TONIA ETXARRI-EL CORREO

  • El intento de controlar las críticas de la Prensa recuerda a las prácticas del candidato republicano

Estábamos tan inmersos en las elecciones norteamericanas (el lehendakari Urkullu felicitando a Joe Biden vía Twitter, en el PP reconociendo que es un alivio que Trump deje la Casa Blanca, los populistas de Podemos criticando a sus homólogos norteamericanos) que apenas pudimos digerir que el Gobierno de España metiera dos goles por la escuadra. La supresión del castellano como lengua vehicular en la enseñanza en Cataluña y el comité contra la desinformación. Dos goles que han vuelto a dejar a la oposición constitucionalista en clave de lamento.

En estos días de confrontación electoral en EE UU, el agravio comparativo con nuestro país ha resultado inevitable. Ya hemos visto que Trump tiene mal perder. Y que Biden ha demostrado ser un buen ganador. Hablando de su adversario sin insultarlo. Sin llenarse la boca con el calificativo de ‘ultra’ en cada coma de sus frases.

Pero no es la primera vez que un político norteamericano logra romper los esquemas. Ocurrió con el republicano McCain, por ejemplo. Cuando perdió en 2008 llamó a Obama para felicitarlo «por haber sido elegido el próximo presidente de un país que los dos amamos… Lo ha conseguido elevando las esperanzas de muchos millones de americanos. Es algo que admiro profundamente».

Difícil suponer ese tono en el perdedor Trump. Pero también resulta difícil imaginarlo en los ganadores de nuestro país. Tan dados a fomentar la extrapolación caricaturizando al adversario.

«En una democracia no es el Gobierno el que controla a los medios, sino los medios al Gobierno»

Quienes están interesados en alimentar el enfrentamiento entre bandos quieren descartar cualquier fórmula de gobiernos transversales. No hay más que ver cómo está cayendo en Podemos el giro estratégico de Ciudadanos. No sabemos hasta dónde el partido naranja será capaz de ceder. Porque cada vez le resulta más difícil compaginar su indignación por las últimas iniciativas de La Moncloa con su apoyo presupuestario.

La creación de una comisión permanente contra la desinformación, dirigida desde el Gobierno, que ha generado todo tipo de alarmas, le parece una «cacicada» a Inés Arrimadas. Europa ha vuelto a dar otro aviso por ese intento de La Moncloa de «monitorizar» las críticas de la Prensa. El anterior fue con la intención de controlar el Poder Judicial y, de momento, ha conseguido pararlo. ¿Se persigue evitar noticias falsas o se pretende limitar la libertad de expresión?

El ‘comité de la verdad’ del gobierno de La Moncloa ha generado tantas suspicacias y recelos, incluido el de Bruselas, que ahora Iván Redondo busca despolitizarlo. Para vigilar si los periodistas cumplimos la ley ya están los tribunales. Ahora bien, si se pretende controlar la libertad de crítica y emular el pensamiento único, habrá que acogerse al artículo 20 de la Constitución.

Es una iniciativa que recuerda al propio Trump. El republicano populista que desacreditaba como ‘fake’ cualquier noticia que le perjudicara. En una democracia no es el Gobierno el que controla a los medios de comunicación. Son los medios de comunicación los que controlan al Gobierno. Lo dijo el socialista Edu Madina. Y el propio juez García Castellón lo explicó con claridad meridiana en la apertura del nuevo curso del Máster de Periodismo dde EL CORREO-UPV/EHU con una advertencia a los nuevos redactores: «Si no hacéis información con la finalidad de controlar (al poder) estáis abocados a la propaganda».

El Gobierno debería estar centrado en el combate contra el Covid-19. En la crisis sanitaria y económica. Y despolitizar la pandemia de una vez. Qué poco nos parecemos a Alemania o Francia. Y así nos va.