Isaac Blasco-Vozpópuli
- Hasta la propia elección de la asistencia jurídica de los investigados en este escándalo de las coacas apunta a una mafia legal de pillos togados
Si algo hay peor que un periodista es un abogado. El latiguillo, manido y recurrente, cobra vigencia a la sombra del sumario de las clocas, en el que se describe un endogámico ecosistema picapleitero que induce a confundir un ramillete de leguleyos con una banda de delincuentes.
El futuro de algunos de los artífices de este apéndice corrupto del PSOE está escrito y la peor parte se la llevará Leire Díez, a quien dejarán tirada por mucha información que tenga con que amagar, o por muy tonta que pretenda hacerse. La ‘fontanera’ es ya un juguete roto entregado como combustible para seguir alimentando la tea del sanchismo, como aquellos enfermos de tisis de los que se decía que trasegaban sangre de niño para ganar un día a la muerte.
¿Pero los abogados? En diciembre del año pasado, este periódico publicó que José Aníbal Álvarez, primer letrado del exministro José Luis Ábalos, quien hoy languidece a la sombra en espera de sentencia judicial, cobraba sus honorarios de Ferraz. No lo aseguraba Vozpópuli, sino el hijo del exministro. Hoy, el ingente sumario sobre el que se sostiene la instrucción del juez Santiago Pedraz traza una red de indicios sólidos sobre la existencia de un brazo legal al servicio del PSOE. “Ándate con ojo, que esto es dinamita. Se puede poner muy liado”, refleja el sumario que advirtió el abogado a Díez cuando ambos tramaban contactar con la mujer de Víctor de Aldama para evitar que este tirara de la manta “en todas direcciones”.
Al principio, además, Álvarez, según consta en las investigaciones de la Guardia Civil, también creía que Ábalos estaba dispuesto a contar lo que sabe, que es todo. Lo que acaso desconocía es que la fidelidad del exsecretario de Organización al que fue su partido durante casi cinco décadas era mucho más sólida que la suya propia. De haberlo hecho, seguramente el expolítico valenciano estaría hoy en su casa de Valencia con una nube de cámaras apostadas frente al portal del edificio. Pero Ábalos, sobre cuyas espaldas la cloaca decidió trazar el dique de contención de la podredumbre socialista, se consume en prisión tras haber sido amenazado, en el propio despacho de Álvarez, por un Koldo García al que teledirigía Leticia de la Hoz, cuya escasa solvencia procesal quedó más que patente durante las largas jornadas del juicio de las mascarillas en la Sala Segunda del Tribunal Supremo.
El exministro encapsulado permanece en la cárcel por razones jurídicas objetivas. Si no fuera así, estaríamos en Burkina Faso y no en un Estado de Derecho. Sin embargo, hasta la propia elección de la asistencia de los investigados en este escándalo sideral apunta a una mafia legal de proporciones bíblicas, donde parece que la última prioridad era el interés de sus representados: De la Hoz ha designado al exfiscal Carlos Bautista, segundo abogado de Ábalos (este sí sabe derecho penal), que renunció a defenderlo por la incapacidad de su cliente para pagarle; Jacobo Teijelo, el más iluminado de todos ellos, ha escogido para su defensa legal a Benet Salellas. Salellas no es precisamente Perry Mason, pero sí el primer abogado de Santos Cerdán, el nexo con el ‘One’.