Rosa Martínez-Vozpópuli
- Lo que me gustaría es que no se siguiera hablando de nuestros agentes como héroes mientras se les niegan las condiciones legales, materiales y políticas para volver vivos a casa
La Virgen del Pilar ha tenido que acudir nuevamente a las puertas del cielo para acoger en su seno a dos guardias civiles, Germán y Jerónimo. Sus más de treinta años de servicio y las numerosas condecoraciones y distinciones por su trabajo no les respaldaron el viernes pasado, cuando perseguían una narcolancha a unas ochenta millas de la costa de Huelva.
Porque da igual la experiencia que tengas y lo bueno que seas en tu trabajo cuando te obligan a trabajar en desventaja. Hace dos años le escribí una carta abierta al señor Marlaska por el asesinato de dos guardias civiles en Barbate: David y Miguel Ángel. A mí aquellas muertes todavía me duelen en el recuerdo, pero dudo que a un ministro del Interior que vuelve a encontrarse con dos agentes muertos en acto de servicio le pese algo en la conciencia más allá de lo que dura una nota oficial.
Mueren dos agentes de la Guardia Civil durante una persecución a una narcolancha en Huelva
“Los siniestros hechos acaecidos en Barbate ya plantearon la necesidad de autorizar a los guardias civiles el uso de armamento que neutralice a las narcolanchas durante una persecución en el mar”. Durante estos dos años he leído esta frase en muchos artículos y la he escuchado por parte de distintas asociaciones de guardias civiles. En lugar de respuestas, solo me ha generado una pregunta: ¿con qué se están enfrentando nuestros agentes a los narcotraficantes si no están autorizados para usar medios que puedan neutralizarlos? ¿A qué estamos jugando y por qué tenemos que apostar las vidas de nuestros guardias más valientes en una partida en la que los ases los llevan los otros?
Actuar con contundencia
El área del Estrecho de Gibraltar es desde hace tiempo un campo de batalla en el que nuestros agentes de la Guardia Civil hacen lo indecible para detener a los grandes clanes del narcotráfico que traen droga desde el norte de Marruecos. La narcolancha que el pasado viernes perseguían las dos embarcaciones de la Guardia Civil tenía catorce metros de eslora y cuatro motores. Y da igual que persigas ese bicho de embarcación con una zodiac o con la patrullera más veloz si luego el Estado no permite actuar con la contundencia necesaria cuando la vida de los agentes depende de ello.
No se trata de convertir el mar en una película de acción. Se trata de permitir que la autoridad sea autoridad. De impedir que los delincuentes salgan a navegar sabiendo que ellos llevan motores, dinero, violencia y ninguna duda moral mientras los agentes llevan vocación, disciplina, normas, miedo a arruinarse la vida por actuar y un Gobierno que solo les llama héroes cuando ya es tarde. Las distintas asociaciones de la Guardia Civil coinciden y no se cansan de repetir lo mismo: no ha sido un accidente imprevisto, sino una batalla desigual y peligrosa. La clase de tragedia que luego todos lamentan con la misma solemnidad con la que antes la ignoraron.
El capitán Jerónimo se fracturó varias costillas hace meses en una intervención con otra narcolancha. En esta ocasión, las lesiones fueron tan graves que le costaron la vida. Quizá alguno se pregunte cómo sigues yendo a trabajar sabiendo que cada día te pones en peligro mortal tan solo porque un día juraste que si fuera preciso entregarías tu vida en defensa de España. Yo no me lo pregunto, porque sé que el honor y la palabra pesan más para las personas íntegras que la propia vida. Yo lo que me pregunto es cómo es posible que este Gobierno y todos los anteriores se nieguen a reconocer que ser guardia civil es una profesión de riesgo.
Sánchez dice estar consternado
Después de saber que hemos perdido a otros dos hombres que estaban dispuestos a morir por defender su país y que así lo demostraron, el presidente del Gobierno de España deja un mensaje en su perfil de X diciendo lo consternado que está por la muerte de dos guardias civiles y mandando todo su cariño y apoyo a familiares, amigos y compañeros.
Mire, señor, esos dos guardias civiles no son entes abstractos. Tenían nombre: Germán y Jerónimo. Y por supuesto que tenían familiares, amigos y compañeros. No dudo que muchos de ellos, si le tuvieran delante, le dirían que su cariño y su apoyo llegan tarde, mal y por escrito en el medio incorrecto. Agradecer la valentía y el compromiso de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado solamente cuando se derrama su sangre, habiendo tomado decisiones inexplicables como la disolución de OCON Sur, una unidad de élite especializada en la lucha contra el narcotráfico formada por unos 150 guardias civiles y que operaba en el Campo de Gibraltar, es de un cinismo insuperable, incluso para quien dice estar consternado, pero necesita cinco días de reflexión cuando imputan a su mujer por delitos diversos, y mientras nuestros agentes se juegan la vida nos hace vídeos enseñando que la lluvia moja.
No es que quiera que nos escriba otra carta a la ciudadanía explicándonos lo muy consternado que está por todos los guardias civiles muertos en acto de servicio desde que usted está al mando de este país. Ya tenemos bastante con que tenga a bien explicarnos en vídeo que enciende incienso cada mañana antes de ponerse a trabajar. Lo que me gustaría es que no se siguiera hablando de nuestros agentes como héroes mientras se les niegan las condiciones legales, materiales y políticas para volver vivos a casa.
Porque esto es lo insoportable. El Estado les exige heroísmo, les manda a enfrentarse a clanes del narcotráfico, a embarcaciones mucho más potentes, a delincuentes que no tienen el menor reparo en huir, embestir o matar y luego les ata las manos con una mezcla de prudencia burocrática, proporcionalidad convertida en dogma y miedo institucional a que el problema sea el agente que dispara en lugar del criminal que embiste.
La factura pendiente
Es que ya no sabe una si es mejor que hable usted o que se calle y se vaya a abrazar a su ministro del Interior que, mientras Jerónimo fallecía en el hospital, se vanagloriaba de dos operaciones antidroga en el océano Atlántico con participación de fuerzas policiales de Estados Unidos, Italia, Portugal y Reino Unido. ¿Cree usted que los agentes de las fuerzas policiales norteamericanas tienen miedo de arruinar sus carreras y acabar en la cárcel si disparan? ¿Cree usted que las fuerzas policiales de esos países salen al mar asumiendo que el delincuente tiene más margen de actuación que ellos?
Entiendo que esté usted muy preocupado por todos los delitos de corrupción que le rodean y le señalan en los tribunales y que tal vez por eso ni a usted ni a Marlaska les preocupe demasiado jugar con la vida de nuestros guardias civiles, porque posiblemente no es delito. Pero espero y deseo que haya algo más allá de la ley que pase factura, porque no tengo la menor duda de que la sangre derramada de nuestros héroes mancha sus manos. Quién sabe si sus conciencias también, aunque dudo que sepan lo que es tener conciencia.
La factura la van a empezar a pagar cada vez que se pongan delante de la esposa o la viuda de un guardia civil. Eso se lo garantizo. Porque ellas saben lo que es el honor, la valentía y el coraje. Pero no han jurado respetar incluso a quien no se merece respeto. El único juramento que han hecho es amar y respetar a los hombres que ustedes les están arrebatando. Y usted, señor Sánchez, que tan enamoradísimo está de su mujer como para escribirlo en una carta explicándolo a toda la ciudadanía, debería saber lo fuerte, insensato y leal que es el amor.