Cuidado con las metáforas

SANTIAGO GONZÁLEZ, 12/02/13

· Sigo con mucha atención a Julia Otero desde que presentaba un concurso en Televisión a la hora de comer que según creo recordar se llamaba “3×4″. Un día fue ‘víctima’ de un programa de cámara oculta, ‘Inocente, inocente”. Le hacían creer que les había tocado la lotería, a ella y a todos los de la redacción de la emisora de radio en la que entonces trabajaba. A todos menos a uno. Ella trató de convencer a los demás de que debían repartir su fortuna con el compañero y ante la negativa de todos, cómplices del engaño, optó por una solución radical: “venga, va, yo reparto mi participación con él”.

Me pareció que era una buena persona, y esa es una consideración que aún me acompaña hoy, aunque no comparto muchos de sus juicios. A decir verdad, hay días que no llego a estar de acuerdo conmigo al cien por cien.

Pero este fin de semana ha publicado un artículo, en mi opinión, excepcional: ‘A Ada Colau‘. Ada Colau es aquella señora airada que en una comparecencia en el Congreso, llamó ‘criminal’ al representante de la banca que había comparecido antes que ella. Me pareció que era llevar demasiado lejos la metáfora. También me pareció algo más, pero Espada lo escribió ayer en su blog y no es cuestión de repetir conceptos. En aquella comisión, de la que forma parte la coalición Amaiur, había con toda seguridad una persona con quien pudo emplear la metáfora con más propiedad, uno de esos tipos que tienen complicidad moral y política con la banda terrorista, a la que no le afean sus 858 asesinatos nada figurados, reales todos ellos, y a la que no exigen su disolución.

Banco Sabadell

Pie de foto: Huy, si la viera Colau.

Yo acababa de leer este artículo de Fernando Savater en El País: ‘La indignación proscrita‘ y me pareció muy poco atinada la columna de Julia Otero, tan complaciente con la indignación políticamente correcta de la señora Colau, por mucho que uno entiende los tiempos en que vive y comprende que gentes de buenos sentimientos tomen a una señora cabreada por una alegoría de la democracia.

La deconstrucción de todo el artículo sería tarea larga, y quizá pesada para su lectura. Por eso, me conformaré con una sola frase:

“Cuando la orgía económica eyaculaba [error en el sujeto. La orgía puede ser, en todo caso, el espacio social en el que se eyacula, pero no es eyaculadora ella misma] ladrillos [Al comentar la bárbara metáfora, ‘eyacular ladrillos’ el ATS Espada dictaminó con aire profesional: «Eso va a ser un caso de piedras en el riñón»] por todas partes, [¿Por todas partes?¿Menos por una llamada ‘istmo’? eyacular es actividad que se ejerce por caño idóneo, también llamado ‘uretra’]  sin atisbo de que aquello tuviera fin… [Hay trazas en esta frase del título que nuestro admirado Vargas Llosa puso  a su extraordinario ensayo sobre Madame Bovary, ‘La orgía perpetua’, pero escribir de una eyaculación «sin atisbo de que aquello tuviera fin», es un oxímoron: el orgasmo masculino y su manifestación fisiológica, la eyaculación, son, desdichadamente breves, muy breves. No puede haber clímax sin valle, es triste, pero es así la vida. Tengo entendido que también el femenino es breve. De ahí aquella anécdota (o chiste, no estoy seguro) del capellán de colegio de monjas que advertía a las educandas: «pensad, hijas mías, que una hora de placer no vale una vida de arrepentimiento», a lo que una de las colegialas preguntó: «¿Podría decirnos cómo se hace para que dure una hora?»].”

Hace muchos años, cuando Franco acababa de morir y yo escribía mis primeros artículos en ‘El Norte de Castilla’, me produjo un impacto extraordinario una metáfora descabellada que escribió un famoso columnista de la época, Pedro Rodríguez, fallecido prematuramente: ”ríos de semen democrático fecundan las vaginas oficiales”. Si aun hubiera escrito “inundan”… pero la fecundación, al menos por entonces, era cosa de un espermatozoide y un óvulo. El semen es sólo el continente, y la vagina, el vaso receptor.

En fin, al leer aquello tuve la fortísima impresión de que el género necesitaba renovarse.

SANTIAGO GONZÁLEZ, 12/02/13