimientos que deriva del principio de causalidad. Si lo aplico a mi existencia, me han sucedido cosas sorprendentes e inexplicables, consecuencia del azar de haber tomado una dirección y no otra en una calle.
La mala suerte jugó contra las 69 personas que se subieron a los trenes y murieron en el accidente de Urda por el mero hecho de estar en un vagón. La tragedia se produjo por una serie de fallos en cadena, pero el destino de las víctimas lo decidió el azar.
Hay sucesos que resultan previsibles: si uno es alcohólico, es muy probable que acabe por tener problemas en el hígado. Pero resulta imposible predecir la muerte en un accidente de automóvil. El razonamiento es extensible a los fenómenos sociales y políticos, donde es muy arriesgado prever el futuro. Por eso, soy escéptico sobre las encuestas.
Cuando convocó las elecciones, Sánchez pensaba que disponía de una ventana de oportunidad para obtener unos resultados favorables. Lo que ha sucedido después demuestra su error. Tanto la tragedia de Urda como la última investigación de la UCO sobre los contratos de Adif lo han puesto contra las cuerdas.
Maquiavelo definía la política como el arte de dominar el tiempo, el ‘momentum’ en sus términos. Al ignorar el papel del azar y no calibrar los riesgos de una larga campaña, el líder socialista ha tomado posiblemente una decisión equivocada. Pero nada es seguro. Todo puede cambiar en las tres semanas que restan.
Nuestra vida está regida por la volatilidad y la incertidumbre. Y ello vale para los más poderosos como Trump, cuya estrepitoso declive es una lección de la vulnerabilidad que suscita toda acumulación de poder y el pecado de la ‘hybris’. En la forma de gobernar de Sánchez, se halla el germen de su inevitable caída, sea hoy o mañana, que será cruel y estruendosa.
No digo que haya que huir de las vanidades de este mundo, pero sí que los políticos mesiánicos, los tecnoligarcas y quienes se creen por encima de los límites se estrellarán contra el suelo cuando se les fundan las alas por haber volado muy alto.