Jano García-El Debate
  • Sánchez es peor que Ábalos porque mientras el otro es lo que parece, el presidente del Gobierno juega al despiste. ¿Quién es Sánchez realmente? ¿De qué vivía y cómo llegó al poder? ¿Quién ha costeado su ascenso político y le ha brindado la información necesaria para acabar con sus adversarios?

Desde que estalló el bautizado como «caso Koldo» –posteriormente vimos que en realidad es el caso «la PSOE»– las terminales mediáticas sanchistas se esforzaron por tratar de hacer pasar a Ábalos como el gran culpable. El empeño por hacer creer al personal que Sánchez y Ábalos son personas de distinto nivel llegó al punto de comparar su vestimenta, sus gustos personales y su manera de vivir.

La jugada se tuvo que repetir con Santos Cerdán, al que también se le acusó de ser un tipejo sin escrúpulos, un puterillo de poca monta y un electricista venido a más. Incluso, los más atrevidos exculpaban a Sánchez de las tramas de corrupción asegurando que, en realidad, como lo echaron a patadas del partido luego no tenía a nadie en el que refugiarse y, claro, no tuvo más remedio que optar por perfiles como el de Ábalos, Koldo y Santos Cerdán.

Esta jugada ha calado en el imaginario colectivo, pues pocos medios se han dedicado a señalar lo que realmente es Sánchez y su esposa. Sánchez es peor que Ábalos porque, mientras el otro es lo que parece, el presidente del Gobierno juega al despiste. ¿Quién es Sánchez realmente? ¿De qué vivía y cómo llegó al poder? ¿Quién ha costeado su ascenso político y le ha brindado la información necesaria para acabar con sus adversarios? Preguntas pertinentes que, algunos, no parecen querer saber.

Nadie sabe de qué vivía Sánchez. Era un jugador mediocre de baloncesto, uno de tantos. De pronto, conoció a su mujer Begoña Gómez. Y de ahí, tal y como reconoció él mismo, se fue a vivir a su casa. Ahora sabemos que esa casa estaba pagada con el dinero de su suegro que regentaba prostíbulos para homosexuales a los que, incomprensiblemente, la prensa tilda de «saunas». El marido de la contable de esos prostíbulos, quién sabe si con el dinero de los lupanares, comenzó a escalar poco a poco hasta convertirse en secretario general.

Desde su llegada hizo lo propio de un estafador que ha replicado la ciénaga de la que procede en las más altas instancias. Trató de dar un pucherazo para que no lo echaran de su propio partido. Posteriormente, como hemos sabido, robó las primarias a sus compañeros y militantes y, ahora, pretende alterar el censo electoral con la Ley de Nietos. Dicha ley, permitirá que más de dos millones de personas voten en España. No hace falta ser muy listo para saber que la PSOE se dedicará a comprar los votos de esas personas para colocarlas donde pueda quitar diputados al PP y VOX.

Y es que el yerno de un proxeneta no es mejor que Ábalos o, dicho de otro modo, Ábalos es mil veces mejor que Sánchez. Miente con más gracia y, sobre todo, no engaña al personal. Es lo que parece. Sánchez, todavía por muchos, es tratado como si fuera algo distinto a un mafioso acomplejado hortera con ínfulas de grandeza. Ábalos, por el contrario, es la mejor versión de Sánchez. Ojalá en vez de deformar nuestra demografía, destruir las instituciones y manipular el censo electoral a Pedro le hubiera dado por consumir los servicios de su suegro y cometer alguna corruptela menor. Mucho mejor nos iría con Ábalos de presidente.